viernes, 23 de enero de 2015

Perdido






“Ahora en busca solo estoy
del tiempo que he perdido desde ayer,
buscando lo que había de hacer de mí.
Cosa añorada en mi niñez
porqué después crecí”. (S.R)

Raúl San Miguel

Óleo de Vicente Bonachea.

Había recorrido un tramo suficiente para comprender que estaba perdido. Miró en derredor y comprendió que, además, estaba solo. Recordó lo aprendido cuando el padre le regaló una pequeña brújula e instintivamente buscó el objeto en el bolsillo y, por supuesto, no encontró absolutamente nada: ni siquiera los documentos de identidad que abultaban, más que todo, la pequeña cartera de cuero, ahora,  también desaparecida. Extendió ambos brazos y sus manos palparon la intangibilidad del vacío. No estaba dormido y, por tanto, no sabía tampoco cómo despertar. Ese estar consciente de que se está en una situación indefinida entre el sueño y la realidad, le hizo repensar las veces que se encontró en esa encrucijada y aceptó que dormía, por tanto debía hacer un esfuerzo para despertar o sea regresar, ir por un poco de agua y quizá cerrar la ventana para que el gato no se fuera de parranda como hacía cuando se descuidaba.  Esperó un poco y supo que de un momento a otro sus dedos encontrarían la forma de aferrarse al cobertor y con un giró rápido dejaría su cuerpo expuesto a la fría madrugada y despertaría, así, de golpe. Sin embargo, no ocurría nada, ni el más leve estremecimiento de su piel o sus articulaciones. Decidió que, tal vez, encontraría la posición exacta en que el sueño representa la condensación y alcanzaría a visualizar fragmentos de imágenes, frases o trozos de ideas. De alguna manera podría ser un desplazamiento fallido más si se trataba de un confuso y oscuro sueño influido por un inadecuado viaje a otra dimensión. ¿Estaría aún dentro del vientre materno y ahora alcanzaba la conciencia de poder decidir nacer o no? Tan absurdo pensamiento fue perceptible como una brizna de aire en un mar insondable y etéreo. No podía, tampoco, realizar movimientos de acuerdo a su voluntad y tuvo la sensación de encontrarse frente a la imagen interior de su yo, frente a un espejo.  De alguna forma era lo más cercano a la extraña circunstancia que ¿vivía…? Otra pregunta sin respuesta, sobre todo porque ni siquiera sus ojos podían identificar algún objeto conocido. Nada…, entonces, la no existencia de un referente explicaba la no interacción con ningún otro semejante. Sabía que si dejaba de ser un sujeto relacionado, tampoco podría ser un sujeto producido; o sea no existía. De modo que, tal reflexión, también respondía a la imposibilidad de despertar, de establecer una ubicación que le permitiera reconocer el medio o lugar donde se encontraba, adaptarse y establecer respuestas fijas a los estímulos recibidos de su entorno. ¿Pero lo había...? Comprendió que lo único real demostrado, en tal situación, era su esfuerzo para encontrar una salida y contaba con la activa modulación de sus ideas: pensaba, luego ¿existía…? Comenzaba a desesperarse, al no encontrar una salida, pero desistió. Primero: no había llegado a ese sitio sin haber iniciado un camino de entrada en alguna parte, por tanto y, en segundo lugar: debía recordar..., estaba obligado a recordar, en medio de la pulsación galáctica que lo lanzaba al otro extremo del Universo.



