lunes, 10 de febrero de 2014

Golpe de mar




(Relato en concluso)
“Pero como siempre estaban solos en la isla,
y el cadáver de ojos abiertos
era lo único nuevo entre ellos y el mar”.
(La Isla a mediodía. J.Cortázar)


 La observa, distante, mientras recogen restos de un naufragio que colocan en una pequeña bolsa, fragmentos de siglos en cada piedra: cuarzos y cristales labrados por las olas. Un poco más allá, las barcas se estremecen con las voces de la brisa sobre el agua. Del otro lado, detrás del varadero, bajo el promontorio, el océano frunce su piel oscurecida en cada latido. Más arriba, los pinos semejan arcos de violines y abanican las sombras que corren hasta la roca próxima, al lugar donde temprano volcaron sus cuerpos (también embrujados) convertidos en fuego. Piensa en el destiempo, la urdimbre que le condena en una especie de laberinto, impulsado por la urgencia de reencontrar un asidero y volver de regreso, él... Permanece, atento... Sobre la arena, ella. 

(RSM febrero, 2014). 

 








Siempre me sentí atraído por el mar.  Este relato escrito para niñ@s puede que hable mucho más como enseñanza de los adultos. Lo expreso en relación con la actitud que asumimos las personas con respecto a la amistad, pero sobre todo de esa condición que nos diferencia, del resto de las especies, por ser humanos. Sin embargo, resulta una verdadera deuda con nuestra propia conciencia, por nuestro comportamiento..., pero no pretendo disertar. Hubiese querido colocar una ilustración realizada por mí, pero considero (a falta de poder escanearla) que también resulta conveniente mirar hacia el interior de nosotros (los adultos) y quizá encontremos la sugerencia más apropiada para cada cual. Espero lo disfruten.


El tesoro de los pececitos azules


“Todo niño guarda consigo una caja de sueños,

para cuando ya es adulto poder esparcirlos, en el viento,

 y contarlos” 


(Fragmentos de vida. RSM)

Había una vez dos peces azules… ¿qué tenían de extraordinario dos peces azules en un planeta, que desde el cosmos se puede ver su color azul? A ver… pregunto: ¿Qué podían tener distinto dos peces azules en un océano donde abundan peces de ese color? Ah, que sí, que eran distintos. Eran dos pececitos que juraron estar juntos en cualquiera de las circunstancias: buenas o malas y así lo prometieron un día en que el Sol se había detenido por unas horas, en lo alto del cielo para admirar las bellezas de la tierra. Sucede que, precisamente aquel día, ambos pececitos azules se habían alejado del lugar donde vivían y, sin darse cuenta, llegaron a donde el mar es un poco más profundo. Por supuesto, decidieron volver pero ya era un poco tarde y la noche comenzaba a exponerse como un enorme velo oscuro que dejaba solo lugar a una hermosa luna llena acompañada de estrellas. ¿Pues qué ocurrió? ¡Ah!, les cuento. Ambos pececitos comenzaron a buscar el camino de regreso. Sentían frío, no solo el frío del agua profunda, sino el frío que sentimos cuando estamos tristes o cuando estamos solos. Pero, como habían prometido cuidarse y defenderse, se juntaron mucho y se quedaron dormidos. Cuando despertaron ya amanecía. Estaban mucho más lejos de las costas y siquiera conocían aquellos parajes. Entonces fue que advirtieron la presencia del enorme tiburón que se acercó, despacio, como si fuera un enorme buque de guerra. Tenía los ojos grises y también la piel del color de la tormenta. El enorme escualo dio una vuelta en derredor y se acercó despacio. 

_ ¿Por qué andan en estos mares?, preguntó con un vozarrón que pulverizó de miedo a una ola. 
_ Porque estamos perdidos, respondieron, al unísono, los dos pececitos azules.
 
_ ¡¿Perdidos?! Repitió el tiburón y pensó en que se acercaba la hora del almuerzo. A fin de cuentas no era mucho bocado, como el satisfacer su voraz apetito, con aquellos pececitos, pero estaba de ayuna y le servirían, al menos, para llevar algo a sus enormes tripas. _ Si están perdidos los puedo ayudar, los llevaría de vuelta a donde están vuestras familias, dijo el tiburón pensando en la posibilidad de conocer el lugar donde habitaban estos dos pececitos y prepararse para un festín mucho mayor. Por supuesto, los pececitos conocían perfectamente del peligro que les amenazaba. En la escuela habían sido advertidos de cómo podría ser un encuentro con aquella bestia marina que podría devorar cientos de peces y repetir la cena. Así que se propusieron un plan. 
 
