martes, 4 de noviembre de 2014

Palabras sin aliento





 
Las palabras que me confirmaron tu muerte carecían de sentido. Traté de retener un momento de los tantos que compartimos entre risas, aliento y trabajo, de las tantas veces que recibí el apoyo de tus fotografías para salvar un espacio durante la edición impresa del, también desaparecido, bisemanario el habanero, para detener la terrible verdad que golpea hasta hacer sangrar la memoria.




lunes, 27 de octubre de 2014

La edad de la ira: el infinito significado de un ejemplo (Tercera parte)





 Tuve la suerte de recibir las clases del profesor Juan Marrero, desde el primer año de la carrera en la Facultad de Periodismo. Nunca deja de sorprenderme, nunca dejo de aprender de sus artículos. Este que comparto en mi blog, es un ejemplo.
RSM

Malala

 
Causa regocijo la noticia de que la joven paquistaní Malala Yousafzai donó los 50 mil dólares del Premio de los Niños del Mundo para la reconstrucción de una escuela destruida por la reciente bárbara agresión militar contra la población palestina de Gaza. Si bien el monto monetario del premio no significa casi nada ante las destrucciones y daños ocasionados a decenas o centenares de escuelas durante los 80 días de ataques israelíes, no puede dejarse de reconocer el gesto de esta adolescente, cuyo nombre en los últimos años ha estado en cintillos de muchos periódicos y emisoras de radio y sitios digitales, y su rostro en las pantallas de la televisión.
Anteriormente, en este mismo año, Malala recibió el Premio Nobel de la Paz, compartido con el activista indio Kailash Satyarthi, de 60 años de edad, también un luchador en favor de los niños y niñas en el mundo, en particular por sus denuncias y combates contra el trabajo esclavo a que son sometidos en muchos países. De tal manera, Malala, con solo 17 años de edad, se convirtió en la más joven receptora de ese galardón, en todas sus categorías, desde su creación en 1901. Un periodista escribió entonces que el Premio Nobel rejuveneció con ella.
Malala alcanzó ambos premios en un mismo año. Nelson Mandela, ese gigante de África, luchador contra el apartheid y la independencia de Sudáfrica, también fue acreedor de los dos, pero con doce años de diferencia. Otros premios la han acompañado como la Medalla de la Libertad, que concede una institución norteamericana, y el Premio Internacional por la Igualdad y la No Discriminación, que concede México, ambos entregados en el 2013. En total, desde el 2011 hasta el presente ha recibido 14 premios internacionales.
¿Quién es Malala? ¿Cómo ha sido posible que en tan corta vida haya acumulado méritos para ser tan premiada? Eso, incluso, ha provocado no pocas suspicacias y se han lanzado acusaciones de que se ha convertido en  servidora de determinados intereses del mundo capitalista, o de que puede haber sido manipulada. Otros criterios, sin embargo, no comparten tales versiones.
Malala llegó a la fama mundial en octubre de 2012 cuando logró sobrevivir a un intento de asesinato realizado por los talibanes en el valle de Swat, su lugar natal. La acusaron de socavar los principios del Islam. Le dispararon a la cabeza y la hirieron, pero logró sobrevivir y recuperarse en un hospital de Inglaterra. Como consecuencia de tal atentado, hubo que implantarle una placa de titanio en su cabeza y un dispositivo auditivo. Desde entonces, reside en ese país europeo, donde ha cursado los estudios de preuniversitario.
Muchas cosas se descubrieron sobre Malala a raíz de ese atentado. Que cuando tenía solo 11 años de edad comenzó a escribir un blog en una edición en la lengua urdu de la BBC, en el cual expresaba puntos de vista contrarios a las acciones y amenazas de los talibanes en Swat, en particular en lo referido a las prohibiciones de que las niñas asistieran a las escuelas. Malala denunció al mundo tal abusiva situación, y lo hizo bajo el seudónimo Gui Makal.
También se ha hablado de la influencia que debió ejercer su familia en la formación de su pensamiento social y humanista. Una publicación digital marxista (www.marxist.com) citó un artículo que vio la luz en uno de los principales periódicos en inglés de Pakistán, suscrito por Javed Naqui, un conocido periodista de la India, donde se expresa que el padre de Malala  es un sobresaliente poeta, maestro y activista social y que un tío suyo, Faiz Mahammad, ha abrazado la causa del socialismo y ha luchado por unir a la juventud y al pueblo trabajador de Swat. Se dice también que ella asistió a la Escuela Nacional de Juventud Marxista de Paquistán en julio de 2012, pocos meses antes del atentado de los talibanes. Hay una foto en que aparece Malala frente a un cartel de Lenin y Trostky, lo que debe indicar, según el periodista Naqui, que “estuvo próxima a algunos de los grupos más preparados ideológicamente de Swat”.
Las causas que defiende Malala son justas. En sus escritos y pronunciamientos públicos hay un pensamiento claro. Lucha porque no haya niña o niño sin escuelas, en fin por el derecho a que todos aprendan y se eduquen. Opina que “la educación es la mejor arma para luchar contra la pobreza, la ignorancia y el terrorismo”. Se ha expresado contra la inversión de sumas millonarias para la producción de armas. Si queremos sintetizar su pensamiento bastaría con decir: Lucha por los sueños de Justicia social y paz en el mundo.
Su gesto hacia los niños palestinos de Gaza es admirable, y al donar el monto del Premio de los Niños del Mundo dijo: “Todos debemos trabajar para asegurarnos que los niños y las niñas de Palestina, y todos los niños del mundo, reciban una enseñanza de calidad en un entorno seguro, porque sin enseñanza, nunca habrá paz”. Anteriormente, había dicho: “El lápiz es más poderoso que la espada”.
Antes, había estado en Nigeria para solidarizarse con las más de 200 estudiantes que fueron secuestradas por el grupo islamista terrorista Boko Haram.
No siente odio ni desea vengarse de los talibanes que la trataron de matar. En un discurso en la ONU dijo: “…ni siquiera siento odio hacia el talibán que me disparó. Incluso si hubiera una pistola en mi mano y estuviera delante de mí, no le dispararía… Dispararon sobre mi cuerpo, pero no podrán disparar contra mis sueños”.
Por todo ello tiene ya muchos admiradores en el mundo. Existe una Fundación Malala, cuyos objetivos y actividades se reflejan en un blog en la red de redes. En Sao Paulo, Brasil, se ha creado un boletín denominado Malala por un grupo de trabajos de investigación universitaria sobre el Oriente medio y el mundo musulmán.








