martes, 7 de junio de 2011

Una cubana en el cine francés



Ada Oramas (Texto y fotos tomados de CubAhora

La cubana Yahima Torres ha logrado ascender el primer peldaño de su carrera, como protagonista del largometraje La Venus negra, uno de los estrenos del XIV Festival del Cine Francés en La Habana, un filme que compitió en los festivales de Venecia, Tromso y Atenas. Y Yahima recibió, en Francia, el premio Lumiere, a la mejor actriz revelación. Una artista de pequeña gran historia que abrió ante sí las puertas de una de las cinematografías de mayor relevancia en el mundo.



¿Cómo ocurrió tu debut en el cine francés?

"Pienso que el azar y el destino se confabularon para que yo entrara en esta cinematografía que todavía me cuesta trabajo creerlo. Quizá haya sido el destino quien me puso en el camino a este director, Abdellatif Kechiche. Lo conocí, apenas acabada de llegar de Cuba en 2004 y nos vimos por vez primera en las calles de París, me dijo que ya se había fijado en mí y siempre que me veía le parecía ver una luz, como la de un flash de cámara fotográfica. Es muy observador, muy inteligente. Yo lo aprecio muchísimo, como ser humano, y por los resultados del trabajo que hicimos juntos.

"En 2008, cuando estaba buscando la actriz que protagonizaría La Venus negra. Una tarde, nos volvimos a encontrar y yo le pregunté si no se acordaba de mí cuando coincidimos cinco años antes, no había pensado en mí. Reiniciamos las relaciones, pues quería darme la oporunidad de protagonizar la película. Me entregó todos los documentos sobre la vida de Saartjie Baartman y comenzamos los preparativos para mi participación en la película, mi estudio y acercamiento al personaje, hasta asumirlo y así se produjo mi debut en el cine francés"



¿Cómo fue tu investigación personal acerca de aquella mujer, conocida como la Venus negra?

"El director me entregó muchísima información y libros también. También busqué en Internet, donde hay muchos escritos confirmados sobre su vida, pero en otros se cuentan anécdotas y hechos aun no comprobados, que no llegamos a utilizar. Para todo el montaje de las escenas y del filme en su conjunto, Kechiche se basó en lo más concreto, en lo que no planteaba ningún tipo de controversia.

"Por mi parte pensé que mientras más supiera de ella, mejor podía interiorizarla y asumir su personalidad. Leer toda su historia me ayudó muchísimo a desdoblarme, dejar de ser yo y poder abordar a Saartjie Baartman."



¿Esta realidad que vives hoy fue, en algún momento tu sueño?

"Si soy absolutamente sincera podría decirte que sí. Al principio, cuando llegué a Francia, nunca pensé que podría filmar para el cine de ese país. Pero estoy convencida que nosotros, los cubanos, somos artistas por naturaleza y nos encanta la cultura en todas sus manifestaciones. Desde chiquita, tomé lecciones de danza, bailé aquí en Cuba; en la escuela, preparábamos obras de teatro. Por eso el director me dijo que él despertó lo que estaba escondido en mi faceta de actriz.

"De este modo descubrí que el cine es un universo infinito, permite aprender todas las técnicas que abarca, todo lo que un realizador puede esperar de un artista para hacer una película. Es una profesión que me fascina y ahora es lo único que interesa para llegar a realizarme plenamente"



¿Qué ocurrió en el barrio, cuando llegaste a visitar a tu familia?

"Eso fue algo tremendo, lo mismo cuando salió la información en el periódico, que cuando me entrevistaron para la televisión, y los comentarios por el estreno de la película. Estaban contentísimos y orgullosos de mí. Mi familia está feliz, estoy emocionadísima por todo esto. Muy orgullosa que en el mundo se pueda conocer esta historia y que yo haya podido interpretar un personaje tan fuerte y tan difícil. Le entregué todo lo que tenía y me siento encantada por haber hecho un trabajo como este. Y mi barrio entero está muy contento".

Y ahora, ¿cuáles son tus proyectos?

"Asistir a castings de nuevas películas que van a rodarse en los próximos meses y una obra de teatro que protagonizaré a mi regreso a Francia."

¿Cuál es el título?

"No quiero decirlo, porque soy un poco supersticiosa. Cuando se estrene, todos se enterarán".

¿Te agradaría actuar en el cine cubano?