A propósito de un tema recurrente: el intento del gobierno de Estados Unidos por cambiar su táctica -según las propias palabras de la señora Jacobson, para modificar la forma de influir (más directamente) en las relaciones diplomáticas que pretende establecer con mi país, Cuba. Esta es mi opinión, teniendo en cuenta la encrucijada en que se encuentra el gobierno de Estados Unidos, cualquiera que sea su administración, cuando se trata de aislar a un pueblo que defiende su soberanía e independencia. Puede interesar:

http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/01/25/el-bloqueo-de-eeuu-a-cuba-impide-salvar-a-diabeticos-estadounidenses-afirma-especialista/#.VMZL0Cz6jUc




miércoles, 21 de enero de 2015

Contestatarios o disidentes versus mercenarios




La fruta en la altura*

Raúl San Miguel

Óleo Vicente Bonachea

Ilustración: Samuel

“Hay momentos para todo en la vida, hasta para contar esas cosas que duelen como una espina de acero atravesada en el pecho, porque te llegan hasta el alma y destruyen la existencia de adentro pa´fuera…, despacio, muy despacio, casi en silencio... Por eso, cuando llega la hora, hay que decirlas…, soltarlas porque te queman…, de lo contrario jamás podrías volver a conciliar el sueño, ni mirar a nadie de frente… Por eso hay que decirlas, aunque duelan…, aunque sea lo último que hagas en la vida”. (Ciudades…fragmento de novela. RSM).



Recuerdo que en un curso de diplomado (del cual hice referencia en un artículo reciente en este blog) de Administración Pública,  defendí el criterio de disentir. Me observaron como a un bicho raro. Algunos incluso tragaron en seco, no podían entender cómo podría, en aquel recinto decir que disentía. Entonces argumenté, de buena gana, que todos los seres humanos, por esencia lógica de la propia conciencia social, disentíamos, que ser disidente no equivale, de ningún modo, a ser mercenario. La diferencia en las acepciones de estas palabras resulta notable, solo que –a veces- permitimos que ciertos términos de uso en el habla, sean acuñados de forma sutil y hasta psicológicamente orientadas (en sentido contrario a su significado) por quienes organizan las campañas subversivas contra la Revolución cubana.
Un tiempo después escuché otra: un colega le explicaba a otro, el por qué, en su criterio, el sujeto de referencia (un servidor) no lograba ascender a un puesto de dirección importante en mi especialidad como profesional. Debo aclarar que estudié y me gradué como licenciado en periodismo, no de licenciado en Administración Pública (aunque me alegró mucho haber realizado una tesina para certificar mi diplomado). “Es un contestatario”, ese fue el calificativo empleado. ¡¿…?!  Pocas veces me había sorprendido tanto. Tampoco ser contestatario es ser mercenario. Está bien claro que un mercenario es una persona que recibe dinero para cumplir un propósito de (una potencia extranjera) contra su propio país. Ejemplos sobran, más recientes: Tania Bruguera, Yoani Sánchez, Bertha Soler, el “Coco” Fariñas, Rodiles…, una lista que ahora se engrosa con una nueva aspirante a líder de oposición por herencia: la mercenaria Rosa María Payá, a quien el senador republicano Marco Rubio anunció, que sería su invitada oficial al discurso del Estado de la Unión ofrecido ante el Congreso por el presidente Barack Obama este martes (Ayer).
Por supuesto, las nuevas medidas anunciadas por Washington no cambian las reglas del juego en cuanto a mantener el bloqueo contra nuestro país. En mi opinión lo más importante es tener clara la cuestión: no habrá fruta madura para quienes trasnochan con sus sueños de anexión de Cuba al imperio norteamericano, dentro y fuera del país. En este sentido seré un eterno disidente contestatario, prefiero no escalar al pedestal de la Patria, sino mantenerme junto a ella para servirla como soldado.

A los argonautas de este blog dedico este relato. Se basa en hechos reales. El protagonista fue una de esas personas que escaló tanto que llegó al otro lado del charco, como decimos los cubanos, pero no para defender a Cuba, como lo hizo Martí (salvando las distancias éticas y morales) y muchos, muchísimos miles de cubanos que viven fuera de la Isla y que jamás serán mercenarios. 