_ Está bien, puedes llevarnos hasta las costas. Allí en una enorme ciudad vivimos miles de peces azules, rojos, amarillos, tantos que no imaginas lo contento que se pondrán cuando vean quién nos ha salvado. 
 
El tiburón se quedó unos minutos dando vueltas, pensaba en la posibilidad de un festín inolvidable y se dijo para sí: “es mejor llevarlos que comerse solo estos dos chicos”. Así que vociferó: 

_ Pues péguense a mi cuerpo y los llevaré a la costa. Así hicieron. Muy pegados y debajo de una de las aletas dorsales del tiburón los pececitos sintieron que viajaban a tal velocidad que pronto llegaron a ver los primeros indicios de la flora submarina más próxima de la arrecifes. Cuando estuvieron bien cerca el tiburón se detuvo y gritó: _ He cumplido mi parte. Ahora me pueden decir ¿dónde está esa ciudad de miles de peces? Claro está, los pececitos azules nadaron raudos hacia las piedras más cercanas y se escurrieron entre las rocas. El tiburón engañado y molesto dio enormes saltos sobre el agua hasta provocar grandes olas y se fue vociferando maldiciones a los dos pececitos azules que le propinaron tamaño engaño. Por supuesto, todo cuento tiene una moraleja. En este caso, triunfó la unidad de los dos pececitos amigos y la inteligencia sobre la fuerza. Es por eso que no existe mayor valor que la amistad. Eso fue, precisamente, lo que da respuesta al principio de este cuento. ¿Qué tenían de extraordinario dos peces azules en un planeta, que desde el cosmos se puede ver su color azul? Pues, ustedes ya tienen la respuesta. 

RSM 7 de febrero de 2011.
 

viernes, 31 de enero de 2014

LUCIANO: Un trébol de cuatro hojas

Prometí que, en mi blog, compartiría con su tripulación de ciberargonautas un espacio de opinión. Esta carta es más que una opinión. Es un testimonio imprescindible para quienes luchamos todos los días.





“…que el dolor no me apague la rabia
que la alegría no desarme mi amor”
Mario Benedetti




Carta de la mamá Luciano Arruga a si hijo.

Por Mónica Raquel Alegre (mamá de Luciano Arruga)