"Me encantaría hacer cine cubano, porque me gustan muchísimo las películas que he visto. Si no son todas, la mayoría. Y sería un lindo sueño para mí hacer un personaje como La bella del Alhambra. Me han impactado muchísimo Fresa y Chocolate, Boleto al paraíso, Clandestinos, una película que me marcó para siempre. No sé cuántas veces la he visto. Otra es Los dioses rotos, una de esas películas que pueden verse muchas veces y siempre tienen algo nuevo que aportar. Y, en este tiempo que permaneceré aquí, trataré de ponerme al día, porque lo deseo y lo necesito".

"El cine de la Isla nos pertenece a todos los cubanos, porque sus películas nos reflejan."

José Pertierra: “Mis clientes son los pobres de la Tierra”



Recuerdo aquel estrechón de manos a la salida de la Casa de las Américas. Una amiga, la escritora, investigadora y ensayista, Caridad Fernández Tamayo, nos presentó aquella tarde en la cual permanecíamos bajo el embrujo del dueto integrado por Silvio Rodríguez y Roberto Fernández Retamar. En realidad había querido entrevistar a este hombre relacionado con Cuba de la forma más intensa que pueda existir para quien vivió fuera de su tierra natal. Fueron unos segundos-siglos de aquel estrechón de manos y un diálogo informal que comenzaba a fluir sin los protocolos habituales, justo cuando llegó su compañera con la cual compartí los cinco hermosos años de licenciatura en periodismo. La despedida y un compromiso, también informal, para el reencuentro. "Estoy a su disposición", dijo con sencillez y amabilidad. Sin embargo, no llamé. La entrevista la debía realizar otra persona. Hay entrevistas que llevan su propio sortilegio. Es como si alguien tocara un instrumento y encontrará las notas perfectas. Eso ocurrió con la colega que realizó este trabajo que llevo a mi blog.

Texto: Paquita Armas Fonseca. Foto: Omara García Mederos
Tomado de La Jiribilla

Cuando el famoso caso de Elián González, el niño rescatado por un padre valiente y honesto, con 11 millones de personas apoyándolo, el Dr. José Ignacio Pertierra fue citado en una crónica por Gabriel García Márquez y afirmaba que ese reconocido abogado había sido sacado de Cuba cuando tenía 12 años, en el contexto de la triste y célebre operación Peter Pan. Otros periodistas también han publicado que el jurista habanero abandonó solo su Isla. No fue así, realmente salió con sus padres porque su mamá -Olga- huía de su suegra Herminia, tanto que no se quedaron en Miami y fueron a dar a Los Ángeles, creo que para suerte de Acho -como le decían al niño aspirante a pelotero, estudiante de Filosofía después y jurista al fin-, que se ha encargado de echar su suerte “con los pobres de la Tierra”.

A veces de niño uno juega a lo que será de grande, otras no. ¿A qué jugabas tú? ¿Dónde?

De niño, yo siempre jugaba pelota. Mañana, tarde y noche. Soñaba con jugar tercera base para los Leones del Habana. Jugaba en el terreno de la escuela de mi infancia: La Salle, de Miramar. Mi padre me llevaba al Estadio del Cerro (ahora se llama El Latino) para ver jugar a los únicos cuatro equipos que había en esa época en Cuba: Los Leones del Habana, Los Alacranes del Almendares, Los Elefantes del Cienfuegos y Los Tigres del Marianao. Me acuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que entré al estadio. La combinación de olor a maní y a cerveza, el verde vivo del césped y los colores de los equipos que jugaban ese día: el rojo rojito del Habana y el azul del Almendares. Lo menos que me cruzaba por la mente en esa época era la abogacía. Soñaba solamente con jugar tercera base y batear lineazos.

¿Tuviste una infancia feliz?

Tuve una infancia muy feliz. Vivía con mis padres -Pepe y Olga- y mi hermanita Lourdes. Íbamos muy a menudo al Náutico. Mi madre remaba y me llevaba en el bote a pasear. Eso me parecía la gloria. Siempre me ha gustado la brisa del mar, y no hay mar como el de Cuba. Jugaba todas las semanas con mis primos. Me sentía parte de un acogedor nido familiar.

Adoraba a mi tío Roberto. Él me llevaba muchos fines de semana al Vedado Tenis Club -ahora se llama Círculo Social José Antonio Echevarría- en Calzada y 12. Ahí aprendí a nadar. Mi tío me tiró en la piscina y me dijo: “Acho, nada”. En aquel entonces, me decían Acho, porque no podía pronunciar bien José Ignacio y salía, “Acho”. Todavía mis primos me dicen Acho. A veces, Roberto me llevaba de día al cabaret que él administraba -El Montmartre, en P, a una cuadra de 23 en el Vedado. Tengo los recuerdos del Montmartre que puede tener un niño de 9 años: los olores -una mezcla de aire acondicionado, perfume, ron y tabaco- y la belleza de las mujeres que veía ahí. Después de la Revolución, el Montmartre se convirtió en un restaurante: el Moscú. Ya no existe, porque se quemó en los 80.

