lunes, 2 de agosto de 2010

Timba con rimba

Por RAÚL SAN MIGUEL
Fotos: Natalie Rodríguez y de la Internet

La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá.
Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya.
Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.










¿Epílogo?
PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO
Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Victor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.
Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
que te hablen siempre en español.

El negro Nicolás, Ibbaé, Pakatá, Pakatá

Timba con rimba


La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá. Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya. Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.

Timba con rimba



La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá. Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya. Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.

viernes, 23 de julio de 2010

Los sobrevivientes

Por RAÚL SAN MIGUEL / Foto: Del USS New York, Tomada de Internet
LAS imágenes de las personas que se lanzaban del World Trade Center, no pueden ser borradas siquiera por el paso de los años. Tampoco el rostro de los “sobrevivientes” a los ataques atómicos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Ninguna de las víctimas de los campos de concentración nazis (ni los muertos ni los sobrevivientes) puede evitar recordar el olor que desprendían los hornos donde se consumieron las vidas de millones de seres humanos. El siniestro aroma de la muerte también estuvo presente en las aldeas desfoliadas por el agente naranja y las bombas que llovían sobre Viet Nam. Nadie puede olvidar, nadie tiene derecho a olvidar.
Somos un mundo de sobrevivientes a las catástrofes humanas, pero no podemos aceptar la continuidad de estos conflictos cuya esencia se define en las pretensiones imperiales de extender su hegemonía a todos los rincones del planeta.
En relación con los terribles sucesos provocados por el criminal ataque a las torres gemelas de Nueva York se han publicado decenas de artículos y documentales en los cuales se acusa directamente al, entonces, gobierno de los Estados Unidos de asumir una actitud negligente en cuanto a las informaciones de los servicios especiales de inteligencia en relación con un posible ataque de grupos extremistas radicados en territorio norteamericano.
Sin embargo, la administración no tomó en serio estos informes. Al menos no se procedió para evitar el derribo de este símbolo de la economía occidental y mucho menos las muertes de las personas que lo ocupaban o viajaban en las aeronaves convertidas en misiles.

Pero la paranoia continúa. Desde hace algún tiempo navega el buque militar USS New York, creado con siete toneladas y media de acero extraído de los restos de las Torres Gemelas, entró al canal de la ciudad y se detuvo ante la denominada zona cero: el lugar donde se levantaba el World Trade Center destruido en los atentados del 11-S.
Uno de los miembros de la tripulación, el neoyorquino Jessie Jonson, declaraba a la prensa: “Haber construido esta embarcación a partir de un acto tan perverso demuestra que con perseverancia siempre es posible crear algo que hará bien en el mundo, y es un honor formar parte de ello”.
A pesar del tiempo en que se publicó este argumento podríamos, nosotros los sobrevivientes en el planeta tierra, tener en cuenta la necesidad de impedir que sea la guerra el camino para defender el derecho a la coexistencia pacífica y el respeto al derecho de la existencia para todos los seres humanos.
El barco, hasta ese momento, el más joven de la marina de guerra estadounidense costó cerca de 1.200 millones de dólares, dinero invertido (una vez más) en función de la muerte. Antes le precedieron con este nombre 7 buques de la armada: Una góndola construida en el lago Champlain en 1776 que participó en la batalla de la isla Valcour; una fragata (36 cañones) que fue destruida por los británicos en 1814; un navío de línea (74 cañones) que nunca tocó el agua y fue quemado en 1861; Una balandra de hélice que fue puesta en grada en 1863 con el nombre: Notario y renombrada en 1869, para ser vendida mientras aún estaba en las gradas en 1888; le siguió un crucero acorazado que participó en la guerra hispano-cubana, históricamente conocida por: hispano-cubano-americana, debido a la intervención de Washington en el final de la guerra por la independencia de Cuba. Esta nave fue renombrada USS Saratoga (en 1911) y USS Rochester (en 1933) y, finalmente, hundida en 1941; le siguió un acorazado que participó en combates en las dos guerras mundiales y dado de baja en 1946, tras sobrevivir a las pruebas realizadas con las bombas atómicas lanzadas sobre el Japón, en ese mismo año.
El imperio se prepara, agitadamente, para iniciar una nueva escalada. Esta vez, el escenario (el territorio de Irán) precisa de elementos que justifiquen la intervención inmediata y el uso del arma atómica que generaría (por lógica) una reacción en cadena por el lanzamiento de estas armas y cuyas consecuencias serían impredecibles, aunque no inimaginables, para la vida en la tierra.
El USS Nueva York, no es un símbolo pacífico, ni una advertencia a la estúpida política del imperio, es una muestra de su disposición a destruir todos los símbolos que contengan un mensaje diferente a las verdaderas pretensiones expansionistas de los Estados Unidos.

viernes, 16 de julio de 2010

¿Del lobo un pelo?