Gracias por este ejemplo, Malala. 

 

Beberse el sol

“Me sorprende ver cómo los que exigen
no pueden resolver lo que de otros, 
esperan.”
RSM.



Había probado un sorbo de luz y descubrió que la oscuridad en derredor había dejado de ser absoluta en el término perpetuo de la palabra. Entonces miró, por primera vez sus manos y comprendió que podría utilizarlas para construir lo necesario y lo útil en el camino descrito por sus pies. Fue, entonces, que dio el primer paso en busca de un fragmento mayor del fulgor y caminó despacio hasta que pudo ver sus plantas. Comprobó que eran fuertes y marchó, más seguro, con el propósito de atrapar la claridad enorme que despuntaba detrás de la montaña. El trayecto se hacía visible en la medida que el resplandor coronaba el borde rocoso en un centelleo fascinante. Abrió sus brazos hasta donde pudo y consiguió ver su cuerpo irradiado y sintió el calor, dentro de sí, como el río deshelado. Corrió con más fuerza, maravillado por el astro que subía al firmamento y mostraba un entorno vivo, indescriptible, lleno de luminosidad. Continúo en la dirección del naciente y comprendió que la estrella cruzaba en sentido opuesto, sobre su cabeza, detrás de su espalda y… se detuvo, meditó y volvió sobre sus pasos hasta encontrarse con el mar, extenso y desconocido. También vio cómo el poniente expedía ese fulgor misterioso que precede la oscuridad. Se tumbó sobre la arena y soñó un largo y desconocido sueño. Y soñó que podría beberse toda la luz de ese sol, entre los millones que irradiaban en el firmamento.

RSM.

viernes, 24 de octubre de 2014

La mitad de la luna



“Del otro lado aun estás
y entre las sombras envuelves
recuerdos que lloverás” RSM.