¿Qué significó ser uno de los 14 mil niños enviados a EE.UU. solos dentro de la llamada Operación Peter Pan?

No fui un Pedro Pan. Salí de Cuba con mi familia. Mi padre había sido del Partido ortodoxo, y mi madre era un ama de casa. Había sido abogada, pero dejó la profesión cuando nací yo. Ella detestaba a la suegra. Quería vivir lo más lejos posible de Herrrrrrrrrrrrrrrminia (como siempre pronunció el nombre de la madre de mi papá). Cuando comenzó la ola migratoria, después del triunfo de la Revolución, aprovechó la oportunidad. Convenció a mi padre que había que salir de Cuba, y llegamos a Miami. Mi madre le salió huyendo a la suegra, no a la Revolución.

Pocas semanas después, mientras mi padre buscaba trabajo, mi mamá, mi hermanita y yo fuimos a una oficina de refugiados donde un funcionario del gobierno federal nos explicó que el gobierno pagaba el pasaje hacia cualquier ciudad en los Estados Unidos donde el refugiado cubano quisiera ir a vivir (ya ese programa no existe). Esto fue en 1961. Creo que Washington le tenía miedo a lo que pasaría si los emigrados cubanos se establecieran en Miami. Quizá tenía un presentimiento del desastre social y político en que convertirían a Miami -una ciudad que en ese momento era muy placentera. Recuerdo que el funcionario nos explicó que nos pagaban el boleto si nos íbamos de Miami.

Preocupada porque pronto su suegra saldría de Cuba para mudarse a Miami con nosotros, mi mamá abrió los ojos y me dijo: “perfecto -vámonos bien lejos para que Herminia no nos persiga”. El funcionario puso un enorme mapa de los Estados Unidos en el escritorio, mi madre no traía los espejuelos y no veía bien. Pero sabía que Miami estaba en la esquina derecha del mapa, miró hacia el extremo izquierdo y me preguntó el nombre de esa ciudad. Yo miré, y le dije: “Los Ángeles, mami”. Ella no titubeó. ”Dile al americano que vamos para allá”. Así fuimos a parar a California. Cuando Herminia llegó a los EE.UU. el año siguiente, decidió que Los Ángeles estaba muy lejos de sus hijas y otros nietos, y no fue a Los Ángeles. Así se deshizo mi mamá de Herrrrrrrrrrrrrrrrrrrminia.

¿Qué recuerdas de aquellos tiempos? ¿Cuánto te marcó?

Recuerdo lo lejos que estaba de Cuba. Yo había sido muy feliz en La Habana. En Los Ángeles vivíamos muy lejos de lo nuestro.

Lo bueno es que no me crié con los cubanos de Miami, sino con los chicanos de Los Ángeles. En vez de contaminarme con el odio de Jorge Más Canosa, me inspiré con la lucha de César Chávez. Marché con los trabajadores agrícolas del sindicato que formó César Chávez: el United Farm Workers. De ellos aprendí que los pobres de la Tierra son explotados por los empresarios, y que hay que cambiar el mundo para hacer justicia. Participé en el movimiento de derechos civiles en los EE.UU. y también en la oposición estudiantil a la guerra en Vietnam. En California, comenzó mi formación política -pero me sentía muy lejos de Cuba. Desterrado.

Miguel Ángel Asturias tiene un poema sobre el destierro que toca hondo. Se llama “Letanías del Desterrado”. Asturias dice:

Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tener la tierra como posada,
contemplar cielos que no son nuestros,
vivir con gente que no es la nuestra,
cantar canciones que no son nuestras,
reír con risa que no es la nuestra,
estrechar manos que no son nuestras,
llorar con llanto que no es el nuestro,
tener amores que no son nuestros,
probar comida que no es la nuestra,
rezar a dioses que no son nuestros,
oír un nombre que no es el nuestro,
pensar en cosas que no son nuestras,
usar moneda que no es la nuestra,
sentir caminos que no son nuestros…

¿Te consideras un hombre exitoso? ¿Cómo llegaste a estudiar Derecho?

