domingo, 26 de septiembre de 2010

Escaleras al cielo



Raúl San Miguel

Si Lewis Carroll hubiese conocido el parque ecológico “Escaleras de Jaruco”, estoy seguro que su maravillosa historia de Alicia habría encontrado algún punto de referencia para ilustrar (en su libro) con un paisaje diferente y tan mágico como todos los del famoso relato. No exagero. La belleza de este lugar obliga a pensar, de un modo diferente, en nuestra interrelación con la naturaleza. Por supuesto, es solo un fragmento de un territorio de la que, próximamente, se denominará provincia Mayabeque, una porción ínfima de Cuba y, apenas, un diminuto punto entre muchísimos maravillosos lugares de todo el planeta; sin embargo, pensar de esta manera me obliga a retomar y compartir con una mirada en Cincominutos, en relación en el sitio escogido por la desaparecida artista cubano-americana Ana Mendieta para realizar su famosa pictografía en uno de los paredones rocosos de este parque.
Sobre Ana Mendieta, coloqué en elhabanerochekere, el trabajo periodístico: El misterio de las mujeres de piedra. Por ahora, especialmente para este blog, trabajaré en un reportaje del Parque Escaleras de Jaruco. Especialmente ahora que fue remozado y se observa, por doquier, la obra de importantes artistas de la plástica cubana. Les dejaré con estas sugerentes imágenes para “subir” las escaleras de la Ciudad Condal.





sábado, 18 de septiembre de 2010

Del pozo y el péndulo a la parábola de Barack Obama

(El Circo político más peligroso del mundo)

Por Raúl San Miguel

Recuerdo, mientras escribo, aquella lectura de un relato de E.A.Poe, titulado: El pozo y el péndulo (The Pit and the Pendulum) donde se describe (tangiblemente) la agonía del condenado. Considerado como uno de los relatos más espeluznantes dentro de la literatura de terror, transmite el abandono, la desorientación, el desconcierto y la desesperanza _ que demuestra, hasta cierto punto y con relación a cuestiones urgentes como: evitar la guerra nuclear en el Oriente Medio, asumir una posición de equilibrio y no de imperio (liderazgo de Estados Unidos como potencia económica y no militar en el mundo), la ruptura del bloqueo impuesto a Cuba por casi medio siglo y la liberación de los Cinco Héroes cubanos prisioneros del imperio por luchar contra el terrorismo. Así veo, amenazado por su ubicación en un pozo y pendiente el filoso péndulo, al señor presidente Barack Obama en la Oficina Oval en Washington. D.C. Explico.

Tal referencia se fundamenta a partir de la posición asumida por el nuevo mandatario estadounidense con relación al tema Cuba ( Tema, así es como lo denominan los políticos de aquel país) en los primeros meses de su asunción al poder. Por supuesto, una mirada a la histórica posición genocida, asumida por las administraciones anteriores, no dejaba mucho espacio para la originalidad, ni la autonomía en el pensamiento de un presidente norteamericano con respecto a las relaciones con Cuba.

No pretendo satirizarlo, pero evoco la imagen juvenil (pueden verla en videos de los primeros meses) del señor Obama encurvada en la espalda como si todo el peso del mundo cayera en ese lugar, incluso algunos si lo caricaturizaron como lo hacían con los negros en el Sur de la Unión, tanto en las tiras cómicas de los periódicos o las películas de los años cincuenta.

Ahora, es diferente (y le alegra) verle como si fuese un atleta escalar (demasiado rápido) hacia el Air Force Nomber One. Y, por supuesto, destapar el punto de la agenda presidencial relacionado con Cuba para recrudecer las medidas y sanciones que tomaron otros. Pero eso no basta. Mientras en todas las naciones del planeta se realizan pronunciamientos por la liberación de los Cinco Héroes cubanos, presos en cárceles norteamericanas por luchar contra el terrorismo, el señor Barack cierra la puerta. Es lógico ese comportamiento. El señor Obama prometió un cambio en la relación con América Latina y, aunque “tiene” (derechos constitucionales de un presidente) la facultad legal para otorgar el perdón presidencial no lo ha hecho.

