martes, 21 de abril de 2015

Hamel cumple 25 años






Hamel cumple 25 años



Raúl San Miguel



Fotos Samuel



Dentro de unas horas los tambores. El Callejón de Hamel, cumple un cuarto de siglo. La fiesta tiene un sentido comunitario y los vecinos desde el día anterior han sido protagonistas del ajetreo que precede la celebración.

Un joven, músico del cercano Palacio de la Rumba, ubicado en la calle San Miguel, entre Aramburo y Hospital, del municipio Centro Habana, es quien aclara: “parece mentira, pero ya son 25 años…” y lo observo con la curiosidad de quien reconoce, en el espontáneo anfitrión, que aún no ha llegado a esa edad. Y es que todos: vecinos, habaneros, cubanos dentro y allende los mares, sienten la necesaria evocación y referencia de esa arteria boulevard como uno de los proyectos culturales comunitarios más emblemáticos de La Habana, concebido por el artista Salvador González Escalona.


Desapolillando en la historia, los archivos alegan que el señor Fernando Belleau Hamel. –ciudadano norteamericano de origen franco-alemán-  adquirió esos terrenos en la barriada de Cayo Hueso, a principios del siglo XX, para un negocio de fundición de metales, donde se mezclaron africanos y chinos como jornaleros y fueron, precisamente estos ciudadanos, quienes bautizaron la callejuela con uno de los apellidos del propietario que les permitió construir sus viviendas para garantizar la cercanía de sus obreros y el plus de su rendimiento durante las arduas faenas para licuar el metal.

En este espacio, actualmente, los ritos que se representan en las celebraciones, son acompañados de los patakines dibujados y mezclados en otros pensamientos más contemporáneos de filósofos callejeros y académicos. Así puede valorarse, entre las pinturas murales y las esculturas que evocan el alma de la antigua fundición al tomar lo desechable y convertirlo en arte, funcional y servible, desde 1990.

En sus declaraciones el propio artista de la plástica y fundador del proyecto, Salvador González Escalona, reconoce que no siempre encontró oídos receptivos, pero nada detuvo este lugar donde convergen todas las culturas de las naciones africanas con su epicentro en la Nganga del Palo Monte, en cada latido del corazón del centro de La Habana.


Desde ahora el ritmo de la percusión y los cantos del panteón Yorubá, trazan el derrotero Cuba, en la finísima estela de Tribuna de la Habana, en su viaje por el ciberespacio e invita a disfrutar, a bordo, de un recorrido en las más recientes imágenes tomadas cuando el ocaso se imponía con su fino encaje de ensueños para una noche de verano, el mismo día 20 de abril: aniversario de la publicación del poemario Motivos del son, de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén. Una invitación para quienes ya asisten al cumpleaños de Hamel en el municipio Centro Habana. “Aquí el que más fino sea,/ responde, si llamo yo./ Unos dicen: Ahora mismo,/ otros dicen: Allá voy./ Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,/ convoca al negro y al blanco,/ que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos/ más de sangre que de sol,/ pues quien por fuera no es de noche,/ por dentro ya oscureció./ Aquí el que más fino sea,/ responde, si llamo yo”.



"El día que pueda encontrar
Lo soñado y lo previsto
Podré sentir que resisto
La roca que lanza el mar
Y mi pecho sin sangrar
Pleno de brisa y aliento
Llevará mi barca en tiento
contra huracanes sensibles
Sobre las aguas pasibles
Al puerto donde reciento". 
Fragmento de Décimas para Silvio Rodríguez, quien se crió en Cayo Hueso, Centro Habana.





miércoles, 15 de abril de 2015

Lluvia de otoño en abril



Había una vez, cuando conocía a muchas personas, entre ellas había una niña, hija de una amiga que vive en Israel. Estaba triste porque llovía y no podía salir a jugar. Entonces se me ocurrió hacerle este poema que ahora comparto porque trae buenos recuerdos y sana…
Un dos y una gota cayó, /Sobre la tierra, /Una seta creció. /Dos tres, /Una nube al revés /Y ahora cuento hasta cinco, /¡puedo dar un brinco! /Y no deja de llover. /Del seis al siete/Ha crecido un ramillete/De rosas hermosas y ahora las cuento: /¡son ocho! /¿Podré comerme un biscocho? /Pero mis años son nueve, /¡Ah, seguro que llueve¡ (Poema para Joshen. RSM. 15/2/11)



Raúl San Miguel

Óleo de Diego G.

Arriba los cúmulos y nimbos se escurren bajo los cirros dejando huellas de personajes mitológicos, mientras el olor a tierra húmeda se acentúa con la caída del sol. La observo y ella también lo hace, detenidamente, como si mirase sin mirar, como si los frutos de la floresta dependieran de su contemplación para exhibir la madurez del color del sol y del fuego. Mira como si sus ojos dibujaran lo que falta de esa tarde preñada de nubes a punto de copular y esparcirse sobre la ciudad. Pienso que la lluvia será absorbida por la delgada textura de los mangos que ahora cuelgan abundantes y que mañana formarán parte del botín de los pájaros, ratones e insectos, mucho antes de ser encontrados por los empleados y los visitantes. Los residentes temporales, en este lugar, no muestran su apetencia por tan exóticos manjares; más bien permanecen ajenos, expectantes desde su mundo interior, lo sé o más bien lo percibo cuando nos observan como si midieran su tiempo para decidir si regresar al nuestro, más allá de cualquier razonamiento clínico y de mi preocupación por las nubes a punto de verterse sobre nosotros; lo sé por ese olor característico que precede a la tormenta. “¿Quieres ver la piedra…?” Interrumpe ella y arregla el mechón sobre la frente. Con gesto cuidadoso, estira la bata reglamentaria que cubre su ropa de dormir. Correspondo a su delicadeza y caminamos hacia la roca. “Nunca había estado tan cerca…, en más de 20 años de conocer este lugar”, Confiesa y sonríe, mientras palpa la porosidad del oscuro pedrusco, con figura de un triturador de pedernal, y en cuya base reza un lema: roca basáltica que formó parte de las columnas del santuario del cobre y debajo la fecha: 1927.  “¿Pedimos un deseo…?”  Asentí y comenzamos a girar, en derredor de la piedra, con las manos en forma de agujas de reloj, apoyadas en el centro. “¿Pediste tu deseo…?”  Interroga y descubro la ansiedad en sus ojos ahora vírgenes por el nuevo regreso a la adolescencia. Presiono, con suavidad, los femeninos dedos y respondo: Debemos regresar..., alcancé a decir. “Eres hermoso, sabía que te iba a encontrar”, susurró, mientras colgaba su mano de mi brazo. Retornamos en cómplice silencio. Detrás el ocaso se debatía entre los grises que ocultaban los ardores inconclusos de un crepúsculo interrumpido por la llegada de una noche temprana, irreverente y oscura.

RSM