Si el éxito se mide -como en los EE.UU.- por el dinero y las cosas materiales que uno puede comprar, soy un fracaso. No represento a empresas o a clientes adinerados. Mis clientes son los pobres de la Tierra. He querido echar mi suerte con ellos. Mis colegas tienen más pacotilla que yo, porque sus clientes tienen más plata que los míos. Pero he podido ayudar a las personas que considero las más necesitadas, y eso tiene un valor que no se cuantifica en dólares.

Al graduarme de la Universidad de Loyola en Los Ángeles en 1975, tuve la suerte de ganarme una beca para estudiar Filosofía gratis en la Universidad de Georgetown en Washington. Hice un posgrado ahí por cinco años. Imagínate poder estudiar en los EE.UU. -donde la educación universitaria es tan cara- a Platón, Aristóteles, Kant, Hegel, Marx, Wittgenstein, Camus y los otros gigantes de la Filosofía sin tener que pagar por los estudios. Fueron cinco años muy felices, pero me sentía muy lejos de Cuba. Saqué una maestría y me preparé para escribir la tesis del doctorado. Estaba escribiendo una tesis sobre el fundamento filosófico que utilizó Carlos Marx para criticar la censura que Prusia ejercía contra el periódico que él editaba, el Rheinishe Zeitung, en 1843. Sin embargo, no la terminé. Decidí abandonar la carrera y estudiar Derecho.

Me gustaba mucho la Filosofía y pensé que me iba a convertir en un profesor universitario, pero no quería simplemente dar clases. Centroamérica estaba en llamas. Había revolución en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Como Sofía enEl siglo de las luces, quería “hacer algo”.

La Filosofía me preparó, pero no me armó para una lucha. Para combatir dentro de esta sociedad, necesitaba algo más. Eso me lo dio el Derecho. Me gradué de abogado en 1984, e inmediatamente comencé a ejercer la profesión en Washington. Aunque me concentré principalmente en la rama de inmigración, también he hecho casos de Derecho Internacional.

Era muy amigo del ya difunto Rodrigo Asturias, hijo del escritor Miguel Ángel Asturias. Rodrigo era uno de los tres comandantes principales de la guerrilla guatemalteca (la URNG). Utilizaba el nombre Gaspar Ilom, por el protagonista de la novela de su padre -Hombres de maíz. Gaspar me pidió que lo ayudara con un caso. Me dijo que un comandante de la URNG, Efraín Bámaca Velásquez, había caído en combate el 12 de marzo de 1992. El ejército lo reportó muerto, pero meses después dos combatientes se escaparon de unas cárceles clandestinas y denunciaron que Bámaca estaba vivo y que el ejército guatemalteco lo torturaba. Bámaca había sido criado por Gaspar Ilom. Gaspar lo consideraba su hijo. Me llamó y me pidió que me encargara del caso. Resulta que Bámaca estaba casado con una estadounidense llamada Jennifer Harbury. Una mujer muy valiente quien realizó varias huelgas de hambre para lograr información sobre el paradero de su esposo.

Presentamos una demanda contra Guatemala ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Logramos descubrir que el ejército guatemalteco capturó vivo a Bámaca, que el coronel Julio Alpirez lo torturó, que la CIA le pagó $44,000 al torturador justo después que este le había dicho a la CIA de la información que le había extraído a Bámaca bajo tortura. Debido a ese caso, la CIA tuvo que retirar al jefe de estación de la embajada estadounidense en Guatemala, y el Presidente Clinton ordenó nuevas reglas para el uso de fuentes que son violadores de derechos humanos: las agencias de inteligencia estadounidenses no estaban autorizadas a usarlas sin previo permiso del propio Presidente. Esas reglas estuvieron en pie hasta después de lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en los EE.UU. La OEA falló a favor nuestro, y el gobierno guatemalteco tuvo que indemnizar a la viuda por haber torturado y asesinado a su esposo.

Para hacer casos como ese, dejé la carrera de Filosofía y me dediqué al Derecho.

¿Cómo te acercas de nuevo a Cuba?

Mi acercamiento a Cuba comienza cuando el Presidente Jimmy Carter permitió que Cuba abriera una Sección de Intereses en Washington. Una oficina que yo siempre he llamado “La Embajada”. Fue como si hubiese encontrado una ventana a La Habana, por la cual podía viajar virtualmente a mi país. A través de La Embajada, pude conocer a compañeros y compañeras que se han convertido en amigos para siempre: Ramón Sánchez Parodi y su esposa Marta, Ramón García y su esposa Lucy, Fernando Remírez de Estenoz y su esposa Patricia Semidey, Dagoberto Rodríguez y su esposa María Isabel, Jorge Bolaños y su esposa Graciela. No solamente ellos. Muchos otros más que han pasado por nuestra embajada en Washington. Por esa puerta rotativa de La Embajada entran siempre cada cierto tiempo nuevos amigos.