Sobre el señor presidente norteamericano cuelga un péndulo filoso y manipulado por la ultraderecha conservadora en los círculos de poder. Su parábola para evitar el compromiso de referirse al tema Cuba no pudo mantenerse por mucho tiempo. La Oficina Oval es el pozo donde se encuentra. No dudo de su inteligencia para evadir el cerco del bloqueo establecido por la absurda política norteamericana para con sus presidentes de turno. Tampoco pienso (en mi criterio) que desee hacerlo a cambio de perder el apoyo de quienes dominan uno de los estados de la Unión: la mafia cubano-americana en la Florida. Quizá, no sea así. Pero no dudo en afirmar que, el señor Barack Obama, se encuentra en el Circo político más peligroso del mundo. Solo basta recordar, aunque está época es diferente, los sucesos de Dallas.

Existe otro gobierno conformado por los círculos del poder en los Estados Unidos, deciden la política exterior del país y permanecen en la sombra, agazapados y con sus rostros ocultos por el silencio.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Balada para mis dos abuelos

Raúl San Miguel

Fotos: Tomadas de Internet


Entre las pequeñas fortunas de las cuales dispongo se encuentra el libro: Cuba, la forja de una nación (Despunte y Epopeya), del escritor e investigador Rolando Rodríguez. Un volumen, en cuatro tomos que me ha facilitado entender algunos aspectos de la historia de nuestro país y ajustar mis puntos de vista en relación con aspectos marcados por diferentes historiadores con relación a la formación de una identidad nacional (cubana). Por supuesto, hubo obras que ejercieron una fuerte influencia en mi futura vida profesional. Me refiero específicamente a una pequeña joya de nuestro Apóstol José Martí, La edad de oro.

Inspirado en estos he escrito en este blog que se ha convertido en una especie de nave en la cual viajo por el ciberespacio sin rumbo fijo. Cada uno de mis lectores es un puerto desconocido, pero tan cercano como estas letras. Es por eso que deseo incluir el asunto relacionado con los tabúes. Considero que en Cuba, y es un tema debatido constantemente, no solo existen en relación con la raza y la definición del género, desde el punto de vista sexual; sino también en la mención de algunas cuestiones que pudieran tomarse como sacrilegio si no tenemos lecturas primarias relacionadas con todo lo que representa la universalidad de nuestra Cultura.
Hace unos días escuchaba a dos colegas en un franco debate en relación con el artículo publicado bajo el título: “Palabras sin golpes”. Lo consideraron inoportuno debido al tratamiento que ofrecí al tema de la guerra entre cubanos y españoles en el primer párrafo. Realmente me sorprendieron. En ningún momento fue mi propósito lastimar y cito:
“Prefiero que estas líneas unan voluntades y pensamientos, no corten y desgarren las carnes, ni cercenen los cuerpos, ni dejen rencores y heridas como lo hicieron nuestros próceres independentistas cuando se lanzaban dispuestos al desigual combate por la libertad de Cuba contra el ejército colonialista español. Tampoco deseo que tengan el filo de las escritas por el inolvidable intelectual y revolucionario Carlos Rafael Rodríguez. Me inspiran los hechos más recientes en la vida política de mi país, en medio de una contemporaneidad donde la existencia de la especie humana está condicionada a la voluntad de un pequeño grupo de hombres ricos que pueden decidir el estallido de una guerra nuclear como si fuesen los césares que observan al gladiador vencido sobre la arena del Coliseo”.
¿A quién ofendo? Puedo responder con el nombre de otro de mis recientes artículos: “La verdad no necesita un traje de hermosas palabras”. Por supuesto, entiendo (en el caso de mis colegas) el por qué no entienden; o por qué ven las sombras de un cuestionamiento velado, como si en realidad esgrimiera el machete mambí y (en pleno tercer milenio) retomara una carga al machete contra los fantasmas de mis abuelos. Nada más lejos de la verdad. Vivimos tiempos difíciles y sobre todo porque se precisa de emplear más los conocimientos para defenderla.
Cuando escribía: “ni dejen rencores y heridas como lo hicieron nuestros próceres independentistas cuando se lanzaban dispuestos al desigual combate por la libertad de Cuba contra el ejército colonialista español”, hacía referencia a una guerra en la cual ambos contrincantes tenían raíces comunes, más aún, no se trataba de una conflicto armado entre los negros traídos del África y los colonialistas residentes en Cuba. Se trataba de una lucha en la cual participaban descendientes directos de negros y blancos. De africanos y españoles, pero también de españoles que amaron a Cuba y pelearon contra España. Incluso, dejo claro que “se lanzaban dispuestos al desigual combate por la libertad de Cuba contra el ejército colonialista español”. Un ejército del cual el propio Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales, el Titán de Bronce, reconoció como un valeroso enemigo. También aseguró que la única forma de colocarse del lado de los españoles sería para luchar contra una posible intervención de los Estados Unidos en Cuba. Esa es una verdad histórica.
Solo, quisiera citar estos versos que corroboran el dolor de aquella contienda. Más cuando se precisa de inteligencia para entender los nuevos retos que imponen las nuevas tecnologías para la comunicación entre los hombres. Más cuando me siento identificado con mi país y su historia; pero sobre todo con la necesidad de restablecer un puente común para quienes compartimos las raíces que nos dieron la posibilidad de expresarnos en esta lengua que consideramos materna. Es por eso que regalo, a quienes no tienen tiempo para cultivarse por razones de la vida moderna, estos versos que constituyen un legado en la forja de nuestra nación y fueron escritos por el Poeta Nacional, Nicolás Guillén.