Por RAÚL SAN MIGUEL

Por estos días el diario Granma retomó un asunto que advierte de los problemas relacionados con la incultura del reciclaje. Me refiero específicamente a tema de los tónners, esos cartuchos utilizados por las impresoras láser que desde hace algún tiempo en la provincia de Pinar del Río se observa un esfuerzo por reabastecer el mercado nacional.
Cuando digo “reabastecer” me refiero a un paliativo, resulta imposible (hasta dónde puedo saber) que esa pequeña industria no podría satisfacer la demanda de miles de estos cartuchos bastante costosos.
Una vez más, Granma acude a la necesaria reflexión de quienes aún no comprendemos cuánto representaría para el país, el reciclaje ordenado de estos implementos que generalmente terminan su vida útil lejos del lugar donde pueden ser siquiera recuperados como materia prima electrónica, por citar un ejemplo.
Desde hace varios años y ante la disyuntiva de buscar una variante que permitiera prescindir de estos complementos algunos colectivos laborales han conseguido _en forma artesanal y poco ortodoxa desde el punto de vista industrial_ resultados viables en el restablecimiento de los cartuchos para las impresoras Láser Jet 5 000 y 5 200. Por supuesto, reitero, estos implementos hasta pudieron ser rellenados en tres oportunidades con una duración superior a los cuatro meses de intensa explotación.
Sin embargo, no es solo el haberlos puesto a disposición del trabajo es la única satisfacción de quienes concluyen una jornada en la cual dejan ese plus relacionado con el valor agregado. Valor que nos sirve para suplir las limitaciones de recursos materiales, fundamentales y provenientes del exterior.
Conocemos que, de ningún modo, deberíamos esperar a encontrar una solución lejos de nuestra propia iniciativa en nuestros puestos de trabajo. Menos exigir, a menos que sea imprescindible, la disponibilidad de estas entregas por el organismo central para hacernos llegar los necesarios recursos materiales.
No se trata, en nuestro caso, de hacer referencia a cifras de orden económico como el ahorro que presupone el costo de estos reciclajes. Debemos considerado un gasto de cero punto cero centavos en cualquier moneda si encontramos la forma de resolver estas cuestiones con inteligencia, pero sobre todo despojados de cualquier pensamiento que impida enfrentar la tarea.
Cuando alcanzamos una motivación individual en lo que hacemos positivamente para bien de los demás condicionamos una mayor interrelación con la actitud asumida por cualquier obrero, técnico o investigador en nuestro país, desde hace mucho tiempo, asediado por un férreo bloqueo impuesto hace casi medio siglo por el gobierno de los Estados Unidos.
De la misma forma prendió, en otro colectivo, una iniciativa relacionada con la restauración de las sillas de oficina; debido, evidentemente, a la deficiente calidad de estas producciones industriales de origen nacional. Supongo, en este caso, los inversionistas no tuvieron en cuenta en el proceso fabril realizar la necesaria prueba de campo para conocer sus deficiencias y cito, por ejemplo, la forma en que se “poncha” (debido a la ruptura de un aditamento en el tubo que permite elevar la altura de este mueble).
Pero sobre todo, debemos erradicar la observación malintencionada de quien esgrime salomónicamente: “Ese no es mi problema” y agrega: “Mi asunto no tiene que ver con las deficiencias de otros, sino con mi propia lucha”. “Lo mío es resolver mi problema y el de mi familia”. “Cuando me busco cuatro pesos por la izquierda logro del lobo un pelo”. Y me preguntó: ¿Cómo podríamos resolver los problemas sin tener en cuenta que la lucha no se detuvo con el triunfo de la Revolución en enero de 1959?
Hace unos días me contaba un amigo italiano las impresiones que le causó una reciente visita a su país y particularmente a otras naciones de Europa. “Es increíble. El EuroStar (un tren) demoraba en pasar más de dos horas. Abordé uno donde los pasajeros iban de pie porque no alcanzaban los asientos para viajar como se establece en las reglas de seguridad para estos transportes. Pero lo peor… (No podía ocultar su asombro) la cantidad de edificios construidos y no pueden ser rentados por la extrema situación económica que viven muchas personas en mi provincia (Údine). Los jóvenes ni siquiera encuentran trabajo. Esta situación lo observé, en el caso de los problemas con el transporte, en Dinamarca, por ejemplo”.
La situación de crisis global es real y palpable. Para los cubanos es doble. La única forma de salir adelante es resolver una cuestión filosófica y profunda: el ser social determina la conciencia social. Esa debe ser parte indisoluble de nuestra lucha, la única y verdadera: contribuir a fortalecer la conciencia social como un valor agregado en función de los intereses individuales y colectivos si queremos avanzar con nuestro proyecto Social, en Cuba, con todos y para el bien de todos.