Posteriormente a la apertura de la Sección de Intereses en Washington, me incorporé a la Brigada Antonio Maceo. Ese viaje que hice a Cuba con la Brigada cambió mi vida. Caminé nuevamente las calles de mi infancia, y conocí a una nueva Cuba. No al país de los cabarets y los clubes privados de los años 50. A una nueva nación, independiente, soberana, gobernada por el pueblo y no por Washington. Se lo debo a Lourdes Casal, una poeta y patriota que me convenció de que dejara mis estudios y mis quehaceres en Washington por un mes entero para ir con la Brigada a Cuba.

Mis padres me llevaron de Cuba a los 9 años, y yo regresé a los 28, pero nunca me he sentido estadounidense. Quizá nunca quise ser yanqui. La identidad es también cuestión de voluntad. Hay un escritor que se autotitula “Cuban-American”, quien argumenta que el cubanoamericano es más que cubano y más que americano, porque tiene un poco de cada uno. Yo discrepo con esa teoría. Ser cubanoamericano es ser ni chicha ni limonada. Soy ciudadano estadounidense, pero no soy yanqui. No quiero serlo, porque soy diferente a ellos. El himno de los EE.UU. no me es ni fu ni fa, y la bandera de ese país tampoco me emociona. Sin embargo, se me erizan los pelos cuando escucho nuestro himno y cuando veo la estrella solitaria volando entre las brisas. Los EE.UU. tienen muchas cosas estimulantes, pero no es mi país. Siempre estoy de paso en ese país, y siempre llevo a Cuba por dentro. Cada vez que aterrizo en el aeropuerto José Martí me siento en casa.

Por eso, me toca muy hondo aquel poema de Martí en el que dice: “Dicen sabios en dolor/ Y personajes profundos/ Que el mayor mal de los mundos/ Es vivir en Nueva York.” Martí lo dice a pesar de que reconoce que Nueva York es una gran ciudad, pero sabe que no es suya. Un desterrado lleva la patria en el corazón, no importa donde uno se encuentre.

La Patria no está sostenida por un suelo, sino por un pueblo, por los seres de carne y hueso que la aman y comparten un mundo particular de sentimientos, de recuerdos, de olores, de sabores y de respeto hacia los que han de conservar y engrandecer la memoria afectiva de ese grupo humano. La Patria no es un lugar donde se está, sino donde se vive. Nunca fue más cubano el poeta Heredia que cuando le cantó al Niágara. La Patria es la gente que respira Patria.

“Ni la familia que está en los EE.UU. dice que este padre es un mal padre”, dijo el doctor Pertierra. “Lo que dicen es que no les gusta la política de Fidel Castro, pero Fidel Castro no es el padre de este hijo”. Al final de la entrevista dejó flotando un grano de pimienta en la sopa. “Lo más preocupante -dijo- es que los jueces de la Florida son electos, y devolver este niño a Cuba podría costarle la elección a un juez de Miami”, afirmó García Márquez en un análisis sobre el famoso caso Elián. ¿Cómo te vinculaste a ese hecho?

El caso Elián fue fundamentalmente un caso de inmigración. Esa es mi especialidad. Salí en un programa de la televisión estadounidense rebatiendo al tío abuelo de Elián. Yo estaba en Washington, y él en Miami. Tanto Juan Miguel como las abuelas del niño me vieron en ese programa, porque la Televisión cubana lo transmitió pocos días después. Me dijo Juan Miguel que le gustó como respondí durante ese programa. Nos conocimos e inmediatamente nos hicimos amigos. Lo considero un verdadero héroe. Un gran padre y un gran revolucionario. Tengo muchos gratos recuerdos de ese caso. Es difícil ganarle a Miami en los tribunales y en los pasillos del poder de los Estados Unidos, aunque uno tenga la razón. El caso lo ganó Juan Miguel, y los 11 millones de Cuba que se sumaron a la causa. La parentela de Miami argumentaba que el niño viviría mejor con ellos, porque tenían más dinero para comprarle pacotillas a Elián. Pero Juan Miguel le demostró al pueblo norteamericano que el amor de un padre no tiene precio -y que las calles de Cárdenas contienen más tesoros humanos que todos los centros comerciales de Miami juntos. Cuando Juan Miguel llegó a Washington, nos reunimos en la casa del embajador Remírez de Estenoz. Le pregunté lo que pensé que la Procuradora General, Janet Reno, le iba a preguntar al día siguiente: ¿dónde quiere vivir con su hijo y por qué? Juan Miguel me contestó sin titubear que quería vivir en Cuba: ”Me gusta Cuba. Me gusta Cárdenas. Trabajo en un restaurante que tiene un laguito donde hay unos paticos, y a Elián le gustan mucho”. Esa respuesta es típica de Juan Miguel. Humilde, sincera y cubana. Me invitó a caminar por las calles de Cárdenas con él y Elián -cosa que hice después que ganamos el caso. Y cuando me casé en Cuba, invité a Juan Miguel ser el padrino de la boda. Es un amigo para siempre.

