lunes, 2 de agosto de 2010

Timba con rimba



La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá. Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya. Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.

viernes, 23 de julio de 2010

Los sobrevivientes

Por RAÚL SAN MIGUEL / Foto: Del USS New York, Tomada de Internet
LAS imágenes de las personas que se lanzaban del World Trade Center, no pueden ser borradas siquiera por el paso de los años. Tampoco el rostro de los “sobrevivientes” a los ataques atómicos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Ninguna de las víctimas de los campos de concentración nazis (ni los muertos ni los sobrevivientes) puede evitar recordar el olor que desprendían los hornos donde se consumieron las vidas de millones de seres humanos. El siniestro aroma de la muerte también estuvo presente en las aldeas desfoliadas por el agente naranja y las bombas que llovían sobre Viet Nam. Nadie puede olvidar, nadie tiene derecho a olvidar.
Somos un mundo de sobrevivientes a las catástrofes humanas, pero no podemos aceptar la continuidad de estos conflictos cuya esencia se define en las pretensiones imperiales de extender su hegemonía a todos los rincones del planeta.
En relación con los terribles sucesos provocados por el criminal ataque a las torres gemelas de Nueva York se han publicado decenas de artículos y documentales en los cuales se acusa directamente al, entonces, gobierno de los Estados Unidos de asumir una actitud negligente en cuanto a las informaciones de los servicios especiales de inteligencia en relación con un posible ataque de grupos extremistas radicados en territorio norteamericano.
Sin embargo, la administración no tomó en serio estos informes. Al menos no se procedió para evitar el derribo de este símbolo de la economía occidental y mucho menos las muertes de las personas que lo ocupaban o viajaban en las aeronaves convertidas en misiles.

Pero la paranoia continúa. Desde hace algún tiempo navega el buque militar USS New York, creado con siete toneladas y media de acero extraído de los restos de las Torres Gemelas, entró al canal de la ciudad y se detuvo ante la denominada zona cero: el lugar donde se levantaba el World Trade Center destruido en los atentados del 11-S.
Uno de los miembros de la tripulación, el neoyorquino Jessie Jonson, declaraba a la prensa: “Haber construido esta embarcación a partir de un acto tan perverso demuestra que con perseverancia siempre es posible crear algo que hará bien en el mundo, y es un honor formar parte de ello”.
A pesar del tiempo en que se publicó este argumento podríamos, nosotros los sobrevivientes en el planeta tierra, tener en cuenta la necesidad de impedir que sea la guerra el camino para defender el derecho a la coexistencia pacífica y el respeto al derecho de la existencia para todos los seres humanos.
El barco, hasta ese momento, el más joven de la marina de guerra estadounidense costó cerca de 1.200 millones de dólares, dinero invertido (una vez más) en función de la muerte. Antes le precedieron con este nombre 7 buques de la armada: Una góndola construida en el lago Champlain en 1776 que participó en la batalla de la isla Valcour; una fragata (36 cañones) que fue destruida por los británicos en 1814; un navío de línea (74 cañones) que nunca tocó el agua y fue quemado en 1861; Una balandra de hélice que fue puesta en grada en 1863 con el nombre: Notario y renombrada en 1869, para ser vendida mientras aún estaba en las gradas en 1888; le siguió un crucero acorazado que participó en la guerra hispano-cubana, históricamente conocida por: hispano-cubano-americana, debido a la intervención de Washington en el final de la guerra por la independencia de Cuba. Esta nave fue renombrada USS Saratoga (en 1911) y USS Rochester (en 1933) y, finalmente, hundida en 1941; le siguió un acorazado que participó en combates en las dos guerras mundiales y dado de baja en 1946, tras sobrevivir a las pruebas realizadas con las bombas atómicas lanzadas sobre el Japón, en ese mismo año.
El imperio se prepara, agitadamente, para iniciar una nueva escalada. Esta vez, el escenario (el territorio de Irán) precisa de elementos que justifiquen la intervención inmediata y el uso del arma atómica que generaría (por lógica) una reacción en cadena por el lanzamiento de estas armas y cuyas consecuencias serían impredecibles, aunque no inimaginables, para la vida en la tierra.
El USS Nueva York, no es un símbolo pacífico, ni una advertencia a la estúpida política del imperio, es una muestra de su disposición a destruir todos los símbolos que contengan un mensaje diferente a las verdaderas pretensiones expansionistas de los Estados Unidos.

viernes, 16 de julio de 2010

¿Del lobo un pelo?

