viernes, 14 de enero de 2011

Miopía política y ceguera mental



Raúl San Miguel

Fotos: Tomadas de la Internet

Según refiere un cable _ que a su vez refiere un amigo cubano residente en los Estados Unidos_ , fuentes de la Casa Blanca declaran la posibilidad de una especie de levante en el cual el gobierno norteamericano autoriza al envío (a familiares en Cuba) de 2 000 dólares a los cubanos residentes en Estados Unidos. La medida extiende la cifra a 10 000 dólares anuales a los ciudadanos norteamericanos.
Aparentemente se trata de un “cambio” en la proyección política del presidente Barack Obama con respecto a Cuba. Nada más lejos de la verdad. Solo quiero hacer un análisis pequeño:
El programa del gobierno de los Estados Unidos para destruir la Revolución cubana no excluye ningún medio. La situación de crisis mundial provocada por la brusca caída de los índices económicos (PIB) de casi todas las naciones, tiene su causa directa en la esencia voraz del imperialismo. Para nadie es un secreto que en Cuba se realizan cambios reales en la estructura económica interna y se adecuan a las necesidades de una nación dispuesta a trabajar por mantener su independencia política y soberanía económica.
La autorización de esas pequeñas cantidades (remesas anuales) de cubanos residentes en los Estados Unidos tiene, en mi criterio, cierto viso oportunista: por una parte se muestra como una aparente medida de flexibilidad de la Casa Blanca, fuera de su programa que incluye aumentar las restricciones comerciales, impedir las transferencias de tecnología, comercio y financiamiento a inversiones de cualquier socio comercial de Estados Unidos con respecto a Cuba (sin hacer referencia a las filiales de sus empresas en cualquier parte del mundo).
Por otra parte, ¿Cuánto significa 2 000 dólares anuales para una familia cubana? Si tenemos en cuenta el promedio de ingresos de un ciudadano común norteamericano o cubano norteamericano, la cifra es ínfima. Si tenemos en cuenta que el cambio en Cuba favorece (lamentablemente a la moneda norteamericana, por el momento) puede resultar considerable. ¿Pero cuánto dinero tiene que pagar una familia cubana que recibe esta remeza para cubrir los gastos de escuela, asistencia médica, social, entre otros beneficios que reporta vivir en Cuba, a pesar de las dificultades de recursos básicos, bloqueo por medio?
En un reporte del periódico Granma se dice que el costo de estudios para un estudiante universitario cubano asciende a 100 000 pesos cubanos. En el caso de otras enseñanzas es 10 000. Es un cifra considerable que ningún cubano ha tenido que pagar por estudiar. Pero bien, continúo. ¿Qué se esconde, en mi opinión, detrás de la aparente bonanza?



La aplicación de regulaciones para el trabajo por cuenta propia en la Isla, ha resultado un necesidad que conduce al saneamiento de las finanzas internas y el mejoramiento de la actividad laboral en muchos aspectos. Puedo considerar que parte de esa remeza contribuye a favorecer a muy pocas familias cubanas. Incluso, aumenta el potencial de aquellos que pueden invertir en pequeños negocios y concentrar un pequeño capital de base. En este sentido, el análisis exige un poco más de detalles que me gustaría abordar en un comentario posterior. No obstante, advierto que la ruta del dinero siempre determina el interés de quienes ven la posibilidad de establecer un puente de ingresos que fluya en ambas direcciones. Sin embargo, en mi opinión, lo más importante sería que el presidente Barack, levantara definitivamente y sin condiciones el bloqueo. Entonces, sí habrían cambios, todos los cambios que pueden establecerse sobre la base del respeto y la no injerencia.
Aprovecho la ocasión para compartir estas reflexiones del líder histórico de la Revolución cubana, Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz. Espero, como siempre, que sea mucho más razonable entender (desde la opinión de un luchador y revolucionarios y veterano en estas lides) el verdadero propósito del gobierno de los Estados Unidos con respecto a Cuba.