Había creído que con un salto podía alcanzarla. Solo debía estirar la mano y bajarla despacito para luego mirarla de cerca. No entendió por qué resultaba difícil. Parecía que jamás podría llegar hasta la luna plena y se conformaba con esperar a crecer un poco más… y, de seguro, tomarla. Le preocupaba solo una cuestión: ¿Qué ocurriría cuando la gente se diera cuenta que no salía la luna? La interrogante lo persiguió en sus fantasías, mientras buscaba un lugar para ocultarla sin que el brillo de la prisionera le descubriera culpable de las noches oscuras. Leyó y comprendió que aquella no tenía luz propia. Trató de imaginar la textura de la roca robada en algún escondite de su habitación. Sin embargo, pasó el tiempo, su estatura se detuvo centímetros antes de los dos metros y tampoco le sirvió. Ahora, cuando recordaba su infantil propósito, sonreía para justificar la férrea decisión por un inalcanzable sueño, alimentado por la inocencia y que jamás se atrevió a contar; por supuesto, hasta la noche en que la vio tan cerca que no pudo evitar el deseo de tocarla y… la alcanzó. Su cuarto se llenó de luz cuando extrajo del bolsillo, la mitad de la luna.

RSM

lunes, 20 de octubre de 2014

Cuba: razones para celebrar el 20 de octubre







 Raúl San Miguel

Foto de la Internet (Juventud Rebelde)


Justo cuando en la capital cubana se reúnen jefes de estado y representantes de naciones del ALBA-TCP, de la OPS, OMS y el representante del Secretario General de la ONU y ministros de Salud de las naciones convocadas, a La Habana -para tratar cuestiones relacionadas con el ébola, la aplicación de una estrategia conjunta y el apoyo a las naciones africanas que sufren la epidemia o tienen fronteras con los territorios afectados-, Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, abre sus páginas (a buena hora) para dar un espacio a la Doctora Graziella Pogolotti, en un necesario artículo que ratifica nuestra identidad y el por qué, muchos de los que arribaron a la cita en La Habana, agradecieron al pueblo de Cuba y al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel, el haberse formado como médicos y profesionales en nuestro país.

Del mismo modo que están implícitas las palabras de Fidel cuando explicó la necesaria colaboración solidaria de Cuba en los procesos de liberación de naciones africanas como Angola (Operación Carlota), Namibia, el fin del Apartheid y la sostenida ayuda solidaria en la formación de profesionales y el envío de médicos y personal de Salud, altamente calificado, para contribuir a la erradicación de enfermedades en estas y otras naciones del llamado Tercer Mundo. Más reciente, la partida de 165 médicos y enfermeros para combatir el ébola en Sierra Leona.



 ¿Por qué un 20 de octubre?
 

"Ha llegado la hora del actuar y el pensar, de retomar en función del presente el enorme capital intelectual acumulado por la nación cubana", comenta en Granma la destacada intelectual Graziella Pogolotti




Dos veces dice patria el Himno de Bayamo. La primera, nos contempla orgullosa. En­car­na el ideal que ha tomado cuerpo en el na­ci­miento de la nación. La segunda alude al combate, entendido como siembra y resurrección, muerte y continuidad en la plenitud del ser.

En pueblos como los nuestros, cultura y na­ción son procesos inseparables de permanente construcción. Y los símbolos pertenecen al ámbito de la cultura. Un 20 de octubre cristalizaba en el Himno de Bayamo el acto audaz de cortar de un solo tajo el nudo gordiano que nos ataba a la metrópoli.  Junto a la libertad po­­­lítica, Carlos Manuel de Céspedes en La De­majagua emancipó a sus esclavos y los convidó a participar en el esfuerzo común por hacer una na­ción, solo verdadera si pertenecía a todos, rompiendo las cadenas impuestas por España y el grillete infame soldado por la sacarocracia criolla.