Algunos prefieren quedarse
¿La derecha o la izquierda?
(Impaciencia del corazón)
Stefan Sweig

Un reportaje relacionado con los piratas que interceptaban los convoyes que transportaban cereales para el consumo animal, lo había convertido en la estrella de los noticiarios televisivos. Más, aún, logró borrar toda referencia anterior en el ejercicio de la crítica y la denuncia pública de hechos que colocaban en una ruleta rusa la economía del país y pocos se atrevían a publicar con el tino, la madurez, profundidad y sentido profesional que él logró con la grabación de imágenes relacionadas con asaltos en vivo. Su difusión, por todo el país, lo catapultó a las páginas de la prensa extranjera. Abría una ventana en medio del caos y lo hacía con la maestría del cirujano nacido para vivir en un quirófano. Nada podría evitar (ya) su vertiginoso ascenso, apenas un año después de graduarse y salir del recinto universitario. Más cuando podía exhibir sus cualidades excepcionales con la asignación de un yipi y la garantía de una tarjeta para más de 700 litros de combustible (gasolina que se cotizaba, entonces, a 50 pesos el litro en el mercado negro) mensuales. ¿Quién lo iba a decir? “Tan flojito que parece y lo derechito que va”, decía el parqueador en tono de burla, pero solo reíamos por lo bajo y no le hacíamos mucho o ningún caso. En realidad para qué complicarnos en mencionar los privilegios de un colega que ahora representaba todo un cambio en la dinámica del viejo oficio que intentábamos modificar con una variante nacional: no imitar el sensacionalismo noticioso de la prensa extranjera y buscar nuestros propios mecanismos para hacer el trabajo objetivo, profundo, crítico ¿noticioso? y sin fisuras (datos que no resulta conveniente publicar) que puedan ser utilizadas por el enemigo. Resultaba una tarea extremadamente difícil. Por una parte el estímulo a buscar esa fórmula se convertía en una cruzada extenuante y devastadora. Algo así como el transitar sobre un campo minado en medio de una lluvia de balas (desde las dos partes), pero aquel bisoño periodista había encontrado un camino. El lente de la cámara no escamoteó la escena propia de un filme del Oeste, solo que eran cubanos sin ningún otro atuendo que las vestimentas de un ciudadano común, los que hacían increíbles malabares para sacar toneladas de pienso, mientras los choferes de las rastras _ en actos verdaderamente temerarios_  realizaban maniobras agonizantes con el propósito de hacerles caer (de muerte) sobre el pavimento. Pero los ninjas lograban, antes, lanzar varios sacos que recogían la caballería (ciclistas de su equipo) y luego desaparecían entre las altas hierbas de la autopista. Aquellas imágenes resultaban irrefutables, los telenoticiarios la mostraban en portada y le dedicaban largos minutos, más del tiempo normal considerado para los reportajes especiales. Después temblaron los taxistas y cayó una lluvia tibia sobre la ciudad. Nadie se había percatado de que el asunto discutido hasta en una cama nupcial podría tener implicaciones morales tan serias como ocurrió cuando el nuevo reportaje estuvo listo para la televisión. El novel reportero necesitaba mantener sus ideas frescas, nada mejor que aquella vivienda frente a la avenida del puerto, en plena arteria colonial,  en un entorno donde reconocidos artistas de la plástica encontraron un espacio para sus estudios-talleres que atraían una avalancha de turistas extranjeros, acompañados por guías profesionales,  buscayumas del barrio, prostitutas, santeros, espiritistas y babalaos. Desde allí el aire de la bahía traía el sabor inconfundible de