BALADA DE LOS DOS ABUELOS

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco!
Africa de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos...
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)



Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios...!
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
--¡Federico!
¡Facundo! Los dos se abrazan.
Los dos suspiran. Los dos
las fuertes cabezas alzan;
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran, cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!



martes, 14 de septiembre de 2010

Palabras sin golpes

Por Raúl San Miguel

Fotos: Tomadas de la Internet

"El acero de la espada, en la mano derecha del victimario, está cubierto por la sangre. De la siniestra del ganador pende la cabeza del vencido. Ahora tiene ambos brazos en alto, en señal de victoria. El público ovaciona enardecido, aún con los pulgares hacia abajo".
(Novela Fausto tropical. A.Galluissi y R.Samuel)

Prefiero que estas líneas unan voluntades y pensamientos, no corten y desgarren las carnes, ni cercenen los cuerpos, ni dejen rencores y heridas como lo hicieron nuestros próceres independentistas cuando se lanzaban dispuestos al desigual combate por la libertad de Cuba contra el ejército colonialista español. Tampoco deseo que tengan el filo de las escritas por el inolvidable intelectual y revolucionario Carlos Rafael Rodríguez. Me inspiran los hechos más recientes en la vida política de mi país, en medio de una contemporaneidad donde la existencia de la especie humana está condicionada a la voluntad de un pequeño grupo de hombres ricos que pueden decidir el estallido de una guerra nuclear como si fuesen los cesares que observan al gladiador vencido sobre la arena del Coliseo.
Escribo motivado por la conmemoración de los 90 años de Mario Benedetti, para quienes los cubanos reservamos un sitio especial en la memoria de nuestra Patria, a la cual se unió en los momentos primeros de la triunfante Revolución cubana.
Escribo porque está prohibido olvidar que iniciamos el año que, prácticamente, concluye con los ecos de un golpe de estado en una nación latinoamericana, impacto que sacudió (violentamente) los cimientos de las nuevas democracias populares amenazadas por una excomulgación imperial. Casi apenas o apenas nada se habla de Honduras. ¿La recuerdan? Pues seguro que no. Ya desapareció de los diarios, incluso los de circulación limitada debido a las presiones y el límite de espacio reservado para las transnacionales que ejercen los controles mediáticos en el mundo. Por supuesto, nadie. Nadie menciona las bases norteamericanas multiplicadas en esa pequeña nación que ha perdido un total de 771 niños y jóvenes asesinados de manera violenta desde el golpe de Estado de junio del 2009 hasta el primer semestre de este año.