Forjado en la pelea, firme, flexible y delicado hilo de acero, el Himno de Bayamo nos ha acompañado en las buenas y en las malas, en la euforia del triunfo y en el dolor de las pérdidas. Su letra y sus notas nacieron de una memoria artística, del contacto con una realidad concreta y de los sueños que inspiran el combatir, el hacer y el fundar, tareas perma­ne­ntes todas, porque fundamos en cada amanecer, creamos lo grande y lo pequeño en la tarea de cada día y soñamos siempre porque ellos son fuente inextinguible de aliento vital.

Y no ha sido fácil. En aquel octubre cobraba forma la lucha contra el coloniaje. Lo que estaba comenzando en el enfrentamiento con Es­paña —la más larga entre las guerras de independencia del Continente— continuaría en la lucha antimperialista y ha pasado ahora a la resistencia ante el dominio planetario del capital financiero. Desde el principio tuvimos conciencia de nuestra condición de latinoamericanos. Mediado ya el siglo XX descubrimos nuestra pertenencia al más amplio territorio de un llamado tercer mundo, ubicado en otras geografías e infiltrado cada vez más en el corazón de las potencias hegemónicas.


Rubén Martínez Villena nos había llamado a “extirpar la dura costra del coloniaje”. Tar­da­mos un buen tiempo en asimilar el verdadero alcance de su mensaje. Soberanía e independencia eran inseparables de un verdadero proyecto de emancipación humana. La guerra ne­cesaria tiene que librarse simultáneamente en múltiples instancias: la económica, la política, la social y la cultural. Porque la opresión secular se instauró mediante la violencia y la castración de las culturas originarias. In­ten­taron mo­delar nuestras conciencias y lo siguen ha­ciendo con el empleo de métodos más sofisticados y seductores. Construyen ilusorias ex­pectativas de vida, inoculan sentimientos de inferioridad e instauran el autoritarismo de un modelo único.


Por razones geográficas y por el desarrollo de una economía que, desde el siglo XIX, se orientó hacia la monoproducción y el comercio in­ternacional, el proceso histórico cubano nun­ca ha permanecido al margen del panorama in­ternacional. Mucho menos lo está ahora en el contexto de la globalización neoliberal. El derrumbe del campo socialista repercutió du­ramente en los niveles de vida y en el tejido social del país, con la consiguiente repercusión en el plano de los valores. Hoy se acrecienta la visibilidad de las desigualdades. En tales circunstancias, el papel de la subjetividad adquiere una importancia de primer orden. Educación y cultura asumen un papel estratégico, aparejada a los problemas del desarrollo económico.


El indispensable cambio de mentalidad no puede derivarse de conceptos economicistas y tecnocráticos. De acuerdo con nuestra tradición de pensamiento, habrá de ser humanista, vale decir, integradora, en el polo opuesto a la instrumentalización del ser humano propuesta por el modelo hegemónico. Es el momento de proceder a un anclaje en lo más profundo de la nación y reencontrarnos en el qué somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, para poder responder de la manera más efectiva al desafío de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar: “inventamos o erramos”.


Inventar no implica improvisar. Exige estudio e investigación. Ha llegado la hora del actuar y el pensar, de retomar en función del presente el enorme capital intelectual acumulado por la nación cubana desde sus orígenes, nunca para repetir fórmulas de antaño, sino para beneficiarnos todos del espíritu que animó a los fundadores y se mantuvo vivo en medio del desamparo de la república neocolonial. La clave estuvo siempre en aguzar el bisturí hacia dentro conjugando la interdependencia de los factores económicos, sociales y culturales.


Letra y notas del Himno de Bayamo son el canto de la nación y la cultura imbricadas. Sím­bolo sagrado del grito de independencia, sintetizan el rico imaginario que nos identifica y en el que nos reconocemos. Es fruto de la me­moria acumulada por las manos bien negras que hicieron el azúcar blanco junto a las ma­nos blancas que hicieron el tabaco negro, al decir de Fernando Ortiz, de los constructores que edificaron pueblos y ciudades, de los mitos que vinieron de todas partes, de quienes nos enseñaron a pensar, de los poetas, músicos y pintores que mostraron lo que todavía no era visible, del campamento mambí donde todos aprendieron a sobrevivir, del modo de celebrar y de compartir. Por esas y tantas otras razones, el 20 de octubre se rinde homenaje a la cultura nacional.


19 de octubre de 2014 21:10:34