lunes, 4 de octubre de 2010

El perfume de los helechos

Raúl San Miguel

La naturaleza siempre sorprende. Esta vez, casi muero de ignorancia, cuando mi hija Laura me preguntó el por qué no se hacía un perfume de los helechos. La interrogante fue seguida de la comprobación al mostrarme la fragancia dulce de esta planta que la había seducido con su olor una mañana después de la lluvia. Por supuesto, me acerqué, esa tarde, al lugar donde crecen estos arbustos en medio del exuberante jardín de mi hija, pero no sentí el aroma dulzón de aquellas. “Mira _me reveló vigilante_, ocurre solo al llegar a la adultez”. Y esta vez la duda se disipó en una hermosa sonrisa.



No sé si en algún momento alguien repare en la posibilidad de hacer una esencia cosmética de este arbusto que escoge lugares húmedos para vivir. Estoy satisfecho del mundo mágico que se ha creado Laura y en el cual la sensibilidad hacia todo lo vivo la sustrae de los egoísmos característicos de una época en la cual la especie humana está más cerca de la bestia.
No es que sea perfecta esta joven a la cual mostré, cuando apenas rebasaba los seis meses de edad, la delicada sensación que produce el pétalo de las rosas; aunque también encontró (poco después y por sí sola) la punzante espina de sus tallos. De esta forma creció alejada de la ciudad y descubriendo nuevas vidas en sus “expediciones” hacia el lugar donde crecían los frutales para cosechar los azahares de los naranjos y las margaritas que colocaba, en forma de coronas, sobre las cabezas de otros niños.
Ahora es una joven, atraída por las artes plásticas y la literatura. Me alegra saberlo. Sobre todas las cosas, le debía una crónica. Quizá no tan hermosa como ella, pero sí tan sencilla como las flores de su jardín y, salvando las distancias, me recuerda (no se lo he dicho) a Doña Dulce María Loynaz del Castillo, la poetisa que escribió y vivió intensamente un mundo interior que se expandía constantemente como el universo. La propia naturaleza de Laura se abre y su perfume es capaz de hacerme evocar gratos recuerdos.

sábado, 2 de octubre de 2010

La otra mirada de Francisco

Por RAÚL SAN MIGUEL

Foto: Cortesía del entrevistado

Tiene una peculiar forma de desandar las calles de Jaruco. Nada, por conocido, escapa de sus ojos. Actúa como si toda la vida dependiera de atrapar los detalles que otros no podemos ver. Así es Francisco Martínez Chao, un hombre de la radio, siempre anda en busca de algo nuevo que aprender y espanta la costumbre para no dejarse vencer por la rutina.
Su hablar es pausado y permite materializar el pensamiento martiano de que la lengua es jinete del pensamiento y no su caballo. Prefiere escuchar, aunque en las charlas (con los más allegados) suele mostrarse menos reflexivo que de costumbre y hace posible una conversación agradable, interesante y provechosa, aún en los más disímiles temas relacionados con la cultura, la política y la sociedad cubana de hoy.
“Nací en Santa Cruz del Norte y viví una buena parte de la infancia en la Playa de Rotilla. Mi padre trabajaba en un bar y, en nuestra casa, mi madre siempre ponía Radio Reloj. Yo tenía apenas dos o tres meses. Puede ser algo inusitado pero quizá ese sonido de la radio se convirtió en la maruga que me acompañaba.”
Afirma, con picardía, que tal vez, el compás de la singular radioemisora quedó guardado, de alguna manera, en el subconsciente y abonó los sentidos para que germinase la semilla del periodista.
“A principios de la década del setenta se hace el primer curso para escritores de radio y televisión. Fue una medida del gobierno revolucionario para formar los profesionales que debían ocupar los espacios dejados por escritores y periodistas que se habían emigrado a los Estados Unidos.
“Tenía 16 años. Recuerdo que, a través del correo, recibí una serie de preguntas que debíamos responder los aspirantes. Me aceptan. En un estudio cerca de la calle 23, conocimos a nuestros profesores: La Doctora Graciela Pogolotti, Oscar Luis López, Gerardo Fernández, entre otros escritores y dramaturgos de gran valía por su contribución al desarrollo de la cultura cubana.
“Terminado el curso me alisto en el servicio militar y, de inmediato, formo parte de un grupo de teatro en las FAR. En el año 1976, entro en el recién creado Departamento Informativo de Radio Jaruco hasta la actualidad.”



