sábado, 7 de febrero de 2015

Caminos sin puentes




Raúl San Miguel

Foto tomada de la Internet


El buque Semestre en el Mar, regresó a Cuba después de años de prohibición del gobierno de Estados Unidos


“¿En qué camino crecerá la hierba
por qué hoy no vino alguien a su contienda
qué puente estará roto
por qué  una mano no se crispó otro poco?”
(S.R)



“Hoy es moda cantar desde la izquierda
Todo aquello que se puede repetir” (RSM)

Recuerdo que, en el invierno del año 1983, un yate de matrícula norteamericana y procedente del estado de la Florida se accidentó, frente a las costas del litoral norte de Pinar del Río, a unas cinco millas del puerto pesquero del poblado Dimas. Se llamaba: Blue Wind. Viajaban cuatro personas: un joven inglés (quien pagaba el recreo), dos norteamericanos (un matrimonio): ella, bióloga, cocinaba, él, expiloto de combate y veterano de Viet Nam, hacía de Capitán de la embarcación turística. El cuarto, un cubano joven, estudiante del cuarto año de ingeniería naval. Su nombre: Tomás. Sus padres, abogados, lo habían sacado de Cuba con apenas 7 u 8 años, nos explicó.
Durante más de dos horas luchamos contra un mar fuerza cuatro en una embarcación de 36 pies de eslora para llegar al cabezo rocoso en forma de uve dentro del cual estaban atrapados y a punto de ser destruidos por el empuje de la marejada hacia el arrecife de coral. No había ninguna salida posible que no fuera el envío de unidades de rescate aérea o naval. En tales condiciones atmosféricas resultaba difícil para un guardacostas estadounidense (previa comunicación a las autoridades cubanas) llegar al lugar y evitar el desastre y en consecuencia la búsqueda de los náufragos.  
Sobre la proa observé la nave (…)  Días antes había sido testigo de un macabro encuentro: un pequeño velero, al pairo, dentro del cual todo estaba destrozado (…). Encontramos la documentación. Los pasaportes de dos adultos (supongo un matrimonio) y el de un niño. Su bicicleta y zapatos estaban tirados en el camarote. No pude dormir aquella noche. Imaginaba el terrible final de aquella familia. También sentí rabia, una rabia incontenida al imaginar el destino de los tripulantes de aquel bote con pabellón norteamericano.
Cuatro horas después comenzábamos la peligrosa maniobra de auxilio y rescate. Cada vez más el estado del tiempo empeoraba. Pilotear nuestra patrullera era también un riesgo ante la imposibilidad de abordaje. El cable del timón parecía que no soportaría las tensiones. Las olas barrían la cubierta y sofocaban el escape de las toberas en la popa. También podíamos naufragar en el enorme cachumbambé provocado por las embestidas del mar.
Desde el establecimiento pesquero en Dimas, apareció una embarcación tipo Cayo Largo. La maniobra (por pura suerte y habilidades de ambas partes, pudo realizarse. El joven cubano hizo un verdadero giro de tijera con sus piernas, sostenido del mástil y atrapó el cabo que lanzamos. Luego corrió veloz a la proa e hizo el amarre. El norteamericano logró cortar los cabos que apenas los sostenían. Cruzamos por detrás del Cayo Largo y lanzamos la otra cuerda para el remolque del Blue Wind. Fueron momentos agónicos. Ver deslizarse el yate estadounidense nos hizo sentir aliviados. Seguidamente, volvieron las tensiones. ¿Cómo salir de aquel infierno?