los puertos, el pitazo de los buques, el cañonazo de las nueves y el Cristo con sus brazos abiertos para recibirlos a todos. Desde el balcón, podía observar a la gente (abajo) caminar convertidos en hormigas multicolores, mientras que en las noches mitigaba el calor con refrescos importados que se enfriaban, maravillosamente, en un refrigerador de doble temperatura  de los que se vendían en las tiendas recaudadoras de divisas (que le fuera asignado para mantener su pensamiento fresco), a las ocho de la noche tomaría un descanso para observar su obra en la pantalla de un televisor que también pudo adquirir a un precio módico (como todos los objetos de su vivienda) en moneda nacional. “Lo tenía casi todo”, pensaba cuando se detenía a maquillarse y delineaba con precisión los vellos de las cejas. La expresión de sus ojos, no por femenina, resultaba interesante. Miraba con la misma y profunda curiosidad que lo hacía su perrita Cookie Spanish, a la cual le llamó Whisky. “Una perra intelectual, capaz de compartir los secretos de sus amantes masculinos sin ladrar. “No te preocupes _ dijo a su acompañante. Le ponemos un cassette de Disney, le encanta la película de los ciento un dálmatas” y acariciaba el pelaje color malta de su mascota. Después caminaba hasta la puerta de la habitación y dejaba caer la bata de dormir en un alarde de coquetería al estilo de Greta Garbo. Así pensaba mientras le empujaban desde atrás, en su espalda, hasta dejar su delgado cuerpo tendido y sin fuerzas sobre la cama. “Tienes que irte”, le dijo su amante, convencido de que tendría otra oportunidad en un país donde la prensa grande abre las puertas a los inteligentes, a los que encontraron una forma de exponer las fisuras del sistema sin disparar un tiro, sin tirarle un hollejo a un chino y si tienen los pies secos mejor. Por eso la invitación a México le llenó de esperanzas. Miró, como si fuera (premonitoriamente) las luces de los barcos en el canal de la bahía y se imaginó sobre la nocturna cubierta de un crucero. “Cada uno tiene su estrella y  la mía no tiene que estar bajo este firmamento”, aclaró aturdido por la brutal muerte de su amiga. “Esos bárbaros no se merecen otra cosa que atragantarse con la mierda que le dan en los cortes” y susurró: “nunca debí hacer ese reportaje entre animales”. La pobre Whisky había expiado las culpas (de su dueño) al quedar su cuerpo destrozado por la furia de una brigada de macheteros que había sido contrariada por una noticia capaz de pulverizar el orgullo de estos hombres acostumbrados a los rigores de un clima perverso en cada jornada de labor. “¡Que venga si es hombre a discutir con nosotros! ¡Qué explique porque nos trató como vagos!, reclamaron. Y el héroe fue. Ahora tenía un motivo más para marcharse. Sobre el televisor la fotografía de la pobre Whisky parecía indiferente a la sustituta: Ronney (Whisky II), que miraba a su dueño sin prestar atención a los dálmatas de la pantalla. “No te preocupes, ellos te sabrán cuidar muy bien”. Solo debía aprender su nuevo papel de víctima, protagonista y arrepentido de luchar en el lado equivocado (con respecto a sus intereses). Así lo declaró frente a los micrófonos y cámaras de Miami. Esa noche su cuerpo no encontró reposo a la demanda de un amante presto a devorar al héroe. De este lado no hubo comentarios en las redacciones, si acaso algunos sonrieron con sarcasmo. Solo el viejo parqueador en el área oficial del Sistema Informativo de la Televisión, exclamó: “¡¿Quién lo iba a decir? “Tan revolucionario que parecía y lo flojito que en verdad fue”. Ninguna declaración oficial ratificó su partida. 