Por RAÚL SAN MIGUEL

Por estos días el diario Granma retomó un asunto que advierte de los problemas relacionados con la incultura del reciclaje. Me refiero específicamente a tema de los tónners, esos cartuchos utilizados por las impresoras láser que desde hace algún tiempo en la provincia de Pinar del Río se observa un esfuerzo por reabastecer el mercado nacional.
Cuando digo “reabastecer” me refiero a un paliativo, resulta imposible (hasta dónde puedo saber) que esa pequeña industria no podría satisfacer la demanda de miles de estos cartuchos bastante costosos.
Una vez más, Granma acude a la necesaria reflexión de quienes aún no comprendemos cuánto representaría para el país, el reciclaje ordenado de estos implementos que generalmente terminan su vida útil lejos del lugar donde pueden ser siquiera recuperados como materia prima electrónica, por citar un ejemplo.
Desde hace varios años y ante la disyuntiva de buscar una variante que permitiera prescindir de estos complementos algunos colectivos laborales han conseguido _en forma artesanal y poco ortodoxa desde el punto de vista industrial_ resultados viables en el restablecimiento de los cartuchos para las impresoras Láser Jet 5 000 y 5 200. Por supuesto, reitero, estos implementos hasta pudieron ser rellenados en tres oportunidades con una duración superior a los cuatro meses de intensa explotación.
Sin embargo, no es solo el haberlos puesto a disposición del trabajo es la única satisfacción de quienes concluyen una jornada en la cual dejan ese plus relacionado con el valor agregado. Valor que nos sirve para suplir las limitaciones de recursos materiales, fundamentales y provenientes del exterior.
Conocemos que, de ningún modo, deberíamos esperar a encontrar una solución lejos de nuestra propia iniciativa en nuestros puestos de trabajo. Menos exigir, a menos que sea imprescindible, la disponibilidad de estas entregas por el organismo central para hacernos llegar los necesarios recursos materiales.
No se trata, en nuestro caso, de hacer referencia a cifras de orden económico como el ahorro que presupone el costo de estos reciclajes. Debemos considerado un gasto de cero punto cero centavos en cualquier moneda si encontramos la forma de resolver estas cuestiones con inteligencia, pero sobre todo despojados de cualquier pensamiento que impida enfrentar la tarea.
Cuando alcanzamos una motivación individual en lo que hacemos positivamente para bien de los demás condicionamos una mayor interrelación con la actitud asumida por cualquier obrero, técnico o investigador en nuestro país, desde hace mucho tiempo, asediado por un férreo bloqueo impuesto hace casi medio siglo por el gobierno de los Estados Unidos.
De la misma forma prendió, en otro colectivo, una iniciativa relacionada con la restauración de las sillas de oficina; debido, evidentemente, a la deficiente calidad de estas producciones industriales de origen nacional. Supongo, en este caso, los inversionistas no tuvieron en cuenta en el proceso fabril realizar la necesaria prueba de campo para conocer sus deficiencias y cito, por ejemplo, la forma en que se “poncha” (debido a la ruptura de un aditamento en el tubo que permite elevar la altura de este mueble).
Pero sobre todo, debemos erradicar la observación malintencionada de quien esgrime salomónicamente: “Ese no es mi problema” y agrega: “Mi asunto no tiene que ver con las deficiencias de otros, sino con mi propia lucha”. “Lo mío es resolver mi problema y el de mi familia”. “Cuando me busco cuatro pesos por la izquierda logro del lobo un pelo”. Y me preguntó: ¿Cómo podríamos resolver los problemas sin tener en cuenta que la lucha no se detuvo con el triunfo de la Revolución en enero de 1959?
Hace unos días me contaba un amigo italiano las impresiones que le causó una reciente visita a su país y particularmente a otras naciones de Europa. “Es increíble. El EuroStar (un tren) demoraba en pasar más de dos horas. Abordé uno donde los pasajeros iban de pie porque no alcanzaban los asientos para viajar como se establece en las reglas de seguridad para estos transportes. Pero lo peor… (No podía ocultar su asombro) la cantidad de edificios construidos y no pueden ser rentados por la extrema situación económica que viven muchas personas en mi provincia (Údine). Los jóvenes ni siquiera encuentran trabajo. Esta situación lo observé, en el caso de los problemas con el transporte, en Dinamarca, por ejemplo”.
La situación de crisis global es real y palpable. Para los cubanos es doble. La única forma de salir adelante es resolver una cuestión filosófica y profunda: el ser social determina la conciencia social. Esa debe ser parte indisoluble de nuestra lucha, la única y verdadera: contribuir a fortalecer la conciencia social como un valor agregado en función de los intereses individuales y colectivos si queremos avanzar con nuestro proyecto Social, en Cuba, con todos y para el bien de todos.

jueves, 15 de julio de 2010

¿Por quién doblan las campanas?