Por un momento se escurre dentro de su memoria. Advierte que la pregunta hurga en sus recuerdos.
“Realmente la radio ha sido una escuela en mi formación como periodista. Lo hacíamos todo: búsqueda de informaciones, edición, guiones, realización…, la locución. No obstante, como es lógico, me sentí más cómodo al incursionar en los géneros como la crónica, la entrevista y el reportaje que, finalmente, me llevaron al radiodocumental. Este último está en cimientos, en mi criterio muy personal. Sin embargo, es donde me puedo expresar mejor.”
Según reconoce Francisco, “el periodismo es una profesión muy difícil y donde hay que tener talento, de lo contrario fracasas, no solo en el periodismo…, en todo. Pero, en mi caso, te diría que el maestro fue Néstor Santamarina, quien fuera hasta hace unos años, subdirector de información de la radio cubana. En una ocasión me dice: estás abusando de los incidentales y eso es fatal en radio. Desde entonces, cuido de no excederme. Actualmente, Santamarina, está jubilado, pero aún es una pauta en varias generaciones de profesionales de la radio que nos dedicamos al periodismo.”
Jamás le ha gustado realizar sus trabajos en busca de un premio. No obstante, a partir de la década de los ochenta se comienza una estela de reconocimientos que se extiende por más de un centenar de eventos en los cuales ha sido galardonado.
“Al principio participaba y obtenía, estos reconocimientos, en los concursos de la CTC (Primero de Mayo) y Juan Manuel Márquez, que ahora es el 26 de Julio. En el año noventa obtengo el primer premio en un Festival de la Radio cubana. Participé con radiodocumental: Juanito el guitarrero. Desde entonces, empezaron a caer premios, más de 100 hasta la actualidad; pero ese Juanito el guitarrero, me dio quizá la madurez de una etapa en la cual ya dominaba las técnicas y la dramaturgia del periodismo radial.
“Por ejemplo, durante la dictadura de Pinochet, en Chile, pude acceder a un grupo de la resistencia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Tuve el apoyo de amigos, del país austral, que estaban en Cuba. Los entrevistamos casi clandestinamente. Recuerdo que en ese grupo estaba Gladys Marín, quien fuera (posteriormente) secretaria del Partido Comunista de Chile.
“El documental se nombraba: Cuando florezcan las alamedas. Se radió clandestinamente en la Patria de Salvador Allende, en una emisora del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. También se puso en Radio Habana Cuba.”
La realización de este documental le llevó a incursionar en otro donde se cuestionaba la extrema situación creada por el capitalismo salvaje en el planeta.
“Ocurrió a propósito de un evento relacionado con la Deuda Externa. Logré entrevistar a varios de los participantes extranjeros. De inmediato construí una historia. Uno de sus fragmentos, recuerdo, se contaba a través del sonido de una Quena (instrumento musical andino) que mezclé con el llanto de un niño. Seguidamente, en la voz de una locutora, decía: ellos no pueden pagar. Esto provocó una favorable repercusión entre los entendidos, miembros de un jurado de un festival de la radio cubana. En lo particular me llenó de satisfacción. Obtuve una de las menciones.
“No obstante, evoco con gratitud los seis reconocimientos alcanzados en concursos 26 de Julio, sobre todo porque fueron en los difíciles géneros del radiodocumental y la crónica. Guardo, otro estímulo preciado: un Premio Caracol, en dirección, con el tema de los desmochadores de palmas. Es cierto que la temática campesina ha logrado atraparme. El campesino tiene un atractivo muy especial, sobre todo cuando se le escucha en la radio y se le ve contar sus historias en la televisión.
“Este 2009, cogí el Primer Premio del concurso 26 de Julio con El Rey de la cobija, un campesino que realiza las cubiertas de los casas típicas de nuestros campos. Incluso ofrece una explicación didáctica y metodológica de cómo se realiza ese trabajo con los recursos extraídos de las palmas. Me hace una historia. Mi personaje se llama José Delgado, pero le dicen Cheo el mío, en la zona de Jaruco y el Perú. Lo describo sentado como un Quijote sobre el caballete. En otro momento digo que está escapado de las páginas de un relato de Onelio Jorge Cardoso. Cuenta, este hombre, que cayó dormido de una palma. Su historia es real, pero algunos no le creen.”
Solicita subrayar que todavía algunos colegas confunden radiodocumental con un programa especial. “No es así. Se precisa describir casi en un lenguaje cinematográfico pero en sonidos, descubrir el yo interior de los personajes. Me siento satisfecho de lograrlo después de mis 34 años en el periodismo radial.”
La misión internacionalista en Angola resultó otra etapa de aprendizaje.
_¿Cómo miraste desde el periodismo lo que ocurría en aquel lado del mundo?
_ Aunque ya era periodista, no fui en esas funciones. A veces me chocaba no tener una cámara para registrar eventos que ocurrían ante mis ojos, imágenes que aportaban una visión documental de lo sucedido en aquellas tierras. Por ejemplo, el Estado Mayor (en Luanda) estaba rodeado de quimbos y los niños se acercaban a pedirte pan. Niños con una depauperación marcada en sus rostros, una flaccidez casi endémica (la voz parece quebrar y humedece el cristal verdeazul de sus ojos), te chocaba aquello…”
Se toma un intervalo, un breve instante de sus recuerdos y continúa:
“Había un personaje en el aeropuerto de Luanda. Le llamaban Kakumba, era un enfermo mental que andaba con una camisa de las FAPLA, short y una metralleta de palo. Le gustaba mantenerse cerca de los cubanos, decía que cuando nos marcháramos vendría, con nosotros a la Isla... La miseria y los grandes contrastes del África son increíbles. Quizá un día pueda retomar lo que describí en una pequeña crónica acerca de Kakumba.”