En todos los Festivales que se han hecho para pedir justicia y
recordar a mi hijo he agradecido a la gente que nos acompaña. Ésta
vez quiero hablarle a Luciano.
Negro: Hoy quiero darte las gracias por haberme enseñado a luchar, por
haberme dado fortaleza, y por haber puesto en mi camino personas que
estuvieron en el momento justo e indicado para posibilitar que
lleguemos hasta acá. Vos me hiciste otra persona. Me enseñaste a no
permitir que me pisoteen y a hacer valer mis derechos. Vos con
dieciséis años y siendo mi hijo, me enseñaste a mí ,tu madre de
cuarenta y cinco , a seguir de pié, a levantar la cabeza.
A mis hijos siempre les enseñé el respeto. Les enseñé a tener sueños,
ilusiones, esperanzas.
A vos te decía: "tenés que tener principios" , y "¿que son los
principios?": me preguntabas. Y yo te respondía: que son las cosas en
las que crees en la vida, son tus valores, lo que te guiará cuando
estés grande.
Un día me dijiste :"Te acordás toda esa sanata que me dijste vos? ,
hoy sé quien soy: soy Luciano Nahuel Arruga, un pibito que vive en
una villa, estoy orgulloso de ser nieto de Martha y hermano de
Vanesa". Vos me decías que estabas orgulloso de tus raíces , de tu
esencia. Eso me marcó. Sobretodo porque careciste de muchas cosas: de
un pedazo de pan. Eso es muy fuerte para mí.
Vos negro eras muy sabio. Cuando me caigo, cierro los ojos y te
recuerdo. Me acuerdo del sacrificio que hacías por ser alguien , por
aprender un poquito más, por tener mejor aspecto.
La vida no te fue fácil, todo te costó mucho.
¿Sabes Lu? Quiero estudiar. Nunca me voy a olvidar un día, frustrado
por mi desconocimiento de algunas cosas que te parecían importantes ,
me dijiste: "Má : vos no entendés nada ,vos siempre lo mismo" "Má:
siempre igual, no sabés". Quiero que sepas que ahora mi anhelo es
crecer , es cambiar y que vos reconozcas en mí otra persona. Ya sé que
el estudio no hace mejor a nadie , pero también es cierto que es una
buena llave. Es verdad que lo que vale es la esencia de cada cual , y
yo soy ésta Mónica , la que toma mate en casa y desde hace cinco años
te espera. Pero ahora quiero que la educación me pula un poco, que
ayude a que no me pasen por arriba. Vos sabes que no pulirse en la
vida es quedarse dormido en la ignorancia. Quizás me dí cuenta tarde,
pero me dí cuenta.
En éste último año he tomado consciencia que durante mucho tiempo me
limité a esperarte.
Amo a mis otros hijos, pero mi mundo, mi casa, yo, nos vinimos abajo.
Yo estaba pero no estaba. Veía que todo se caía y que no podía hacer
nada para detenerlo.
Sabía que todo se hacía mil pedazos: la copa se caía , no podía hacer
nada para atajarla , y decía:
" es mi copa, mi copa más querida".
Ahora solo recojo y trato de juntar pedazo por pedazo. Hay que hacer
un trabajo muy fino para reconstruir esa copa rota y capaz me lleve
toda la vida. Hoy mis hijos son grandes: Mario tiene 18 y Mauro tiene
16 . Cuando Vanesa, mi otra hija me pedía a gritos y decía: "Por
favor mamá , no puedo más" , me preguntaba porque se hacía tanto
problema. Yo pensaba que vos ibas a volver. Yo te esperaba. No tomé
conciencia y dejé que mi hija se cayera. Durante dos años de mi vida
dañé sin quererlo . Yo perdí a un hijo. Ellos perdieron a su madre.
Perdieron su familia. Quizás fui egoísta en mi desesperación. Quizás
les hice daño a ellos que son lo que más quiero. Resta reparar ese
daño.
Recuerdo que una vez te dí a leer El Principito y vos me dijiste: "ese
libro que vos me diste¡¡ Me dio una bronca!! , ¡¡ No lo entendí!! Que
el pibe se quiere comer un elefante, que está enamorado de una rosa...."
Te pedí que lo leyeras de vuelta, con la ilusión y picardía de un
niño. Un mes después me dijiste: "tenías razón ma, lo leí como vos
dijiste y hasta yo me convertí en un Principito . Estoy enamorado de
la rosa..." A veces creo que no debí enseñarte a soñar y confiar en la
gente.

¿¿Cómo llamar a los que te hicieron daño?? No sé qué palabra, que
adjetivo usar. No los odio . Son personas que no merecen ni siquiera
mi odio. Si mi pena. Por ese hijo que van a abrazar, por esa madre que
van a besar , por esa mujer cuyo cuerpo tienen al lado. Esos brazos
fueron los que mataron a un niño de dieciséis años. Les tengo pena.
Que la vida me libre de que alguien tenga hacia mí un sentimiento tan
terrible como ése. Es el sentimiento más feo que un ser humano le
puede tener a otro. A una cucaracha le tengo fobia. A un gusano le
tengo asco. A los ocho policías que le hicieron daño a mi hijo les
tengo pena. Hace cinco años que aprendí que ese sentimiento es el
peor.
Hace dos años en un festival pasado, dije: " no voy a llorar más
frente a la gente, te voy a llorar todos los días de mi vida pero
sola. No me verán bajar los brazos" Los que me quisieron despedazar y
destrozaron tu vida me verán de pié. No van a tener que pelear sólo
con tu recuerdo, también conmigo. Les voy a dar pelea y si sienten un
aire en la espalda , no es el viento, soy yo que les está respirando
desde atrás.
Hoy recuerdo todo y a todo le doy un significado. Cada charla que
tuvimos, tu desaparición, la búsqueda de justicia, la lucha. Más allá
del dolor, sos un trébol de cuatro hojas . Siempre tengo la certeza
de que no estoy sola. Por vos he viajado, he aprendido , he conocido
el mar, tal como vos querías.
Te doy gracias también por haberme enseñado a no ser tan egoísta. Por
ayudarme a poner mis ojos en los semejantes. Por llevarme a tantos
lugares donde descubrí que hay muchos Lucianos, muchas Mónicas,
muchas Vanesas que a veces no llegan a tener el alcance que tuvo tu
voz.
Te voy a recordar todos los días de mi vida. Pero no me van a ver
llorar. Nadie se va a regocijar con mi dolor. Eso lo he aprendido con
el tiempo. Estoy orgullosa de ser Mónica Raquel Alegre, madre de
Luciano Nahuel Arruga . Parí un argentino y negro que no quiso robar
y estoy orgullosa de eso.