Escribo porque es difícil permanecer callado en circunstancias que obligan a retomar, con más fuerza, el reclamo de libertad para los Cinco Héroes cubanos prisioneros en cárceles norteamericanas por evitar acciones terroristas contra Cuba, realizadas desde una plataforma operativa territorial con base en los Estados Unidos y con el apoyo logístico, financiero y armados por grupos de la mafia cubano-americana que tienen representantes en el mismísimo Congreso del gobierno estadounidense. Incluso, hace unos días, escribía para mi blog bajo el título: “Una pelea cubana contra los demonios de la desinformación”
y recordaba que: “hablar de Cuba en términos peyorativos resulta fácil. Solo tienes que escribir una docena de líneas en las cuales, más o menos bien (me refiero al estilo y la técnica empleada), describas los problemas que enfrentamos los cubanos, desde enero de 1959, hasta la fecha, y las aderezas con una pizca de mala intención (claro está) a partir de la referencia de las escaseces materiales, de medicamentos, alimentos, vivienda, transporte, dinero…, y hasta de las dificultades hasta para comprar una calabaza que podría crecer silvestre en cualquier terreno abandonado. Luego agregas dos o tres “verdades” contadas desde el lado oscuro de la conciencia: esa parte que no guarda nada de la dignidad necesaria para identificarse con la memoria histórica de nuestra nación y casi estará listo para consumir el plato o receta que podría estar a punto de convertirse en un suculento banquete. Por supuesto, me refiero a quienes esperan estos despachos de opinión con el propósito de hacerlos rebotar como si fuesen pelotas de pin pon sobre el globo terrestre. A partir de entonces, cualquier cosa podría ocurrir”.

Recordaba que “No es que discrepe en relación con la necesidad y positividad en cuanto a la diversidad de puntos de vista y argumentos en relación con cualquier tema de interés nacional y mucho menos me opongo a quienes buscan sus recursos para defenderlos. Solo advierto que el fin no siempre justifica los medios. Sin embargo, la campaña mediática contra Cuba no comenzó con el triunfo del Ejército Rebelde. Mucho antes, desde que se alzaron las primeras voces libertarias, ya se revolvían los sueños imperiales de ocupación de nuestra Patria en la vecina nación del Norte”.

Invitaba a pensar en aquel mediodía del día 1ro. de enero de 1899, “en que los habaneros observaron el movimiento de pabellones sobre la fortaleza del Castillo de los Tres Reyes del Morro. Caía la bandera española poco más de tres siglos. 387 000 cubanos habían muerto al finalizar la guerra de 1895. Ese fue el precio de cruentos años de lucha impuestos por la metrópoli. El país víctima y empobrecido también perdía las esperanzas libertarias ganadas en el fragor del combate en la manigua frente a las tropas de ocupación españolas. Minutos después subía al mástil una tela de barras rojas y estrellas sobre fondo azul: la bandera de los Estados Unidos de América”.

Decía que aquella referencia “no resulta importante”. Pura ironía y respuesta a quienes “no les hace falta recordar ¿por qué pelearon nuestros abuelos y padres, mujeres y hombres cubanos, en desigual enfrentamiento contra un ejército alimentado y apertrechado. Tampoco es necesario evocar al presbítero Félix Varela y Morales. Mucho menos hablar de un 10 de octubre de 1868. ¿Para qué mencionar un 24 de febrero de 1895?”.