*La fruta, nunca estará madura; a pesar de quienes pretenden coger "mangos bajitos". 

Le pongo un poco del toque de humor, a mi manera, a la evolución de la violencia según la especie y, como señala la ilustración, los tiempos cambian y también las formas en que los seres humanos nos esforzamos por extinguir a nuestros semejantes. Nada que ver en algún "cambio" que mantenga la política de algunos gobiernos que pretenden confundir al tergiversar la historia y coronarse de salvadores, mientras dan muerte a millones de personas en todo el planeta.


lunes, 19 de enero de 2015

Un divorcio insostenible








“Y si es interesante la geografía, porque es el escenario donde vive
el hombre, el hombre tiene que ser necesariamente más interesante todavía que la propia naturaleza donde  vive.”  (Fidel, 15 de enero de 1960)
Raúl San Miguel

Fotos de Cubadebate e Internet

Sostengo, y es mi opinión, que existe un sutil divorcio entre las instituciones del conocimiento y los decisores en diferentes niveles de dirección de gobierno y empresarial en mi país. Esto, sin entrar en disquisiciones, ha sido uno de los talones de Aquiles (aunque el griego tenía uno solo) de los que más problemas ha generado a la economía cubana y, en consecuencia, la imposibilidad de aplicar (con la urgencia o la inmediatez que se demanda) muchas de las innovaciones, soluciones de problemas o introducción de metodologías –apoyadas en proyectos realizados y desarrollados por instituciones del conocimiento diversas: universidades, escuelas politécnicas y centros de investigaciones, en función de la búsqueda de una mayor producción en todos los sectores de la economía y los servicios.
Tuve la oportunidad de cursar, entre otros, dos diplomados importantes en mi formación profesional: uno directamente relacionado con las herramientas de análisis del Banco Central de Cuba, en el que recibimos seminarios de contabilidad, finanzas, análisis bursátil, tipos de créditos y otras herramientas capaces de develar problemas y un poco insertarnos en el análisis de problemas económicos y financieros, mediante artículos y otros trabajos periodísticos especializados.
Muchos años después, un diplomado en Administración Pública, abriría las entendederas a cuestiones que complementaban el aprendizaje de las primeras. En este sentido, descubrí el cierto divorcio del que hago referencia y los argumentos resultan más que sobrados: la alta profesionalidad de los colaboradores cubanos que participan en diversas disciplinas en varios países del mundo. Se trata del capital humano y la potencialidad de ese valor agregado que, utilizado en forma correcta, como nos ha señalado el Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel, ha sido el recurso más importante del país para enfrentar el férreo y genocida bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos, durante más de medio siglo.
Por supuesto, no podemos dejar a un lado las pifias cometidas por aquellos que no tienen la capacidad suficiente para entender cómo emplear ese potencial disponible en las instituciones del conocimiento. Precisamente, ahora que nos preparamos para la nominación de los delegados a los diferentes niveles de gobierno, en momentos que la sociedad cubana moderniza e inserta cambios importantes, debemos tener en cuenta la necesidad de observar, como una herramienta de trabajo imprescindible para gobernar con eficacia y efectividad en función del desarrollo de un mayor nivel en la calidad de vida de los cubanos.
Propongo la lectura de este artículo publicado en Cubadebate, en el cual deja bien claro una de las cuestiones que no podemos soslayar.
La Doctora Bárbara Garea, rectora del Instituto Superior de Tecnología y Ciencias Aplicadas (Instec), con la cual tuve el privilegio de compartir (gracias a su increíble ejemplo de modestia y sencillez), un lugar como "condiscípulo" en el diplomado de Administración Pública que cursé en la Escuela Superior del Partido Ñico López. 
En lo particular, le agradezco la posibilidad de haber incorporado una nueva forma de observar las instituciones del conocimiento y conocer el potencial que, muchas veces, no es aprovechado de la forma más óptima y eficiente.



Momento en que la Dra. Bárbara Garea, rectora del INSTEC, entregaba el Titulo de Doctor Honoris Causa en Ciencias Nucleares, al Dr. Fidel Castro Díaz-Balart, en el Colegio de “San Gerónimo”, en La Habana, Cuba, el 24 de marzo de 2012. 
AIN FOTO/Oriol de la Cruz ATENCIO







 
Recursos humanos: un capital invaluable.