Reitera que sus historias surgen de la gente, del pueblo, “ellos son los que cuentan porque protagonizan estas fabulosas vivencias. A veces, algunos colegas y no los critico, prefieren hacerlo con una gran personalidad. Por supuesto, saben la ventaja (cuando piensan en llevar el testimonio a concurso) que trasciende por la responsabilidad e historia pública del entrevistado. Puede ser un Presidente, un historiador de alto vuelo, un dirigente, un científico relevante; pero olvidan que en el pueblo te encuentras personas entre las cuales nuestro periodismo debe hurgar.
“Hay historias por contar, por ejemplo existen (en nuestro país) los ermitaños, por increíble que parezca, es cierto. Conozco un personaje así. Le llaman el Jibarito, aquí en Jaruco. Es un hombre que conoce el monte y cada uno de sus palos y arbustos como la palma de su mano. Voy a entrevistarlo.
“¿Cómo llegar?, No puedes llegar hasta un guajiro que labora en el campo, vestido de cuello y corbata. Debes ir de forma apropiada y luego escribir con el corazón, de lo contrario no sale aunque lo hagas técnicamente bien.”
A pesar de su profunda experiencia profesional “nadie, nunca, me invitó a dar clases. El día que ocurra no será una pedagogía académica. Me gustaría dar conferencias a mis colegas sobre cómo llegar a estos personajes. No existe una fórmula para ser buen periodista, porque el talento no se puede enseñar en una universidad, pero sí la técnica. Los colegas con cierto arraigo pudieran contribuir en la formación de los nuevos compañeros que se insertan en nuestros medios de prensa.
“No resisto los vanidosos. La gente que se gradúa y pretende mostrarse como maestros en el oficio. Les sugiero a los más jóvenes que no comentan ese error. Respeto a los demás.
_ ¿Has pensado en la literatura?
_ Cuando joven escribía poesía, pero también me gustaría incursionar en la narrativa. Desearía emplear la técnica de las crónicas periodísticas. Pienso en un libro sobre Natilla Jiménez. Tengo en mente algo así. No la historia del pelotero o el gran lanzador que fue. Es posible que alguien ya lo esté preparando. No te digo que no tenga en cuenta las estadísticas de sus records, pero existen facetas que no conocen de este atleta que me enorgullece porque es mi coterráneo de Santa Cruz del Norte.
“Tengo muchas anécdotas, sobre Natilla, de gente que lo conocieron y pueden decirme cómo era detrás del traje de pelotero. Muchas no son ciertas. Le atribuyen cosas que no protagonizó. Otras son muy contundentes. Por ejemplo en una novena en Jaruco, formada por nueve hermanos, le piden que les picheara. Ya por entonces era una figura del deporte. No solo con el equipo de Hershey, sino del Nacional. La justa sería al estilo de la pelota de manigua. Natilla acepta, picheó arrodillado y les ganó nueve a cero. El libro estaría por ahí.”
_ ¿Llevarías algunas de estas historias fuera del guión de radio?
_ Hay algunas propuestas de la dirección de los telecentros de la provincia. En cierto modo me siento cómodo con esa posibilidad. La técnica televisiva no es nueva para mí. Hace algunos años realicé dos materiales históricos relacionados uno con la toma de Jaruco _por las tropas del General Antonio Maceo_ y otro por encargo de la dirección municipal del Partido de Santa Cruz del Norte.
“Este último, en relación con la historia de la localidad que se inicia con las secuencia de la piratería (participaban actores aficionados del municipio vestidos de piratas para recrear la presencia de Francis Drake, el famoso inglés) en esa zona del nordeste habanero. El docudrama abordaba la actualidad del territorio. Teníamos el apoyo del departamento de audiovisuales del ISCAH, Universidad Fructuoso Rodríguez.
_ ¿Experiencias en tu cambio al Periodismo digital?
_ A veces es increíble. Crees que no te leen, escuchan o te ven. En el ciberespacio mis trabajos han navegado con suerte. Me escriben de todas partes del mundo, algunos son ponzoñosos.
“En una ocasión, publiqué una información relacionada con la preparación de nuestra provincia para el curso escolar. Recibí un correo de un cubano residente en Chile, que trabaja como profesor en una universidad de ese país. Me dice que todo eso era mentira, que él tenía a su hija en la universidad de Camagüey, creo que era Nuevitas y explica que el sistema educacional era un desastre, que si la tiranía de Castro.
“De inmediato busco referencias de este profesor en Internet y aparece que el doctor fulano de tal (no menciona el nombre) es un hombre de cuarenta y tantos años, más joven que yo, formado por la Revolución y obtuvo el título de doctor en la Universidad Agraria de la Habana (antiguo ISCAH). Fotocopié los documentos que existen en el ISCAH, le adjunté el expediente y se los envié una nota muy simple. “Gracias a ese viejo tirano del que hablas te graduaste de doctor y sin pagar un centavo”. Nunca me respondió.
“Mi estilo de trabajo, en el tema internacional, es un poco irónico, satírico al marcar a personajes como el señor ex presidente George W.Bush. Recuerdo que un bloc de Italia retomó uno de mis trabajos y colocó caricaturas (de Bush) que estaban fuertes, pero se ajustaban a las características guerreristas de aquel personaje.”
_ ¿Entonces prefieres el periodismo digital?
_ En cierto modo cambia el soporte y la técnica. Es cierto que los hipertextos permiten ofrecer más información en la Internet. Soy del criterio de que otros medios no van a desaparecer. Por ejemplo, me gusta el placer de leer un libro, sentir el papel, el olor del tiempo en sus páginas. Si es un periódico me ocurre igual. No hay nada como ese aroma de la impresión que siempre despierta y causa una sensación muy particular entre los periodistas.
_ ¿Insatisfacciones?
_ No tengo insatisfacciones.
Después de viejo, en el periodismo ha incursionado en la fotografía y el tesoro más grande que asegura tener es una serie de fotos realizadas al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, durante el acto por el aniversario 25 del campismo en una de las bases del Litoral Norte de La Habana, en el municipio Santa Cruz del Norte en la carretera que conduce de la capital a Varadero, provincia de Matanzas.
_ Las guardo con mucho amor.