Con un enorme esfuerzo logramos trepar sobre una gigantesca ola y colocar el viento en la popa con la proa enfilada hacia el Cabo de San Antonio. Caíamos en la tremenda pendiente. Mirábamos la columna de agua levantada a nuestras espaldas. Todo dependía de la suerte. Si la cresta de la ola estallaba sobre nosotros (…) El motor de nuestra embarcación dejó de responder. Caíamos... Fue un “silencio” largo, hasta que lo escuchamos resoplar, como cansado,  y  restablecer su pulso vital con un fuerte ronquido al final de la bajada. Ahora subíamos en el lomo de otra ola.
Vivir aquellos momentos quizás nos hizo envejecer algunos años. Delante el Blue Wind parecía una gacela detrás de su protector el Cayo Largo pesquero.
Al atardecer llegamos al puerto de Arroyos de Mantua. Nuestra embarcación mostraba el impacto de las olas. Por entonces desconocía que un metro cúbico de agua provoca la energía (de golpe) de una tonelada.
Compartimos nuestros víveres con los tripulantes del yate de recreo. Lo hicimos en silencio. Ellos trajeron algunos refrescos. Nosotros la comida caliente y pescado fresco que nos proveyeron los pescadores. Por un momento parecíamos una familia. Ellos durmieron. Nosotros cuidamos el sueño. El siguiente amanecer fue hermoso. Aún lo recuerdo y me estremezco por tanta belleza.
Conversamos, por primera vez. El veterano de guerra, reconoció con dolor y vergüenza su participación en incursiones aéreas sobre Viet Nam. Aseguró que ningún otro ejército haría lo que nosotros por salvar sus vidas en aquel temporal. Mucho menos expondría a jóvenes como nosotros, dijo. Por supuesto, era su opinión. Escuchamos en silencio.
Tomás estaba contento. Había vuelto a ver a Cuba. Considero que, más bien, había vuelto a nacer en su Patria. La bióloga sonreía. Había sido invitada a visitar una escuela rural de la comunidad pesquera, mientras era reparado el Blue Wind. El joven inglés no paraba de hacer chistes (con el sutil acento británico). Fuimos, por unas horas, una familia. El veterano de la guerra, en función de capitán del velero, dijo que nada podía decir nada de aquella aventura a su regreso a Estados Unidos. Entendimos que se trataba de contarlo a la prensa. El servicio de Guardacostas norteamericano había sido, previamente informado, de todos los detalles como corresponde en la ley marítima internacional.
Las leyes norteamericanas para bloquear a Cuba, impedían que lo hiciera sin ser sancionado. Mi participación en rescates de este tipo, se sucedieron mientras estuve en servicio. Sé que antes otros lo hicieron, que otros continúan. Hombres y mujeres que cumplen su compromiso con la Patria en el mayor anonimato. Conscientes de que en todos estos años, muchos compañeros han muerto para salvar, también, a ciudadanos norteamericanos.
Sé que hay caminos sin puentes. Lo ha demostrado la voluntad de mi pueblo para colaborar con cualquier otra nación del mundo. Siento orgullo de haberme forjado como revolucionario cubano, mientras dentro del gobierno de Estados Unidos, persisten las presiones para condicionar el establecimiento de relaciones diplomáticas que dejen intacto el bloqueo y todas las legislaciones genocidas incluidas en leyes extraterritoriales que continúan cobrando vidas de cubanos necesitados de medicamentos para la lucha contra enfermedades como el cáncer. 
Cuba no anda de pedigueña, sino de hermana, como expresó nuestro José Martí. 