Hombre que mira al cielo.



Mientras pasa la estrella fugaz
acopio este deseo instantáneo
montones de deseos hondos y prioritarios
por ejemplo que el dolor no me apague la rabia
que la alegría no desarme mi amor
que los asesinos del pueblo se traguen
sus molares caninos e incisivos
y se muerdan juiciosamente el hígado
que los barrotes de las celdas
se vuelvan de azúcar o se curven de piedad
y mis hermanos puedan hacer de nuevo
el amor y la revolución
que cuando enfrentemos el implacable espejo
no maldigamos ni nos maldigamos
que los justos avancen
aunque estén imperfectos y heridos
que avancen porfiados como castores
solidarios como abejas
aguerridos como jaguares
y empuñen todos sus noes
para instalar la gran afirmación
que la muerte pierda su asquerosa puntualidad
que cuando el corazón se salga del pecho
pueda encontrar el camino de regreso
que la muerte pierda su asquerosa
y brutal puntualidad
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza
que el aire vuelva a ser respirable y de todos
y que vos muchachita sigas alegre y dolorida
poniendo en tus ojos el alma
y tu mano en mi mano

y nada más
porque el cielo ya está de nuevo torvo
y sin estrellas
con helicóptero y sin dios

 
Mario Benedetti.






 

jueves, 30 de enero de 2014

El escudo en la palabra: evocación necesaria



 

“Hoy mi deber era/ cantarle a la patria/
alzar la bandera
sumarme a la plaza”. SR.

La llamada telefónica al hospital militar donde se encontraba ingresado no me permitió escuchar su voz.  No obstante, la persona que transmitió el saludo, pidió que esperara unos minutos para hablarle. Poco después respondió en tono animado: “Sabe quién es usted”  y transmitió con exactitud sus palabras: “Sí, sé quién es la persona que llamó. Es un gran compañero…y mencionó su nombre”. La referencia me hizo sentir tranquilo, a pesar de que todos sabíamos del avanzado deterioro causado por la diabetes. Mascullé una palabrota. La noticia de su desaparición física me llegó, esta mañana, cuando cientos de niños coreaban consignas martianas por el natalicio 161 de nuestro José Martí. 
Retengo su imagen bajo la sombra de los naranjos del patio. Le gustaba recostar la silla a un árbol y allí jugar con mis hijos, entonces pequeños, durante algunas de sus visitas dominicales a la finca donde residí en Jaruco. Es como prefiero recordarle: sumergido en el juego de los niños, lejos de cualquier pregunta relacionada con su historia al servicio de la Patria, de las tensiones del trabajo periodístico diario, de las correcciones de mi trabajo, de sus consejos y transmisión de experiencias personales para formarme como analista de temas internacionales.
Prefiero evocarlo allí, en medio de ese privilegio que permitía compartir y formar parte de ese ambiente familiar donde me insertó como parte de sus íntimos compañeros y colegas. Nunca le pregunté nada, al bisnieto de María Baldomera Maceo y tataranieto de Mariana Grajales y Marcos Maceo. Ninguna palabra relacionada con el Ché, ni de Tania o del Comandante Piñeiro. Solo escuchaba sus consejos, prácticos, en relación con nuestro trabajo de periodistas y, en lo personal, cuestiones que contribuyeron a moldear mi carácter para asumir responsabilidades profesionales…, la gran confianza en Fidel.  “Me gusta estar aquí, donde me siento tranquilo”, decía antes de escurrirse en sus pensamientos y dormitar un poco, mientras duraba la tarde.  
http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2008-08-30/tania-la-guerrillera-y-ulises-estrada-un-amor-dificil/

Viajando al infinito






Después de su sangre, lo mejor que el hombre puede dar es una lágrima.
Alphonse de Lamartine