Advertía que “La prensa norteamericana desplegó (desde aquella temprana fecha en el surgimiento de nuestra nación) sus cañones para informar de la “participación” del ejército estadounidense en una guerra que había ganado, a coraje limpio, un ejército de mambises. No hace falta mencionar los nombres de héroes conocidos, de los próceres de aquellas contiendas que tuvieron lumbre con las encendidas palabras de Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868”. Y, finalmente, expresaba que: “Para hablar de Cuba, y romper el silencio mediático impuesto por el gobierno de los Estados Unidos y sus transnacional de la desinformación, solo es importante emplear una pequeña fórmula mediática que resulta bien cuando se ha perdido la memoria histórica y la identidad con una nación: olvidar cómo y por qué se forjó con las vidas de muchos hombres y mujeres (oddara y no ibbaé, que es una manera de recordar a los muertos en lengua Yorubá y citar: odbara, para darle paso en nuestras vidas y no ibbaé para que sigan su camino de difuntos) construir las bases de una conciencia nacional, a partir del significado de la libertad alcanzada, precisamente, la Generación del Centenario (nacimiento de José Martí) en la epopeya final de nuestras luchas libertarias que abrieron el definitivo camino de la independencia en enero de 1959”.

Ahora, siento el privilegio de haber estar entre los primeros invitados por el cantautor Silvio Rodríguez, desde su artículo publicado en el blog personal Segunda Cita. No podía más que tenerme entre aquellos que hurgan en la memoria histórica de la Patria para no perder el rumbo. Quienes piden recrudecer el bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba _que se extiende por casi medio siglo_ laceran al pueblo cubano y condicionan, entre otros males, la falta de medicamentos que pudieran ser adquiridos para la lucha contra el cáncer; tal es el caso de los niños pacientes de hospitales oncológicos. Eso es solo un ejemplo, de quienes piden más bloqueo para los que luchamos por continuar un camino independiente y soberano para nuestra Patria. Para ellos escribo estas palabras sin golpes y las sugerentes palabras de Silvio.