martes, 28 de septiembre de 2010

Contigo en la distancia (el fragmento vivido del libro que no escribí)

Raúl San Miguel

En la avenida los autos dejan una estela atomizada de polvo y lluvia. Daniel observa desde la ventana. Lo hace con la intensidad del que busca un rostro conocido entre los transeúntes, pero sabe que no encontrará la respuesta esperada entre los que apuran el paso, en zigzag, sobre los charcos de agua que inundan las aceras. La intempestiva lluvia parecía entorpecerlo todo y no tendría tiempo para observar a Mara cuando llegara hasta al parque de El Quijote.
_ ¿Puedo sentarme?, dijo el hombre vestido impecable, cuidadosamente perfumado y con la sonrisa dibujada en el rostro que parecía acabado de afeitar.
Daniel, sorprendido, asintió con un gesto breve. El hombre tomó asiento y adquirió una pose meditativa que sólo duró unos minutos. Después rompió el silencio. Decía algo acerca del concierto ocurrido la noche anterior. Parecía que toda La Habana murmuraba a la vez acerca del espectáculo que reunió, escandalosamente, a trovadores y músicos de orquestas populares en la Plaza de la Revolución donde se mezclaron gente con el pelo largo, de blue jeans apretados, gastados y sucios con aquellos de lenguaje duro, en el argot popular, negros, mulatos y blancos provenientes de los barrios llamados marginales de toda la ciudad y que aplaudieron, con gusto, tanto a los intérpretes de la canción política como a los que hicieron mover sus cuerpos bajo el influjo de los vientres y caderas femeninos exasperados por el seductor ritmo, sumergidos en el derroche contagioso de la Timba cubana.
_ ¿Esperas a una amiga?, preguntó el desconocido.
_Sí, respondí sin marcado énfasis.
_Entonces…, interrumpo. No tengas pena muchacho puedo irme a otra mesa.
_No, está bien así. Quizá ella no venga… ¡Con esta lluvia…!
_No creas, las mujeres son impredecibles, pero son muy ajustadas a sus propósitos. ¿Te pareció bueno el concierto, digo me refiero a la convergencia de trovadores y orquestas populares?
_No estuvo mal, respondió Daniel.



