sábado, 7 de marzo de 2015

“Cuida bien tus estrellas mujer…”





Felicidades este 8 de marzo de 2015 a todas las mujeres, a mi madre, María Esther, hermosa como la estrella que me regalaste en mi infancia.

Raúl San Miguel 



“(...)
Nada impide que pueda sentir
tu presencia”.
 (A María Esther)
RSM







Óleos de  Vicente Bonachea y Oswaldo Guayasamín
Poema de RSM
Canciones de Silvio Rodríguez y Alejandro Filio









Mi piel sobre el alma desnuda.

“Esperaré, con mi alma desnuda para cubrirte de besos/
atraparé un instante, un mínimo y pequeño instante,
para tejer, con mis manos, las horas de un tiempo nuevo
y no sentiré pena por los lirios marchitos,
sino por los que negaron tu espacio,
y no sentiré odio,
sino vergüenza,
y no sentiré rabia,
sino asombro,
asombro por toda aquel glamour
que se esconde, detrás de tu imagen,
en las revistas,
y niegan la verdad, en las letras raídas y las cifras mugrientas/
en los diarios.
Y no te buscaré más en las crónicas púrpuras de los periódicos,
ni en las revistas.
Sentiré dolor.
Un terrible y oscuro dolor,
por no haber tendido, a tiempo, mi mano,
Y sobre ella corresponder
A la ternura de tu entrega,
Con mi alma límpida y tibia aún,
Adormecida.
Pero…., ahora, te cantaré canciones, de cuna o de modas/
las que prefieras
Y te haré reír, con mi presencia en el último instante de los tiempos,
y arrullaré tu cuerpo, dormido
Y lo protegeré del silencio en que se esconde
Y lo mostraré al mundo,
Y gritaré, sin miedos, la verdad
Y te haré reir y llorar y reír…,
Pero si fuese necesario,
Abriría mi pecho y te devolvería
El corazón, para escucharlo de nuevo
y
con más
fuerza
porque aún,
tendré mil razones para amarte”.

RSM





Mujeres

Me estremeció la mujer
que empinaba sus hijos
hacia la estrella de aquella
otra madre mayor
y como los recogía
del polvo teñidos
para enterrarlos debajo
de su corazón.
Me estremeció la mujer
del poeta, el caudillo
siempre a la sombra y llenando
un espacio vital
me estremeció la mujer
que incendiaba los trillos
de la melena invencible
de aquel alemán.
Me estremeció la muchacha
hija de aquel feroz continente
que se marchó de su casa
para otra, de toda la gente.
Me han estremecido
un montón de mujeres
mujeres de fuego
mujeres de nieve/:
Pero lo que me ha estremecido
hasta perder casi el sentido
lo que a mí más me ha estremecido
son tus ojitos, mi hija
son tus ojitos divinos.
Pero lo que me ha estremecido
hasta perder casi el sentido
lo que a mí más me ha estremecido
son tus ojitos, mi hija
son tus ojitos divinos.
Me estremeció la mujer
que pario once hijos
en el tiempo de la harina
y un kilo de pan
y los miro escurecerse
mascando carijos
me estremeció porque era
mi abuela, además.
Me estremecieron mujeres
que la historia anoto entre laureles
y otras desconocidas gigantes
que no hay libro que las aguante.
Me han estremecido...

Silvio Rodríguez




Vienes con el Sol

Pides que diga lo que estoy pensando
el cómo del porqué y el cuándo
pero vienes con el sol
Pides que deje de beber de cerveza
que ponga juicio en mi cabeza
y luego vienes con el sol
Pides una estrella para sonreír con ella
luego pides un lucero para atarlo a tu cabello
y es que vienes siempre o casi siempre vienes... con el sol

Pides que deje en paz el noticiero
que sea mejor el cocinero
pero vienes con el sol
Pides que se suspendan los ronquidos
que se agudicen los sentidos
al cabo vienes con el sol
Pides una tregua bajo el mar a tantas leguas
que no acose a tus encantos aunque yo me siga helando
y es que vienes siempre o casi siempre vienes como el sol.

Pides una canción de amor
que te confirme que soy tuyo
pides que cuide más la voz
y que no ataque a quien se acabe el mundo.

Pides que mire todo en positivo
que se me olvide el enemigo
pero vienes con el sol
Pides la discreción y la cordura
la risa contra la amargura
al cabo vienes con el sol
Pides tantas cosas y yo sigo a manos rotas
procurando hacerme bueno para ver si así te tengo
y es que vienes siempre o casi siempre vienes con el sol.