INVITACIÓN



Silvio Rodríguez

Creo que la Revolución Cubana dignificó a nuestro país y a los cubanos. Y que el Gobierno Revolucionario ha sido el mejor gobierno de nuestra Historia.
Sí: antes de la Revolución La Habana estaba mucho más pintada, los baches eran raros y uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e iluminadas. Pero, ¿Quienes compraban en aquellas tiendas? ¿Quiénes podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por supuesto, los que “tenían con qué” en sus bolsillos. Los demás, a ver vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la mayoría de las familias cubanas. Por aquellas avenidas fabulosas solo se paseaban los “ciudadanos respetables”, bien considerados en primer lugar por su aspecto. Los harapientos, los mendigos, casi todos negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en alguna calle “decente” a palos los sacaban de allí.
Esto lo vi con mis propios ojos de niño de 7 u 8 años y lo estuve viendo hasta que cumplí 12, cuando triunfó la Revolución.
En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en vez de cenar, nos tomábamos un batido. En varias ocasiones pasaron marines, cayéndose de borrachos, buscando prostitutas y metiéndose con las mujeres del barrio. A un joven vecino nuestro, que salió a defender a su hermana, lo tiraron al suelo, y cuando llegó la policía ¿con quién creen que cargaron? ¿Con los abusadores? Pues no. A patadas por los fondillos se llevaron a aquel joven
universitario que, lógicamente, después se destacaba en las tánganas estudiantiles.
Ahí están las fotos de un marine meando, sentado en la cabeza de la estatua de Martí, en el Parque Central de nuestra capital. Eso era Cuba, antes del 59. Al menos así eran las calles de la Centro Habana que yo viví a diario, las del barrio de San Leopoldo, colindante con Dragones y Cayo Hueso. Ahora están destruidas, me desgarra pasar por allí porque es como ver las ruinas de mi propia infancia. Lo canto en Trovador antiguo. ¿Cómo pudimos llegar a semejante deterioro? Por muchas razones. Mucha culpa nuestra por no haber visto los •árboles, embelesados con el bosque, pero culpa también de los que quieren que regresen los marines a vejar la cabeza de Martí. Estoy de acuerdo con revertir los errores, en desterrar el autoritarismo y en construir
una democracia socialista sólida, eficiente, con un funcionamiento siempre perfectible,
que se garantice a sí misma. Me niego a renunciar a los derechos fundamentales que
la Revolución conquistó para el pueblo. Antes que nada, dignidad y soberanía, y asimismo salud, educación, cultura y una vejez honorable para todos. Quisiera no tener que enterarme de lo que pasa en mi país por la prensa de afuera, cuyos enfoques aportan no poca confusión. Quisiera que mejoraran muchas cosas que he dicho y otras que no. Pero, por encima de todo, no quiero que
regrese aquella ignominia, aquella miseria, aquella falsedad de partidos políticos que
cuando tomaban el poder le entregaban el país al mejor postor. Todo aquello sucedía al
tibio amparo de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Constitución de 1940. La experiencia prerrevolucionaria cubana y la de muchos otros países demuestra lo que importan los derechos humanos en las democracias representativas. Muchos de los que hoy atacan a la
Revolución fueron educados por ella. Profesionales emigrados, que comparan forzadamente las condiciones ideales de “la culta Europa”, con la hostigada Cuba.
Otros, más viejos, quizá• alguna vez llegaron a “ser algo” gracias a la Revolución y hoy se pavonean como ideólogos procapitalistas, estudiosos de Leyes e Historia, disfrazados de humildes obreros. Personalmente, no soporto a los “cambiacasacas” fervorosos; esos arrepentidos, con sus cursitos de marxismo y todo, que eran más papistas que el Papa y ahora son su propio reverso. No les deseo mal, a nadie se lo deseo, pero tanta inconsistencia me revuelve.
La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar
la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.
Jamás he dicho que el bloqueo tiene toda la culpa de nuestras desgracias. Pero la existencia del bloqueo no nos ha dado nunca la oportunidad de medirnos a nosotros mismos.
A mí me gustaría morir con las responsabilidades de nuestras desdichas bien claritas.
Por eso invito a todos los que aman a Cuba y desean la dignidad de los cubanos, a gritar conmigo ahora, mañana, en todas partes: ¡Abajo el bloqueo!

(Tomado del blog personal Segunda Cita)

lunes, 13 de septiembre de 2010

La verdad no necesita un traje de hermosas palabras

Raúl San Miguel

Foto: Tomada de la Internet donde aparecen los desaparecidos poetas y maestros cubanos: Jesús Orta Ruíz, el Indio Naborí, y Raúl Ferrer. Ilustración del recientemente desaparecido caricaturista cubano Tomy.

Siempre he sido del criterio que la profesión del maestro debe ser la mejor pagada del mundo. No quiero entrar en disquisiciones para defender mis argumentos. Considero que no hace falta. Tampoco necesito buscar hermosas imágenes para adornar estas líneas dedicadas las mujeres y hombres capaces de hacer despertar los sueños más increíbles y revolucionarios _en el sentido más amplio de esta, ahora, tan polémica palabra_, en las mentes de sus educandos.

Poder recordar a los maestros resulta una evocación recurrente y necesaria que aparece en los momentos más insospechados. No obstante, valorar lo que hacen estos pedagogos me obliga a una referencia imprescindible: José Martí y Pérez, educador y revolucionario cubano que trasciende como uno de los visionarios de un futuro de libertad, soberanía e independencia para los pueblos de América Latina.

A solo unos meses de cumplir medio siglo de vida pienso de qué hubiesen valido todos estos años si, en mi país, un Ejército de Rebeldes que siguieron las ideas de José Martí no lograran el ansiado triunfo de enero de 1959. No son palabras, sino hechos que trascienden en el tiempo hasta nuestros días. Por supuesto, hemos avanzado mucho, nos equivocamos también; pero no perdemos el rumbo y eso es lo importante.