(Fragmento de la novela Días de noviembre que dediqué a César Portillo de la Luz)

Recuerdo perfectamente aquella tarde. Hacía unos pocos días había perdido a mi padre. Tomaba un chácara (escarcha de té diluido en ron) en el club de los periodistas, ubicado en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Realmente me sentía devastado cuando llegó César y pidió un lugar para compartir la mesa. Puedo describirlo como un filósofo, un intelectual dotado de la virtud del magisterio, un cubano que resume los rasgos más autóctonos de nuestra identidad nacional.
De aquel encuentro tuve el privilegio de recibir su apoyo y la condición de hijo adoptivo que acepté sin saber quién era hasta que, en el momento de la despedida, escribió su nombre teléfono y dirección en mi agenda de bolsillo.
Pasaron unos días y vino a verme, a la Facultad de Periodismo, un joven que decía ser mi hermano. No entraré en detalles, pero se trataba de Jorge Petinaud, un excelente periodista que fue enviado por Portillo para que me conociera. También se lo agradezco a Portillo de la Luz.

Poco tiempo después el Peti, me propuso escribir un libro testimonial relacionado con el maestro César Portillo de la Luz. No me creí en condiciones de hacerle la solicitud de las entrevistas que, estoy seguro, César hubiese aceptado. Sin embargo, con el tiempo la idea tamborileó en cada nuevo proyecto literario que asumía, hasta que se materializó en un fragmento de la novela Días de noviembre. Mi primer libro terminado (en vías de realización por una casa productora de radionovelas en Cuba). No obstante, confieso, ahora que me siento en mejores condiciones de asumir un reto literario mayor, que no podría escribirse la historia de César Portillo de la Luz, sin vivirla. Solo puede escribirla ese gran hombre que, por suerte, sigue entre nosotros en momentos difíciles y en los cuales se habla de identidad e independencia. De César Portillo de la Luz, aún conservo estas palabras dichas aquella tarde de mediados de los ochenta.

Atravesamos momentos difíciles, de confrontaciones de ideas, que no son atribuibles de manera exclusiva a conflictos generacionales, ni de preferencias por la música. Para mí, dijo, el concierto (se refiere al concierto en la Plaza de la Revolución) fue una brillante idea, una manera de enviar un mensaje claro a quienes pretenden crear divergencias entre los artistas de nuestro país. Lo importante es confiar en las ideas que defendieron nuestros próceres en la Manigua, a golpe de machete…, lo importante es creer en la firmeza de nuestros principios y de la Revolución, eso también forma nuestra identidad nacional y Cultura. De lo contrario, te vas a pique como toda aquella gente que no cree en los que vivimos en esta Isla, que no entiende por qué los cubanos podemos mantenernos unidos con independencia de los credos y las razas.

Este último párrafo, integro, recoge la esencia de algunas de sus ideas expuestas por César y que recogí, en mi agenda, mientras le escuchaba. Supe del dolor del esclavo negro, de la mezcla de razas que conformarían nuestra nacionalidad y de los héroes de antes y después. Es un legado que guardo para no perder el camino. Gracias, Portillo, por tu Luz.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Escaleras al cielo