El caso Posada y tu paso por El Paso es el último hecho que ha acaparado tu quehacer jurídico, ¿por qué representas a Venezuela?

Es un honor representar a la República Bolivariana de Venezuela, y aún más en el caso de la extradición de Luis Posada Carriles. La vida nos impone reglas de conducta: en la paz y (especialmente) en la guerra. Sin ellas, todo sería un caos. No se puede permitir que alguien impunemente ponga bombas en aviones civiles, en hoteles o en restaurantes. Es evidente que Posada Carriles discrepa con la Revolución Cubana y lucha contra ella. Pero lucha ilegalmente e inmoralmente. Tendría que ponerse un uniforme y combatir en el campo de honor, en vez de atacar a civiles indefensos. Las 73 personas a bordo de Cubana de Aviación 455 eran civiles y estaban desarmados. Fabio Di Celmo era un simple comerciante italiano, cuando la bomba que Posada Carriles mandó a poner en el lobby del hotel Copacabana estalló y lo mató. Eso es terrorismo. Represento a Venezuela por la memoria de los que Posada Carriles ha asesinado a sangre fría. También por la dignidad de los seres queridos de las víctimas de ese terrorismo. Es mi granito de arena en la lucha contra el terrorismo que han desatado contra Cuba y Venezuela. No hay justificación alguna ante el terrorismo. ¿Cómo es posible que EE.UU. pueda mantener a los Cinco presos y a Posada Carriles libre? Seguiré luchando para que el Presidente Obama libere a los Cinco y extradite a Posada Carriles. Es lo justo.

Luego de este nuevo dislate con Posada, ¿qué piensas del sistema jurídico norteamericano que, a pesar de su adelanto, da pie a las más absurdas y luciféricas decisiones?

El sistema jurídico estadounidense es un sistema fallido. Beneficia a los ricos, y perjudica a los pobres. La defensa de Luis Posada Carriles costó cientos de miles de dólares (quizá más), y ese fue un factor significativo que contribuyó a su absolución en El Paso. El llamado exilio histórico de Miami está forrado de plata y fue quien pagó el costo de esa defensa. Si Posada Carriles no hubiera tenido dinero para defenderse, lo hubieran declarado culpable en 48 horas. La evidencia era contundente. El jurado lo escuchó admitir ser el autor intelectual de las bombas en La Habana en 1997, pero así todo lo absolvió porque la defensa logró confundir a los integrantes del jurado.

Es un sistema que premia al teatro y milita contra la evidencia. Un cuento bien contado (aunque no sea cierto) vale más ante los tribunales de los EE.UU. que la evidencia. Un juicio penal en los EE.UU. no es una pesquisa para averiguar la verdad. Es una obra de teatro para confundir y ofuscar al jurado. Mira lo que logró O.J. Simpson en aquel célebre caso. La sangre de la esposa que degolló apareció hasta en su casa, pero se gastó millones de dólares para confundir al jurado y fue absuelto. La defensa montó un teatro tan entretenido que el juicio (televisado incluso) fue uno de los programas más vistos en la televisión de los EE.UU.

Antes de dedicarse a la poesía y a la Revolución salvadoreña, Roque Dalton estudió Derecho. Sabía lo que decía, cuando declaró:

Las leyes son para que las cumplan
los pobres.
Las leyes son hechas por los ricos
para poner un poco de orden a la explotación.
Los pobres son los únicos cumplidores de leyes
de la historia.
Cuando los pobres hagan las leyes
ya no habrá ricos.

miércoles, 20 de abril de 2011

Del odio y las sombras

“Yo quiero ser pan si eres hambre
Ser calor, si acaso tienes frío,
Yo quiero ser luz si tienes miedo
de las sombras que oscurecen los caminos”

(Rafi Escudero. Puerto Rico)


Recién acaban las sesiones del VI Congreso del Partido de los comunistas cubanos y escucho los criterios en torno a la nueva hornada de revolucionarios que asumen los cargos en el nivel central. Siento orgullo. Una vez más, el pensamiento del líder histórico de la Revolución cubana, el Comandante en Jefe, Fidel, está presente. No podía ser de otra manera. Su ejemplo ha germinado, a pesar de los miedos, el odio visceral del enemigo y las sombras de quienes acechan desde adentro.