De nada vale ir tan al fondo de la memoria, aunque el hombre haya avanzado desde el punto de vista tecnológico y estoy consciente de que ciertas memorias puedan verse claramente y estudiarse, estrujarse, abrirse, llevarse incluso en un bolsillo; aunque, por ahora, no es posible utilizar de ese modo y manosear la que llamamos: memoria cognoscitiva o emocional. Lo sé y no me culpo por querer ir al fondo de las cosas, más bien acepto algún que otro análisis para dar una respuesta científica a lo que desconocemos, intriga o se cubre con el velo del misterio. Por ejemplo, si tuviéramos la posibilidad de viajar en la mente y desandar los rincones del recuerdo ¿a dónde iríamos?  ¿Qué impide que lo hagamos? Pues nada, obviamente. Lo sé. Solo se requiere analizar las circunstancias en que realizaremos ese “viaje”, pero sobre todo advierto tener en cuenta las situaciones que nos afectan, me refiero a los eventos ya sean agradables o no en este retorno ¿al pasado? O regreso o más simple: lo que considero volver al punto de partida de un círculo _no se me ocurre otra manera para definir la línea de la vida que nos conduce desde lo finito: el universo en el cual un espermatozoide fecunda a un óvulo (ambos portadores de un mundo genético en el cual la memoria de otras vidas está presente) y lo infinito: el lugar donde, mirado desde un punto aéreo, el círculo se cierra.


Mi padre, Alfredo, citaba un patakín de la cultura yorubá para ilustrar algunos momentos o reiterar consejos. "Cuando no sepas a dónde vas, mirá de dónde vienes", pero, agrego: "cuando te encuentres solo, no temas a la oscuridad, cerciórate que puedes mirar desde adentro" (RSM).  

Gracias a ti y a María Esther.

La guagua         

"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿por qué no el corazón?."
Che

Frente a nosotros el viejo Skoda parecía una muchacha quinceañera. Su carrocería pintada de un azul reluciente le daba nuevos bríos a la aerodinámica de sus líneas onduladas y  acentuaban los detalles característicos para esta marca de ómnibus y que fuera concebida por los fabricantes checos de la etapa socialista. “Suba, mire el corazón de esta joven”, dijo con orgullo el mecánico que la recuperó cuando estaba a punto de ser embarcada con destino a la fundición. Levantó el capó interior, en la cabina del chofer, y miré dentro: había un motor ¿…? , el innovador comprendió mi ignorancia en tales asuntos y con presteza agregó: “es un motor ruso, ruso no soviético (sonrió para enfatizar la edad del equipo y la grandeza de haber combinado ambos) con el nombre Gaz-68, grabado en el metal. “No podía dejar que se perdiera, también lo encontré tirado en el miedo. Si me dieran un chance, con todo lo que se bota allí podría hacer maravillas”. El administrador reforzó sus palabras con un gesto de aprobación, como si fuese él quien había logrado restaurar el equipo que ahora sería considerado la niña de los ojos de su colectivo. Para eso habían convocado a la prensa y comprado lo necesario en función del motivito que seguiría después: un brindis en el que podríamos compartir los tamales hechos por Rebeca, la cocinera, quien trajo de su casa algunos adornos para el nuevo transporte, las botellas de vino y de ron encargadas al Sindicato, la ensalada preparada por Luisa, la económica, quien hacía mejor que nadie las croquetas y todo lo que se mezclara con embutido; eso sí, debían garantizarle los recursos “porque la cosa está que arde y no puedo gastar más que la energía para la cocción de los alimentos, además de la elaboración en mi casa, ¿no es así…?”, diría ella y se alisaría los cabellos pintados de un rojo caoba que variaría, invariablemente, en la próxima semana  por otro, quizá verde o amarillo naranja con vetas azules.  “Claro, Rebeca, nosotros sabemos de su esfuerzo compañera —apuntaría el del Sindicato— y lo tenemos en cuenta para que pueda contar con nuestro apoyo en la Asamblea de los trabajadores”.  “Por supuesto —aclaró el administrador— nosotros hicimos la solicitud a la empresa para que nos hiciera la facturación y cotización de las gomas para la guagua. En el objeto social de nosotros no hay posibilidades de utilizar el dinero libremente convertible que aportamos. Estas erogaciones nos llegan en el  material de oficina, que nos compra y suministra la empresa. Lo de nosotros es garantizar la limpieza de las calles del pueblo y mantener la higiene comunitaria, con mucho esfuerzo”.  “Eso es verdad, apuntó el del Sindicato, no resulta fácil carretonear durante la madrugada para dejar las calles limpias. A veces ni los animales, empleados en el tiro,  tienen fuerzas para despertarse; sin embargo, hombre y animal son capaces de cumplir la tarea asignada con dignidad y hasta cierta cuota de coraje. Sí, coraje, porque ambos apenas duermen pendientes el uno del otro: el caballo de que lo asesine un matarife, el dueño de perder su herramienta de trabajo, al compañero y hasta cierto punto al amigo”.  Lo dice muy serio, nadie hizo un mohín de burla o incomprensión. Es un asunto muy serio, no dormir, estar pendientes el uno del otro. “Es por eso que celebramos el rescate de esta guagua que ahora podrá ser empleada en función de los trabajadores” —agregó el administrador. “Tendremos la oportunidad de poder ofrecer una atención a nuestros compañeros y sus familiares. Incluimos la posibilidad de obtener algunos ingresos en los viajes de recreo al campismo, la playa e incluso al hospital de la ciudad. De esta manera el ómnibus sería rentable y pagaríamos las roturas, los ponches de los neumáticos y otros gastos de mantenimientos y accesorios. También resultaría una forma de contar con un medio de transporte que nos garantice cierta autonomía a la dirección cuando tengamos que asistir a una reunión en el municipio”, dijo con orgullo el del Sindicato. “Ya hemos recibido la felicitación de los compañeros de la oficina de innovadores y racionalizadores, también del órgano del gobierno local y de otros dirigentes de la empresa”, enfatizó el administrador. “Pero nos faltan las gomas, la asignación del combustible y todo el papeleo que debemos realizar para sacar la patente, el permiso de circulación y un montón de cosas…” habló el innovador. Todos miraron hacia donde me encontraba. “Es por eso que hemos convocado a la prensa, tenemos el interés de que se hable de esta noticia, con titulares donde se informe de la recuperación de una guagua cuando el país, no el país, el mundo enfrenta una de las crisis más agudas de la historia, cuando más asediados estamos y amenazados hasta con invadirnos…”, reiteró el administrador. “¿Qué opina usted, periodista?”, dijo el del Sindicato, justo cuando la económica me alcanzaba un recipiente plástico (también recuperado) con un pedacito de tamal, ensalada fría y dulces. 