Raúl San Miguel

Si Lewis Carroll hubiese conocido el parque ecológico “Escaleras de Jaruco”, estoy seguro que su maravillosa historia de Alicia habría encontrado algún punto de referencia para ilustrar (en su libro) con un paisaje diferente y tan mágico como todos los del famoso relato. No exagero. La belleza de este lugar obliga a pensar, de un modo diferente, en nuestra interrelación con la naturaleza. Por supuesto, es solo un fragmento de un territorio de la que, próximamente, se denominará provincia Mayabeque, una porción ínfima de Cuba y, apenas, un diminuto punto entre muchísimos maravillosos lugares de todo el planeta; sin embargo, pensar de esta manera me obliga a retomar y compartir con una mirada en Cincominutos, en relación en el sitio escogido por la desaparecida artista cubano-americana Ana Mendieta para realizar su famosa pictografía en uno de los paredones rocosos de este parque.
Sobre Ana Mendieta, coloqué en elhabanerochekere, el trabajo periodístico: El misterio de las mujeres de piedra. Por ahora, especialmente para este blog, trabajaré en un reportaje del Parque Escaleras de Jaruco. Especialmente ahora que fue remozado y se observa, por doquier, la obra de importantes artistas de la plástica cubana. Les dejaré con estas sugerentes imágenes para “subir” las escaleras de la Ciudad Condal.





sábado, 18 de septiembre de 2010

Del pozo y el péndulo a la parábola de Barack Obama

(El Circo político más peligroso del mundo)

Por Raúl San Miguel

Recuerdo, mientras escribo, aquella lectura de un relato de E.A.Poe, titulado: El pozo y el péndulo (The Pit and the Pendulum) donde se describe (tangiblemente) la agonía del condenado. Considerado como uno de los relatos más espeluznantes dentro de la literatura de terror, transmite el abandono, la desorientación, el desconcierto y la desesperanza _ que demuestra, hasta cierto punto y con relación a cuestiones urgentes como: evitar la guerra nuclear en el Oriente Medio, asumir una posición de equilibrio y no de imperio (liderazgo de Estados Unidos como potencia económica y no militar en el mundo), la ruptura del bloqueo impuesto a Cuba por casi medio siglo y la liberación de los Cinco Héroes cubanos prisioneros del imperio por luchar contra el terrorismo. Así veo, amenazado por su ubicación en un pozo y pendiente el filoso péndulo, al señor presidente Barack Obama en la Oficina Oval en Washington. D.C. Explico.

Tal referencia se fundamenta a partir de la posición asumida por el nuevo mandatario estadounidense con relación al tema Cuba ( Tema, así es como lo denominan los políticos de aquel país) en los primeros meses de su asunción al poder. Por supuesto, una mirada a la histórica posición genocida, asumida por las administraciones anteriores, no dejaba mucho espacio para la originalidad, ni la autonomía en el pensamiento de un presidente norteamericano con respecto a las relaciones con Cuba.

No pretendo satirizarlo, pero evoco la imagen juvenil (pueden verla en videos de los primeros meses) del señor Obama encurvada en la espalda como si todo el peso del mundo cayera en ese lugar, incluso algunos si lo caricaturizaron como lo hacían con los negros en el Sur de la Unión, tanto en las tiras cómicas de los periódicos o las películas de los años cincuenta.

Ahora, es diferente (y le alegra) verle como si fuese un atleta escalar (demasiado rápido) hacia el Air Force Nomber One. Y, por supuesto, destapar el punto de la agenda presidencial relacionado con Cuba para recrudecer las medidas y sanciones que tomaron otros. Pero eso no basta. Mientras en todas las naciones del planeta se realizan pronunciamientos por la liberación de los Cinco Héroes cubanos, presos en cárceles norteamericanas por luchar contra el terrorismo, el señor Barack cierra la puerta. Es lógico ese comportamiento. El señor Obama prometió un cambio en la relación con América Latina y, aunque “tiene” (derechos constitucionales de un presidente) la facultad legal para otorgar el perdón presidencial no lo ha hecho.

Sobre el señor presidente norteamericano cuelga un péndulo filoso y manipulado por la ultraderecha conservadora en los círculos de poder. Su parábola para evitar el compromiso de referirse al tema Cuba no pudo mantenerse por mucho tiempo. La Oficina Oval es el pozo donde se encuentra. No dudo de su inteligencia para evadir el cerco del bloqueo establecido por la absurda política norteamericana para con sus presidentes de turno. Tampoco pienso (en mi criterio) que desee hacerlo a cambio de perder el apoyo de quienes dominan uno de los estados de la Unión: la mafia cubano-americana en la Florida. Quizá, no sea así. Pero no dudo en afirmar que, el señor Barack Obama, se encuentra en el Circo político más peligroso del mundo. Solo basta recordar, aunque está época es diferente, los sucesos de Dallas.

Existe otro gobierno conformado por los círculos del poder en los Estados Unidos, deciden la política exterior del país y permanecen en la sombra, agazapados y con sus rostros ocultos por el silencio.