En lo particular, recuerdo las enseñanzas de mi padre y sus advertencias: “lo único que puede destruir la Revolución, es la falta de unidad, de confianza y la zapa de quienes acechan desde adentro. El enemigo interno es peor, sobre todo cuando se abre camino camuflado entre nosotros. También evoco la tarde en que por tercera vez, en varias etapas de mi vida me preguntaba: ¿Qué eres, revolucionario o comunista?

Tenía ocho años cuando escuché, por vez primera la interrogante, le miré a los ojos. Tuve miedo responder, pero le dije: ¡Comunista! Lo había escuchado a Fidel y pensé, que entre Fidel y mi padre, los dos padres, Fidel tenía la razón. Era quien señalaba el camino. Mi padre sonrió. No entendí. Pero volvió con la pregunta cuando era un adolescente y respondí: ¿Qué eres? Y volví a ratificar lo que ya había dicho antes. Desde entonces me llamaron “el rojo” y busqué la referencia de Malcón X, con apenas catorce años. Sentí orgullo por ser comunista.

Casi enfermo, mi padre, veía a Fidel en un discurso por televisión y me preguntó por tercera vez. Fui duro en la respuesta y aún me duele, pero también sentí, por vez primera la compensación de su respuesta. “Entonces debes cuidar a Fidel, esa es tu tarea, cuidar a Fidel es cuidar la Revolución”. Sentí alivio y orgullo. Es por convicción que soy comunista. Así lo demuestro en cada acción de mi vida. Así, lo hice en octubre del 87 cuando los estudiantes de periodismo nos reunimos con Fidel en un salón del Consejo de Estado. Desde entonces no he dejado de trabajar, sin pedir nada a cambio. Realmente no son las cuestiones materiales las que me motivan. Nunca lo ha sido.

Mis artículos publicados, en este blog, y la versión que (con el mismo nombre) esta en el sitio de los periodistas cubanos, ha sido objeto de lectura, análisis y críticas contra mi persona. El clon que me define como negro juguetón socialista, en un sitio del ciberespacio, FACEBOOK; ha sido denunciado; pero no retirado. No me importa, no soy yo. Podría decir que de Cristo hablaron y es el hijo de Dios. Puedo decir que hablan del Comandante en Jefe, Fidel, del Che y de todos los hombres con los cuales no me comparo, pero sigo el ejemplo. Nada podrá empañarlos.

Termina el Congreso, escucho las opiniones. Algunos, muy pocos, hablan de los negros, de las negras, de las mujeres que ahora ocupan cargos importantes. ¿Qué importa el color de la piel? ¿Acaso el padre de la Patria no unió a negros y blancos en la lucha que se inició con su grito libertario?

No soy perfecto. Es precisamente esa una de las cuestiones que me obliga a mantenerme despierto. La lucha que se nos hace es a pensamiento. No será la primera vez que enfrento el odio desde las sombras. Por supuesto, el odio jamás podrá mantenerse bajo la luz del sol.

Una vez mas me cuestionan y atacan. Mi condición de hombre, militante comunista y revolucionario, serán mis armas para la lucha. Este blog será mi trinchera.

lunes, 18 de abril de 2011

Marcha contra la exclusión social

CTA La Plata Ensenada

Fotos: Tomadas de la Internet

La marcha, que unirá los reclamos de las organizaciones de la niñez y la de los jubilados y pensionados contra el hambre, la marginalidad, la exclusión social y la pobreza, como se definió en el último Congreso Nacional de la CTA, saldrá el próximo el 30 de mayo desde Iguazú, Misiones, y terrminará el 8 de junio en el Congreso de la Nación el día que se cumple la marcha número mil de los jubilados reclamando por el 82 por ciento móvil y, posteriormente, se movilizará hasta la Plaza de Mayo, en el marco del paro y movilización nacional donde se cortarán cien rutas de Ushuaia a La Quiaca.




“Esta consigna – prosiguió Taffetani- surgió en el año 2005 y lo que genera es que es incontestable, es poner blanco sobre negro, y porque incluye a todos los pibes que están afuera de nuestras organizaciones y que son la mayoría”. Taffetani explicó que “en Pelota de Trapo sacamos a los chicos en 6 meses de la desnutrición, entonces no entendemos cómo si nosotros podemos el Estado que tiene todos los recursos no lo hace, y por eso decimos que El Hambre es un Crimen”.