Por Ismael Clark Arxer*


El recurso humano constituye sin duda alguna el bien más valioso cuando se piensa en el desarrollo socio-económico de un país. Fomentar ese potencial demanda voluntad, perseverancia y recursos. Perderlo puede ser una calamidad; desaprovecharlo, un disparate.
En la sociedad contemporánea las entidades económicas se ven obligadas a participar en procesos competitivos a menudo excluyentes, cuyo factor determinante es la utilización de los conocimientos e instrumentos resultantes del vertiginoso desarrollo de la ciencia y la tecnología.
La influencia del factor cualitativo en el logro de menores o mayores indicadores de eficiencia y productividad, condujo hace ya algunas décadas a que se acuñara el término de “capital humano” para describir el peso de la contribución de las personas al éxito de las entidades.
Para algunos, como quien esto escribe, el mencionado término no resulta de agrado por sus resonancias alusivas a un régimen social de nefastas implicaciones, pero en la práctica su uso se ha impuesto como parte del lenguaje económico universal. Por encima de ello eximios revolucionarios como el propio Comandante en Jefe Fidel Castro lo han empleado en reflexiones de inequívoca proyección socialista, según veremos más adelante.
En la práctica, el mencionado “capital” estaría constituido por el conjunto de habilidades, destrezas y en general de conocimientos y talentos que se encuentran en poder de la fuerza de trabajo, y que se expresan en la aptitud para desempeñar tareas específicas, sobre todo aquellas de particular complejidad.
A fin de cuentas, de lo que se trata es de expresar la capacidad del conocimiento y la experiencia de aportar valor en los procesos productivos: una idea que pudiera percibirse ahora como intuitiva pero que no fue objeto de reconocimiento formalizado a lo largo de mucho tiempo.
En la actualidad, el capital humano se considera el componente básico del llamado capital intelectual, el cual incluiría también los llamados capital organizacional y capital relacional. Más allá de los aspectos técnicos que no es este el lugar para abordar, lo que se expresa en suma es la influencia cada vez más determinante del factor humano en los procesos socio-productivos.
Ahora bien, a diferencia de otros componentes intelectuales de la producción como la cantidad, calidad y accesibilidad de la información técnica disponible, el capital humano tiene que ver con la naturaleza misma del ser humano, su capacidad de aprender, de empeñarse y triunfar. De ahí que su fomento, aprovechamiento y conservación implique consideraciones muy particulares para cualquier país, y en especial para aquéllos en vías de desarrollo.
Estudiosos contemporáneos de las cuestiones de la dirección sobre bases científicas han venido subrayando la importancia de utilizar herramientas meteorológicas, de las que ya se dispone, para promover el crecimiento personal, la autoestima y un ambiente favorable a la comunicación entre los componentes de una institución dada.
Tales instrumentos se consideran premisas obligadas para aprovechar de modo óptimo el potencial humano del que se dispone, mantener su motivación y lograr que el mismo esté plenamente identificado con la institución, con su trabajo y asegurar o favorecer con ello su productividad, se creatividad, su responsabilidad y la calidad de los resultados obtenidos.
En particular, se pone el mayor énfasis en la necesidad de tomar en consideración a las personas como el principal activo de una organización y no como un recurso más, en la medida en que el éxito de aquéllas (y de los países) depende de lograr aprovechar al máximo el talento, las capacidades y potencialidades de las personas y su capacidad de funcionar en equipo.
A nivel internacional, la adquisición, preparación y aprovechamiento del capital humano se manifiesta de manera prominente en la competencia entre países. De acuerdo con la cifras reflejadas en el último Informe de la Unesco sobre la Ciencia (2010), Estados Unidos, la Unión Europea y China disponían cada uno de alrededor del 20 % del número de investigadores, existiendo una clara tendencia a que la última se coloque a corto plazo a la cabeza de esta lista.
De acuerdo con el mismo Informe, el potencial de investigadores se encuentra extremadamente concentrado. Los “cinco grandes” de esa lista (los ya citados más Japón y Rusia) representan en conjunto alrededor del 35% de la población mundial pero disponen de las tres cuartas partes de los científicos del planeta.
La citada desproporción está influida, a más de las políticas formativas nacionales, por la migración de personas altamente calificadas hacia esos y otros polos de atracción, sea en virtud de mayores remuneraciones, mejores condiciones de vida o de trabajo, o cualquiera de las posibles combinaciones de esos factores.