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viernes, 6 de febrero de 2015

¿Qué periodismo debe hacerse en Cuba?



Coronel Orlando Villavicencio


Raúl San Miguel


Fotos tomadas de la Internet

Ilustración: Samuel



“quien hace altar de la ganancia pierde
la condición , la latitud , el puesto
y pierde amor pues la codicia muerde
jamás en yo y siempre allá en el resto
por otra parte de tener amores
es pretender parar el universo
quien lleva amor asume sus dolores
y no lo para el sol ni su reverso”. (S.R)
 


Después de la publicación más polémica de OnCuba, con respecto a la forma en que abordó el caso del colaborador, Reynaldo Villafranca, muerto en una misión de apoyo a la lucha contra el ébola, se desataron opiniones diversas que circularon en las redes sociales, aunque dejaron algunos ejemplos de los cuales ni siquiera vale la pena, por sus nombres, mencionar. En mi caso, no puedo permanecer impasible frente a quienes muestran un rostro para ganarse la simpatía de quienes apoyan a Cuba y no son consecuentes con sus palabras de solidaridad, apoyo que esgrimen (generalmente) lejos de nuestras costas, donde los problemas que le rodean en las naciones capitalistas, donde residen, apenas les llevan a reflejar pequeñas historias, sin profundizar mucho y sin buscarse problemas.  Me refiero a  esos que defienden, ahora más que nunca, hacer el "periodismo" de quinta columna que permita facilitar el trabajo a quienes realizan acciones subversivas contra nuestro país, en calidad de mercenarios, después del rídiculo y multimillonario bombardeo mediático a través de las llamadas emisoras de radio y televisión Martí, con el apoyo federal, o sea del gobierno de Estados Unidos.
Más de un cuarto de siglo en la profesión y decenas de artículos donde he defendido mis puntos de vista, más cercanos a la agenda pública que a la agenda política, avalan la posición desde la cual actúo en consecuencia y de acuerdo con los valores que defienden la identidad y soberanía de mi pueblo. Sobre todo, aquellos que constituyen un freno a cualquier resquicio que permita ridiculizar a mi país debido a las penurias económicas causadas por el genocida bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos, durante más de cinco décadas. Pero sobre todo, insisto, me declaro, antiimperialista y antianexionista y definitivamente martiano cuando se trate de la forma en que debemos enfrentar las advertencias del Apóstol con respecto a las nuevas medidas propuestas por Washington, para condicionar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con mi país.
Hace unas horas el noticiero de la Televisión Cubana, transmitía la Mesa Redonda en la cual se entrevistaba al Héroe de la República de Cuba, Coronel Orlando Cardoso Villavicencio y su modestia estremecedora fue una muestra del intelectual crecido dentro de una cárcel en Somalia, después que fuera prisionero durante la guerra en la que participaron internacionalistas cubanos.
Tuve el privilegio de verle llegar a la Facultad de Artes y Letras, cuando estudiaba el primer año de la carrera de periodismo. Todos le admirábamos y mirábamos aquel joven que venía cada día a ese edificio de la Universidad de la Habana. Después, muchos años después cada uno de sus libros demostraba el periodismo implícito que debe hacer un hombre comprometido con la verdad, la justicia y su tiempo.
La historia de otros hombres se repetiría en los Cinco Héroes antiterroristas que permanecieron prisioneros en cárceles de Estados Unidos, después de un juicio amañado que puso al descubierto todas las fisuras del sistema judicial norteamericano e incluso debilitó, con este proceso judicial, la posibilidad de restablecer la confianza en un gobierno que mantuvo su posición hostil contra Cuba y la reitera, al pretender establecer relaciones diplomáticas condicionadas.
Escribo, precisamente un día que se conmemora el nacimiento del Comandante Camilo Cienfuegos, un héroe de Cuba que supo colocar sus criterios en el lugar exacto al lado de Fidel y la Revolución. 
Escribo cuando observé los rostros de las colaboradoras, médicos cubanas, que permanecieron en Sierra Leona, desde que se anunció el primer brote de ébola. Mujeres crecidas en el cumplimiento del deber, cuando otras naciones retiraban a su personal de Salud. Verdaderas heroínas de mi Patria. De ellas apenas pude ver esos flachazos. Son ejemplos que deben ser reflejados en el periodismo. Son historias de vidas que trascienden las fronteras y se convierten en parte del legado que deben compartir los hombres y mujeres de todas las naciones del mundo, como el ejemplo para preservar la equidad y la justicia en la evolución y futuro de la especie humana.
Estoy de acuerdo con disentir. Lo he demostrado y no tenemos por qué coincidir en criterios, sería absurdo, pero sobre todo anti dialéctico, más claro: una mentira. Pero ser consecuente con la verdad no es una virtud, sino un deber y en este caso, considero que defender este tipo de “periodismo”, realmente deberían establecer una cátedra sobre qué realmente desean, pero sobre todo los invito a demostrar si es necesario hablar de un periodismo cuando se mancilla la memoria de un hombre que sacrificó su vida por ayudar a salvar miles de vidas.

colaboradores cubanos que combaten el ébola en Sierra Leona