Olivia Ruiz, secretaria General de la Federación de Trabajadores Jubilados (FETRAJUB), agregó que “la vejez se construye desde la niñez, por eso esta marcha nos debe comprometer a todos, y para nosotros es muy emocionante que el conjunto de la Central hace cargo y toma el tema como propio y no como algo de los pasivos”. Taffetani dijo que con esta marcha “queremos darle fuerza a la Central que vuelve a los principios que la fundaron, y por eso es tan importante que esta marcha no sea del Movimiento sino de la CTA, de los trabajadores. Además porque llega a los dos extremos, al futuro y a la memoria de un proyecto de país”.

Del encuentro con Taffetani en la ciudad de La Plata participó Olivia Ruiz, de la Federación de Trabajadores Jubilados (FETRAJUB), de la mesa local de la CTA Emilio Marcioni, sec. de acción social; Héctor Raúl Gómez, secretario de Formación; “Marice” Fernández, secretaria de Finanzas; Rosario Hasperué, secretaria de Comunicación y Difusión; Eliana Aguirre de Juventud CTA; del Foro por los Derechos de la Niñez Maghy Panno, Dolores Fusé y María de los Ángeles Napolitano, de Justicia y Libertad Federico Pelagatti.

Durante la reunión se planteó la posibilidad de que la marcha haga su última parada en la ciudad de La Plata antes de arribar a Capital Federal, ya que la provincia de Buenos Aires es la que mantiene los índices más altos de pobreza y marginación, al tiempo que desde el gobierno provincial no se implementan de niñez, se intenta estigmatizar a los jóvenes y vaciar el Instituto de Previsión social, entre otras problemáticas. Así lo indicó el secretario General de la CTA, Pablo Michelli en la última reunión de mesa, en donde manifestó que “el paro y movilización tiene como objetivo fundamental hacer visibles a los dos sectores más vulnerables de la sociedad: nuestros pibes y nuestros viejos".



Nota: Agradecemos la colaboración de la Psicologa Social Nora Salas

sábado, 16 de abril de 2011

Mate para dos



“Permitidme que diga,
aun a riesgo de parecer ridículo,
que el verdadero revolucionario se guía por grandes sentimientos de amor”.

Ernesto Che Guevara


Raúl San Miguel

Foto: Samuel Ponce

Hace unos minutos terminé un mate con mi amigo, el poeta Ricardo Alberto Pérez. Había sido la sorpresa que durante días me había prometido compartir. Durante más de una hora recién hemos hablado de disímiles proyectos que están por nacer o en proceso de gestación. Pero sobre todo resultó una oportunidad para dar una salida a una avalancha de sentimientos que apenas me permiten conciliar el sueño desde hace unos días.

“¡Hay que operar!”, aseguró Ricardo poniendo cara de doctor y con el rictus demasiado serio en su boca.

¿¡Operar….!? Respondí como si emergiera del letargo.

¡Operar!, repitió el poeta. Y, aseguró con voz grave, su caso no tiene remedio.
¡No jod…! Estuve a punto de gritar la palabra completa, pero me contuvo la presencia de Renata, la pequeña hija que, de vez en vez, acepta ser mi sobrina, pero generalmente funciona como una estratégica jefa de despacho que impide (siquiera) llegar las llamadas telefónicas cuando su padre permanece recluido por alguna creación de entrega inmediata.

Lo cierto es que el mate que me ofreció Ricardo era tan real que me hizo sonreír al recordar a dos chicos que, ante la ausencia de estas provisiones, los reciclaban cada día al sol, tendiendo la hierba al sol y realizando pequeñas cosechas de inmediato para no olvidar el destino de ese sabor de destino y patria tan arraigado en las naciones del sur.

Hace unos minutos terminó la velada y he subido un vestigio de lo que ha sido estar rara noche, durante la cual leí el último relato que me nació y aún no le he puesto un nombre. Aunque no estaría mal: Mate para dos. Les prometo que pronto lo tendrán en mi blog.

¡Hay que operar….! Repitió Ricardo, hace unos minutos, y le vi sonreír junto a Renata. ¡operar…te del corazón, amigo, sentenció y caminé rumbo a mi casa evocando la posibilidad de encontrarla allí.




Nota: De la serie de relatos: Cuentos a deshora.

Jaruco, 10:40 pm, hora de Cuba.