Como expresa el ya citado informe de la Unesco, al fenómeno de la migración de talentos se alude utilizando diversos términos. Algunos como nosotros lo apreciamos como un real y dañino robo de cerebros, pero otros prefieren utilizar formulaciones tales como “fuga (o “drenaje”) de cerebros”, con las cuales la culpa del fenómeno se hace recaer sobre las víctimas del mismo.
En cualquier caso, los estudios internacionales identifican que las principales rutas de la migración van del Sur al Norte y del Norte al Norte, aunque según el ya citado Informe está apareciendo un conjunto más variado de destinos atractivos, como Sudáfrica, Rusia y Malasia.
La cuestión no puede resultar de mayor importancia para países que, como el nuestro, necesitan incrementar su capital humano aplicado al desarrollo, parte indispensable del cual está constituida por quienes se dedican a la investigación científica y al desarrollo tecnológico, frente a la competencia de esos grandes y pequeños “a tractores externos”.
Para estos países más pequeños y de economía más débil, es indispensable realizar esfuerzos sostenidos encaminados a fomentar y ampliar su potencial humano en estos campos, si bien objetivamente no pueden competir, en términos estrictamente materiales, con el volumen de recursos financieros y materiales que ponen en juego los grandes países consumidores de personal altamente calificado.
La cuestión se vuelve entonces terreno en el que se requiere elaborar y desplegar políticas específicas y resortes no convencionales, para lograr el necesario florecimiento de un potencial nacional consagrado a las actividades científico-tecnológicas. Más aún en una época histórica en la cual la movilidad de información, conocimientos y personas es un rasgo distintivo y de crecimiento exponencial.
Aun admitiendo como una realidad la desproporción de recursos disponibles entre países para atraer recursos humanos, en desventaja de los menos desarrollados, se requiere contar a nivel nacional por estos últimos con medidas que logren actuar en favor de la estabilidad y permanencia del personal más calificado. Una de ellas, y que me parece esencial, es el aseguramiento de las mejores condiciones de trabajo posibles desde el punto de vista instrumental e informativo, así como la posibilidad expedita de intercambio profesional.
Tales condiciones no pueden verse en modo alguno como una dádiva, sino como una premisa indispensable para la eficacia y para el rigor mismo de las tareas científico-tecnológicas que se emprenden en interés del país. Es un hecho innegable que buena parte del quehacer científico contemporáneo está indisolublemente ligado a la utilización de herramientas tecnológicas específicas, en constante perfeccionamiento.
Un segundo componente, relativo a la remuneración y condiciones de vida, no puede extraerse artificialmente de la realidad económica de cada país, pero sí requiere ser objeto de consideraciones específicas que pongan claramente de manifiesto, dentro del contexto general, el nivel de reconocimiento social a la labor que se realiza, lo cual no sustituye ni obvia la importancia de cultivar los elementos motivaciones de tipo estrictamente moral.
La posibilidad del factor moral para cultivar y retener un importante potencial humano es parte de la propia historia de las instituciones científicas cubanas, virtualmente creadas al impulso del proceso revolucionario. La misma ha puesto de manifiesto la enorme importancia del valor motivaciones para afrontar limitaciones objetivas, tales como las derivadas del criminal y prolongado bloqueo norteamericano, y lograr avances venciendo todo tipo de obstáculos.
El líder histórico de la Revolución, Comandante Fidel Castro Ruz, sintetizó de manera inigualable la visión revolucionaria en este sentido: “[…] capital humano implica no sólo conocimientos, sino también —y muy esencialmente— conciencia, ética, solidaridad, sentimientos verdaderamente humanos, espíritu de sacrificio, heroísmo, y la capacidad de hacer mucho con muy poco.”
Con todos estos factores estrechamente inter-vinculados se tendrán que ir conformando las diferentes estrategias nacionales de desarrollo de recursos humanos calificados. Pienso que, como ha sucedido en el pasado con otros factores del desarrollo científico, Cuba cuenta con condiciones para encontrar y desplegar soluciones creativas —y aportar experiencias de valor general— en el manejo de este crucial recurso para el desarrollo.

(Tomado de Cubarte)

*Es  Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba. Forma parte del Comité Ejecutivo del Panel Interacademias para Asuntos Internacionales, el cual agrupa a más de 90 academias de ciencias de todo el Mundo. Es Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Epidemiología y se le otorgó la Legión de Honor de México en 2004.

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