Raúl San Miguel
 octubre de 2011 

Nota:



“Ánimo mi amor, yo seré tu brazo izquierdo
Entonces la fina mano de la derrota atenazó los corazones de los Espadachines de Varnis: dos, tres, cuatro más entre ellos mezclaron su sangre con el rojo polvo del patio, mientras Tharn y su princesa guerrera hacían volar sus implacables hojas perfectamente al unísono. Parecía que nada ya podría evitar que lograsen conquistar el misterioso secreto del Vapor del Oriente… pero no habían contado con la felonía de uno de los espadachines que restaban. Saltando hacia atrás para apartarse del conflicto, abatió disgustado al suelo su espada.
¡Cuerno, al demonio con esto! _gruñó; y, desenfundando una pistola protónica mandó al infierno a Lehni-tal_Loanis y a su Señor de la Guerra con un ardiente rayo de energía”.

Clive Jakson, Los espadachines de Varnis.
 




martes, 28 de enero de 2014

Legado eterno: aniversario 161 de José Martí



Carta de José Martí a Manuel Mercado
 
Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895

Señor. Manuel Mercado.



Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin. Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos, —como ese de Vd. , y mío,— más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino, que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal q. los desprecia, —les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos. Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas;— y mi honda es la de David. Ahora mismo; pocos días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, q. me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yankee o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante, —la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,— la masa inteligente y creadora de blancos y negros. Y de más me habla el corresponsal del Herald; Eugenio Bryson: —de un sindicato yankee,— que no será, —con garantía de las Aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles pª q. quede asidero a los del Norte,— incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra del gobierno. Y de más me habló Bryson, —aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la revolución,— el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español, —y la incapacidad de España pª allegar, en Cuba o afuera, los recursos contra la guerra q. en la vez anterior sólo sacó de Cuba:— Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender este q. sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los E. Unidos a rendir la Isla a los cubanos: —Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro, y de lo q. en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, pª cdo. el actual presidente desaparezca, a la presidencia de México. Por acá, yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana. —Y México—¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará, —o yo se lo hallaré. Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quien la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pº estas cosas son siempre obra de la relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle, —alzamos gente a nuestro paso; siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas q. antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana, —la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas: y las cosas de hombres, hombres con quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tenga yo por garantía o servicio de la revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. —Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.
Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce, y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece. Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto q. le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es este y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día¡[…]
Hay efectos de tan delicada honestidad.