El discurso de Obama en Arizona
(Tomado de CubaDebate)
Ayer lo escuché cuando habló en la Universidad de Tucson, donde se rendía homenaje a las 6 personas asesinadas y las 14 heridas en la matanza de Arizona, de modo especial a la congresista demócrata por ese Estado, gravemente herida por un disparo en la cabeza.
El hecho fue obra de una persona desequilibrada, intoxicada por la prédica de odio que reina en la sociedad norteamericana, donde el grupo fascista del Tea Party ha impuesto su extremismo al Partido Republicano que, bajo la égida de George W. Bush, condujo el mundo donde hoy se encuentra, al borde del abismo.
Al desastre de las guerras se sumó la más grande crisis económica en la historia de Estados Unidos y una deuda del gobierno, que equivale ya al 100% del Producto Interno Bruto, lo cual se une a un déficit mensual que supera los 80 mil millones de dólares y nuevamente el incremento de las viviendas que se pierden por deudas hipotecarias. El precio del petróleo, los metales, y los alimentos, se eleva progresivamente. La desconfianza en el papel moneda incrementa las compras de oro, y no pocos auguran que a fines del año el precio de este metal precioso se elevará a 2 000 dólares la onza troy. Algunos creen que incluso llegará a 2 500.
Los fenómenos climáticos se han agudizado, con pérdidas considerables en las cosechas de la Federación Rusa, Europa, China, Australia, Norte y Sur de América, y otras áreas, haciendo peligrar los suministros de alimentos a más de 80 países del Tercer Mundo, creando inestabilidad política en un número creciente de ellos.
El mundo enfrenta tantos problemas de carácter político, militar, energético, alimentario y medioambientales, que ningún país desea el regreso de Estados Unidos a posiciones extremistas que incrementarían los riesgos de una guerra nuclear.
Fue casi unánime la condena internacional al crimen de Arizona, en el que se veía una expresión de ese extremismo. No se esperaba del Presidente de Estados Unidos un discurso exaltado ni confrontativo, que no se correspondería con su estilo ni con las circunstancias internas y el clima de odio irracional que está prevaleciendo en Estados Unidos.
Las víctimas del atentado fueron incuestionablemente valientes, con méritos individuales, y por lo general ciudadanos humildes; de lo contrario no habrían estado allí, defendiendo el derecho a la asistencia médica de todos los norteamericanos, y oponiéndose a las leyes contra los inmigrantes.
La madre de la niña de 9 años que nació el 11 de septiembre, había declarado valientemente que el odio desatado en el mundo debía cesar. No albergo, por mi parte, la menor duda de que las víctimas eran acreedoras del reconocimiento del Presidente de Estados Unidos, así como de los ciudadanos de Tucson, los estudiantes de la Universidad y los médicos, que como siempre cuando ocurren hechos de esa naturaleza expresan sin reservas la solidaridad que los seres humanos llevan dentro de sí. La congresista gravemente herida, Gabrielle Giffords, es merecedora del reconocimiento nacional e internacional que se le tributó. El equipo médico continuaba hoy informando noticias positivas sobre su evolución.
Sin embargo, al discurso de Obama le faltó la condena moral de la política que inspiró semejante acción.
Trataba de imaginarme cómo habrían reaccionado hombres como Franklin Delano Roosevelt ante un hecho semejante, para no mencionar a Lincoln, que no vaciló en pronunciar su famoso discurso en Gettysburg. ¿Qué otro momento espera el Presidente de Estados Unidos para expresar el criterio que estoy seguro comparte la gran mayoría del pueblo de Estados Unidos?
No se trata de que falte una personalidad excepcional al frente del gobierno de Estados Unidos. Lo que convierte en histórico a un Presidente que ha sido capaz de llegar por sus méritos a ese cargo, no es la persona, sino la necesidad de él en un momento determinado de la historia de su país.
Cuando comenzó ayer su discurso se le observó tenso, y muy dependiente de las páginas escritas. Pronto recobró la serenidad, el dominio habitual del escenario, y la palabra precisa para expresar sus ideas. Lo que no dijo fue porque no quiso decirlo.
Como pieza literaria y elogio justo a los que lo merecían, se le puede otorgar un premio.
Como discurso político dejó mucho que desear.

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