Por Raúl San Miguel

Tomé prestado el título de un libro universalmente conocido para exponer mi criterio, a través de este texto publicado el 3 de diciembre de 2009, de M. G. Lavandero, en La Jiribilla, y con el título“Lisanka”: Del amor y otras guerras frías
Unos seis años tuvo que esperar Daniel Díaz Torres para comenzar a filmar Lisanka. El autor de filmes tan populares y paradigmáticos de la cinematografía cubana como Hacerse el sueco, Kleines Tropicana y Alicia en un pueblo de maravillas, apuesta nuevamente por la comedia en una obra inspirada en el cuento “En el kilómetro 36″, del escritor cubano Francisco García González. Sobre el guión escrito por Francisco, Eduardo del Llano y el propio Daniel, Lisanka cuenta la historia de una joven campesina que se debate entre el amor posesivo de tres hombres, en medio de un contexto social (Cuba, 1962) marcado por las contradicciones de clases, la presencia de la Unión Soviética en la Isla y las contingencias de un proyecto social aún en construcción.
La película ha tenido su première en el 31 Festival, y ha sido aplaudida por un público en su mayoría joven. En una misma noche, fue exhibida dos veces en la sala Chaplin y no sobró una butaca. Quedan disipados así los temores de Enrique Molina, uno de los actores que escogió Daniel para la película: “cuando vi todos esos jóvenes en el cine para ver la película, sentí el inmenso temor de que no fueran a comprenderla; pero a medida que iba rodando, me di cuenta de que sí la comprendían perfectamente, las ironías y los chistes, la construcción de esos personajes tan genuinos para la época y tan distantes de la nuestra.

Casi un año después, la comedia Lisanka de Daniel Díaz Torres, es estrenada este jueves 15 de julio en salas cinematográficas de la capital y de provincias en toda la Isla.
La historia de esta simpática obra cinematográfica transcurre en Cuba, en 1962. Durante la Crisis de Octubre, Lisanka, una joven tractorista, debe elegir entre tres hombres que se disputan su amor, dos cubanos y un soviético.

Fidel camina la Habana



Hace unos años le escuché al líder de la Revolución cubana, referirse al deseo de caminar por la ciudad si tuviese el tiempo para hacerlo y las posibilidades reales que le impedían sus compromisos como jefe de estado. Sin embargo, por estos días el Comandante en Jefe, Fidel, visita centros científicos, conversa con el pueblo y ofrece criterios relacionados con los principales problemas que enfrenta el mundo de hoy. Ahora el despacho, publicado por Cubadebate.cu, ofrecía nuevas informaciones relacionadas con su visita al Acuarium Nacional. Igual que poco más de medio siglo, el pueblo sigue sus pasos. Así dice el texto:

Faltaba media hora para el mediodía de este 15 de julio, cuando Fidel llegó sorpresivamente a la entrada del Acuario Nacional, vistiendo una fresca camisa a cuadros, con pantalón y zapatos deportivos, para enfrascarse inmediatamente en una breve charla con dos niñas y un pequeño grupo de trabajadores que se encontraban a la entrada.

Tras la bienvenida sin protocolos, Guillermo García, el director de la instalación, le fue presentando a miembros de su equipo de dirección en el que son mayoría las mujeres. “Trabajar con mujeres es muy bueno”, le comentó al líder de la Revolución, quien a su vez precisó: “y mucho más seguro.”

Después de repasar con visible alegría fotos y recuerdos de los días de la reinauguración del Acuario en el año 2002 y saludar a una amplia representación de los trabajadores, entre ellos la doctora veterinaria Celia Guevara March, hija del Che, con quien hizo un cariñoso aparte para saber de la familia, Fidel fue invitado a presenciar el espectáculo submarino de los delfines, único de su tipo en el mundo.

Tres delfines hembra de alrededor de 7 años de edad, son las estrellas del emotivo espectáculo que atrae desde antes de comenzar, cuando los entrenadores inician su comunicación con los animales desde la parte superior de la piscina de 500 metros cúbicos de agua, visible a través de una amplia ventana de acrílico de 7 metros y medio de altura, 14 de ancho y 22 centímetros de espesor.

Según el director del Acuario le explicó a Fidel, a diferencia de las presentaciones en superficie, que hacen pausas frecuentes para premiar la actuación de los animales con algún alimento, esta solo tiene como estímulo el momento previo en que se produce esa comunicación de ambas partes.