Silvio Rodríguez y Alejandro Filio


viernes, 6 de marzo de 2015

Memoria al Sur





Raúl San Miguel

Foto de la Internet (Uruguay)

La primera vez que sorbí un trago de mate, no pude imaginar cómo mi amigo uruguayo, durante mi etapa de la Universidad de La Habana, podría haberme sugerido le acompañara en aquel ritual que sorprendió, primero, y después me dejó anonadado. No podía entender cómo alguien pudiera degustar el sabor amargo de aquella olorosa hierba. Sin embargo, pasaron los días, y cada encuentro permitía conocer un poco más sobre todo lo que puede ser el mate cuando se hace parte de la memoria genética y corre dentro de la sangre, como si fuera la primavera, provocando ese bienestar tan cercano y compartido. Aprendí a tomarlo amargo y con elllo se me hizo natural el sabor de la infusión gratificante. Por supuesto que soy cubano, nací y vivo muy distante de esas tradiciones y cultura; pero quise compartirles este texto que, mientras leía, me hizo evocar ese momento casi mágico en el que -si estás solo- puedes llegar a mirarte, por dentro, y con toda la calma respirar la posibilidad de meditar tranquilo.





Este texto lo "encontré" en el perfil de un amigo.No sé quién es el autor o la autora, pero lo agradezco muchísimo. 



EL MATE
El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed.
Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde:
'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba,
un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.

Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

jueves, 5 de marzo de 2015

Amanecer de golpe







“Cada atardecer, espero, antes del ocaso trémulo
Hierros que se funden en el salitre bajo las aguas
Elementos que se disputan el tiempo
Las olas petrificadas en la búsqueda de un recuerdo
Simple mirada en la distancia de un marinero
Espero callado, sumergido en el silencio
Allá donde las barcas dejan su estela de otros tiempos”.





Colocó despacio los cabos que sostenían la embarcación, atada al muelle. 
Había regresado temprano y esperaba que pudiera verla antes que despertara.
Ella sostenía un pensamiento, sobre sus labios, que él descubriría en un beso.
Limpia su mirada le observaría llegar en sueños.
Separó, entre sus manos, la piedra que ató a su cuello
Esperó callado, sumergido en el silencio, en los deseos.
Allá, hicieron el amor, donde las barcas dejan su estela de otros tiempos

Feliz cumpleaños





Raúl San Miguel

A Horacio Marcelo, 
por su cumple

¿Ciudades que viajan
sobre desvelos,
entre desvelos,
Dónde  podremos llegar? 
(Fragmentos de vida. RSM)


Foto: Óleo de Vicente Bonachea

Lo había olvidado casi todo y, para no pecar de absoluto, dispuso pedacitos de papel con recordatorios por toda la casa. Sin embargo, la robustez de su adulta salud difería de estas señales escritas para ayudar a la memoria que también se mostraba muy sana y dispuesta a retener hasta el mínimo detalle.
Observó a su gato dormir la siesta arrellanado junto al libro que (una hora antes) había caído del estante -y estuvo a punto de causar un pequeño desastre- cuando surcó el breve espacio para caer de pleno sobre su mesa de trabajo, justo donde había dejado el reloj, que conservaba como una reliquia familiar, dotado de aquel encaje realizado por un orfebre..., un verdadero artista, le había dicho alguna vez, el abuelo, para que tuviera una idea sobre las mágicas figuras de plata. Sobre la superficie del aparato podía leerse: “Feliz cumpleaños”. Evocó los latidos metálicos que gustaba escuchar, antes que su mecanismo se apagara definitivamente. Lo cierto es que los papeles-recordatorios funcionaban más como una especie de compañía que aportaba, además, también cierto aire de casa ocupada y, de paso, significaba un ejercicio para mantener el pulso de una caligrafía adiestrada en los años de experiencia acumulados entre papeles con notas de posibles relatos, novelas, alguna que otra frase dispuesta para un poema…, y los libros, decenas de libros que formaban parte de su vida y no alcanzarían para contarla…, supuso, sonriente. Fue, entonces, que reparó en la nota sobresaliente entre las hojas del libro recién caído. Leyó: “Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices…”  Volvió a sonreír cómplice, después de reconocer la letra de una amiga que le escribió un día de su cumpleaños. Buscó, ágil, entre los capítulos, sabía que allí estaría…y leyó: “Instrucciones para dar cuerda al reloj: Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan”*.

*Cortázar.