RAÚL SAN MIGUEL
El mundo está patas arriba, así parece si le miramos desde cualquier ángulo situado en cualquiera de los dos puntos cardinales: el Norte y el Sur. Mientras escribo recuerdo la imagen adelantada del actor Charles Chaplin en la famosa película de la cual utilicé el título para este comentario.
El mundo está patas arriba y sin embargo, al sur no cae nada de los bolsillos del norte. No obstante, los que le han virado preparan misiles y ojivas nucleares para “enderezarlo”. Precisamente, cuando toda la humanidad debería recordar las consecuencias de las bombas lanzadas por aviones norteamericanos sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Solo, que esta vez, han decidido cambiar el escenario, pero no podrán reducir la reacción en cadena que provocaría un “error” de cualquier proyectil lanzado por los ejércitos (liderados por Washington) que maniobran peligrosamente y en franca amenaza de agresión contra la República de Corea del Norte.
El mundo está patas arriba y en las portadas de los diarios aparecen los chismes que se fotografían de representantes de las monarquías, actrices que enseñan sus escuálidos y estilizados cuerpos hasta la pelvis e incluso los glúteos, sin bragas. Personajes que arreglan bodas millonarias para continuar haciendo política entre los invitados y muchísimas imágenes medio porno y porno y medio donde todo se vende y todo se exhibe, menos las patas del mundo hacia arriba.
El mundo está patas arriba y millones de personas quedan sumergidas en la absoluta miseria a la espera de la muerte como única alternativa para sus miserables vidas. Alguien me sugirió que rezara durante una de mis visitas a un portal del ciberespacio. ¿No sé rezar? No, en realidad tendría que hacerlo como Dios manda y para eso nada mejor que escoger mi estos versículos escritos por un hombre del Sur, que no es Dios, pero estoy seguro que alguien en el cielo debió escucharlo, para no repetir el terrible episodio de las guerras mundiales.
Como soy latino del Sur, centroamericano. Quiero compartirles este rezo que fuera concebido por el arcángel Mario Benedetti. Solo, y a modo de sugerencia, desearía que cada cual lo tradujera a su propio credo.
Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
como se llega al sur de Río Grande
Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos dondequiera que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver la uñas
sucias de la miseria
en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo
cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad
sin embargo una vez cada
tanto tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer
así en tu omnipresencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora
pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a su pájara
en los cancilleres que murmuran yes sir
en cada mano que se convierte en puño
claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día
ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos
a más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro
poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores
todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta
no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido
ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y el amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.
viernes, 6 de agosto de 2010
martes, 3 de agosto de 2010
La luna no queda muy lejos