Sobre las 11 y 47 comenzó la impresionante exhibición de 20 minutos aproximadamente, en la que las tres delfines y sus entrenadores (dos muchachas y un muchacho) se entrelazaban y danzaban entre sí, impulsados desde los pies por los poderosos animales, cuyo peso promedio está sobre los 150 kilos.

Visiblemente impresionado, Fidel no dejó de hacer comentarios y preguntas a sus anfitriones. Lo primero, el tiempo de los entrenadores bajo el agua sin respirar, como promedio entre un minuto y un minuto y medio con intervalos de apnea de 30 a 40 segundos, lo que constituye un ejercicio duro.

Para el espectáculo, que la Asociación Mundial de mamíferos marinos certificó como exclusivo de su tipo en el planeta, están preparados 8 entrenadores, formados totalmente en el Acuario cubano, quienes se alternan en sus actuaciones.

Hasta muy tarde-de 5 de la tarde a diez de la noche- se extienden las presentaciones veraniegas de este exclusivo show que incluye madrugadas cuando se producen las visitas de niños con xeromatosis pigmentosa, un padecimiento de la piel que les impiden tomar el sol.

Fidel también se interesó por la relación entre los entrenadores y sus animales y los posibles riesgos de ataque, muy muy raros, según le explicaron y solo debido a errores humanos, porque los delfines son seres muy sociables que como promedio viven 25 años y pueden alcanzar el doble cuando están en cautiverio.

Con la ayuda de los entrenadores desde el otro lado del acrílico, las hermosas delfines saludaron varias veces a Fidel creando aros de burbujas y parándose de cabeza. Fue cuando se explicó el “sonar” de estos particulares animales y los kilómetros que puede alcanzar como una suerte de ultrasonido que ha hecho que los utilicen para detectar minas y en otras actividades militares.

Comentando luego otros detalles, García dijo que han recibido la visita de entrenadores de varios países, entre ellos algunos norteamericanos quienes reconocieron que en toda Norteamérica no existe nada igual y no conocen que exista en otras partes.

“Parece que delfines tampoco”, se lamentó Fidel, recordando el profundo daño al ecosistema propiciado por todo lo que se vierte sobre los mares y que ha afectado a estas y otras especies. Su observación fue respaldada por los datos del director del Acuario, quien habló del reporte de más 200 delfines y cerca de 550 tortugas muertos como consecuencia del derrame de petróleo en el Golfo de México.

“Hay dos peligros tremendos, el peligro de guerra y el peligro para el medio ambiente”, advirtió Fidel, quien se lamentó de que eso ocurra a pesar de la extraordinaria acumulación de conocimientos que se ha producido en los últimos 60 años, periodo en el que se han triplicado todos los conocimientos. Adelantó que está preparando una Reflexión donde aborda estos temas y reiteró nuevamente su advertencia de que “el mundo vive entre dos tragedias, la de la guerra y la del medio ambiente”.

Después de tomarse fotos con los entrenadores y el colectivo del Acuario, Fidel comentaba la razón de sus primeras preguntas en relación con el tiempo de los entrenadores bajo el agua, debido a su experiencia como legendario submarinista: “Sé lo que es estar sin respirar y tomar aire con aqualon y sin aqualon,.”

A una pregunta del director informó que algunas veces llegó a superar los dos minutos sin respirar, pero sin hacer movimiento alguno. “Puedo apreciar lo que ellos hacen, lo que es la apnea y lo que significa repetirla.” También recordó con particular emoción haber compartido alguna vez sus nados con delfines en la bahía de Naranjo en Banes, en la actual provincia de Holguín.

Ya en la despedida se interesó por los días de funciones del Acuario -de martes a domingo hasta las diez de la noche con descanso el lunes- y el tiempo de trabajo y descanso de todo el personal, especialmente los que animan los espectáculos con los animales, con frecuencia de tres veces por día, bajo asesoramiento de los médicos de medicina subacuática del Hospital Naval en el caso del show bajo el agua, cuyo riesgo fundamental es la repetición de la apnea.

Resumiendo sus impresiones de la visita, Fidel calificó el espectáculo visto como “algo muy sosegado, más bonito que cualquier otro que haya visto. Si uno quiere un obsequio para alguien por quien sienta especial consideración, este es.”

A la salida, prácticamente todo el personal del Acuario y decenas de visitantes se habían congregado en las proximidades para saludar con vítores al líder de la Revolución.

El Acuario Nacional de Cuba, fundado hace exactamente 50 años, el 23 de enero de 1960, cuenta con una población de más de 3 000 animales, 23 de ellos mamíferos marinos, 8 delfines y 15 lobos marinos, atractivo principal de la instalación que recibe unos 3 000 visitantes por día y entre 25 000 a 30 000 turistas por año.