Hablar de Cuba en palabras no puede ofrecernos la verdadera idea de cómo se vive en un país asediado constantemente (por un bloque real y recrudecido impuesto por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica desde el año 1962).

Más del setenta por ciento de los cubanos que vivimos en la Isla pertenecemos a las generaciones que han sobrevivido al brutal impacto de este bloqueo que se intensifica con las agresiones mediáticas, las estimulaciones a la deserción y otras indisciplinas.

También es justo reconocer que se han cometido muchas indisciplinas que conllevaron a situaciones que ahora gravitan en sectores básicos y considerados imprescindibles conquistas de la Revolución cubana. Me refiero a los sectores de la Salud y la Educación. Pero ninguna de estos errores han mellado la política del Estado cubano para garantizar, cada año, la erogación de millones de dólares en la adquisición de los recursos materiales y logísticos, así como el pago de los profesionales de estos sectores que prestan un servicio gratuito a la población.

Por eso se aplicaron nuevas medidas en el Sistema de Educación, en Cuba, para fortalecer el trabajo de los maestros. Incluso, rectificar las bases que fortalecerán el trabajo de los profesionales egresados de los diferentes centros de enseñanza politécnica media y superior.

Precisamente, el pasado mes de julio, asistí a la graduación de la Facultad de Ingenieros del Instituto Superior José Antonio Echevarría. Observé la presencia de jóvenes ingenieros que, procedentes de diferentes latitudes, hicieron uso de la palabra. Me llamó la atención, en especial, una joven uruguaya. Lamentablemente no estaba en funciones de trabajo periodístico y no puedo recordar su nombre. Pero sí, el sentido de sus palabras. No eran hermosas. Solo eran palabras que, al pronunciarlas, llevaban toda la belleza del alma en agradecimiento a los maestros.




Es por eso que aquí escribo. Tambien para compartir estos versos de un maestro y poeta, Raúl Ferrer. Se titula: Romance de la niña mala.



Un vecino del ingenio
dice que Dorita es mala,
para probarlo me cuenta
que es arisca y mal criada
y que cien veces al día
todo el batey la regaña.

Que a la hija de un colono,
le dio ayer una pedrada,
y que la del mayoral
le puso roja la cara,
quién sabe con qué razones
por nosotros ignoradas.

Que si la visten de limpio
al poco rato su bata
está rota o está sucia,
que anda siempre despeinada,
que no estudia la lección
y nunca sabe la tabla,
que el sábado y el domingo
se pierde en las guardarrayas
y recogiendo guayabas.

Y yo pregunto: “Vecino,
vecino de mala entraña,
¿quién puede decir que sea
por eso mi niña mala?
Si hubieras visto lo íntimo
de su vida y de su alma
como lo ha visto el maestro
¡Qué diferente pensara…!

Verdad que siempre está ausente,
pero si viene no falta,
entre sus manitas breves
un ramo de rosas blancas
para poner al Martí
que tengo a mitad del aula.
Con quien no tenga merienda
parte a gusto su naranja;
si cantamos al salir
se oye su voz la más alta,
su voz que es limpia y alegre
como arpegio de guitarra.

Y cuando explico aritmética
le resulta tan abstracta
que de flores y banderas
me llena toda la página.
Y prefiere en los recreos,
cuando juegan a las casas,
jugar con Luisa: la única
niña negra de mi aula.
A veces le llama Luisa
y a veces le dice: ¡Hermana!

Y cuentan los que la vieron
que en aquella tarde amarga
en que no vino el maestro
era la que más lloraba.

Cuando se premie el cariño
y lo rebelde del alma,
cuando se entienda la risa
y se le cante a la gracia,
cuando la justicia rompa
entre mi pueblo y su marcha
y el tierno botón de un niño
sea una flor en la esperanza,
habrá que poner al pecho
de mi niña una medalla
aunque el batey, malicioso,
me le dé tan mala fama,
y tú -mi pobre vecino-
no entiendas una palabra.