Por RAÚL SAN MIGUEL
Dos noticias ocuparon los mayores espacios de difusión de todo el mundo en los primeros meses de este año: el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, resultó elegido para el Premio Nobel de la Paz, con menos de un años de administración en la Oficina Oval. Sin embargo, el Comité de los nobels no perdió la oportunidad de congratular a quien “representa la imagen de cambio” en el país líder de las coaliciones imperialistas. Y lo del cambio es cierto, no comparto el criterio de algunos analistas que piensan lo contrario del hombre destinado a lanzar una ofensiva para recuperar el espacio perdido por el gobierno de los Estados Unidos en el planeta. Algo así, como la salida al ruedo de un jugador del futbol rugby inteligente y con el rostro de un…, afroamericano.
Como si fuera poco, otra noticia surcó el ciberespacio y desprendió múltiples interrogantes: La NASA lanzaría un proyectil contra la Luna para comprobar la existencia de agua en el satélite natural de la tierra. De antemano, los especialistas, sabían los resultados y de paso el proyectil marcaría el derrotero a seguir para determinar quién manda en el cosmos. Más claro, quienes disponen de la tecnología para basificar (militarmente, por supuesto) la frontera exterior de la tierra y de paso controlar lo que “entra”, lo que sale y todo aquello (satélites) que se pongan en la órbita fuera de los intereses del “gendarme mundial”.
El hecho parecería insólito si no tenemos en cuenta que tal acción acelera los preparativos para el establecimiento de la propiedad norteamericana sobre el líquido (agua lunática) que determinará (posiblemente) el asentamiento de colonias en la Luna y crearía más diferencias en un mundo cada vez más deteriorado y climáticamente agonizante.
Antes los científicos hindúes informaron sobre los datos obtenidos por una nave: la Chandrayaan-1, que detectó la presencia de agua bajo la superficie del satélite natural de la tierra. Como si fuera poco en la austral ciudad chilena de Punta Arenas se estableció el centro de la operación Ice Bridge (de la NASA) y cuyo propósito es desentrañar los secretos de la Antártida, un continente que alberga el 90 por ciento de toda el agua dulce del mundo y es clave en la evolución climática del planeta.
Para lograr sus objetivos, se determinó colocar a bordo de un avión DC-8 (laboratorio aéreo) modernos equipos para estudiar los cambios marinos, un primer grupo de científicos norteamericanos llegará el 12 de octubre a esa zona azotada por los vientos del Estrecho de Magallanes.
Los investigadores estadounidenses aseguraron que realizarían vuelos sobre la Antártida occidental, la Península Antártica y áreas costeras donde persiste la gélida masa blanca, pese al aumento de las temperaturas ante la proximidad del verano. De esta manera podrían obtener información que no puede aportar un satélite artificial.
En medio de este atractivo programa se esconden objetivos no compartidos por el imperio con el resto de las naciones que conforman este planeta. Desde hace mucho tiempo se advierte que será, finalmente, el agua y no los hidrocarburos el recurso que impondrá la condición de dominantes sobre desabastecidos.
No se extrañe el lector si el descubrimiento lunático (y no me burlo con ese término) ya sea amasado por alguna compañía que determine la influencia de estas aguas de la Luna sobre el metabolismo humano, sus propiedades energéticas e influencia en el retraso de la vejez.
Por otra parte, recuérdese, el ejército cibernético que prepara la US Army con divisiones tecnológicas capaces de interferir en las comunicaciones y el funcionamiento vital de los ingenios espaciales de otras naciones; incluso desarticular y sabotear cualquier medio de transferencia y almacenamiento de datos conectado a una red o disparar el misil que inicie la ofensiva descrita en el programa “Guerra de las Galaxias”. Solo que no es galáctica la guerra, sino imperial como tantas otras que se han desarrollado desde el primer imperio hasta la fecha.
El asunto es más serio. La guerra por el control del agua ya se define en estos proyectos. Ese y no otro, resulta el combustible vital para la existencia humana. El propósito de colonizar la luna no será otro paso que el de establecer el control del planeta y un poco más allá… en realidad, la Luna no queda tan lejos.
lunes, 2 de agosto de 2010
Timba con rimba
Por RAÚL SAN MIGUEL
Fotos: Natalie Rodríguez y de la Internet
La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá.
Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya.
Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.
¿Epílogo?
PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO
Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Victor Hugo.
Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.
Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)
Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.
Un favor:
que te hablen siempre en español.
El negro Nicolás, Ibbaé, Pakatá, Pakatá
Fotos: Natalie Rodríguez y de la Internet
La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá.

Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya.

Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.
¿Epílogo?
PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO
Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Victor Hugo.
Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.
Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)
Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.
Un favor:
que te hablen siempre en español.
El negro Nicolás, Ibbaé, Pakatá, Pakatá
Timba con rimba
La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá. Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya. Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.
Timba con rimba

La música está en las palabras, también en las malas palabras, en el sudor de la hembra que corre desde los pechos estremecidos hasta el vientre, en el sudor del hombre, que la mira y recuerda el horno que le enciende la piel, cuando trabaja. No es música para vagos, no es la música de la chambelona, que se quedó del lado de allá, de los que miran, en silencio y aún sueñan con los esclavos que sirvan del lado de acá. Miran con rabia y desean que las buenas palabras se conviertan en malas palabras por el dolor de lo que falta, de lo que se pierde o de la impotencia. Suena el tambor: pakatá, pakatá, y de timba en tiempo de rimba, de timba y timbales, crecemos, con defectos, no jorobados, con la tierra bajo los pies, crecemos e interrumpimos los sueños de los que miran sus pesadillas desde allá, pa´ver si la timba no suena, si se apaga, si la pudieran apagar, pero escuchan, en silencio, la voz de los timbales que no dicen las palabras buenas que ellos quieren escuchar desde acá. Suena el tambor: pakatá. Y la música no cambia el ritmo, en la Isla, otra orquesta suena ya, tiene 50 años, Pakatá, Pakatá, esta hecha con azúcar, con el sudor de las cañas, de lo que crece en el pecho, Pakatá, Pakatá. Suena el tambor y ¿no entiendes? ¿Es que no entiendes ya? Con permiso del poeta, Ibbae Guillén o Juan Tomás, que no esperen que la fruta caiga, y caiga del lado de allá, porque han crecido las palmas y el Caguairán anda ya. Que no esperen la fruta, que no esperen que caiga, porque mientras escribo, escucho la timba con rimba y no hay palabras que la maduren, ni brazos que la alcancen bajito, aunque lloren de impotencia. La timba suena a timbales y sigue del lado de acá. Pakatá.
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