viernes, 28 de enero de 2011

Fuente de eterna luz



Regresaba de un homenaje por el aniversario 158 del nacimiento de nuestro José Martí Pérez. Desde hacía unos días había pensado en realizar mi pequeño homenaje al Maestro, el Apóstol que sirvió a su Patria y muchos de los pueblos de América Latina. El hombre que cayó en Dos Ríos, después de escribir su carta inconclusa al amigo, el mexicano, Manuel Mercado.

Quise escribir una crónica y me encuentro estas que fueron escritas por Regla Bárbara Llorente Querol del Grupo Guevaristas, del cual formo parte. Me gustaría compartirlas con mis amigos del blog.

TRIBUTO

Al niño de Caimito de Hanábana van dirigidas estas palabras, al Hombre de la Edad de Oro, que supo ver en los infantes “la esperanza del mundo”.
A Martí en el aniversario 158 de su natalicio.

A Martí que reconoció en el amor el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo y lo asoció con los pinos y las palmas para, desde su altura, ver pequeño al mundo.

Al hombre amante que escribía a su amada con la misma pasión con que hablaba de la Patria, allá en el exilio.

Al hombre sincero que murió como quiso “de cara al Sol”, los cubanos y cubanas de hoy rendimos tributo y, en ello va todo: el agradecimiento por sus primeros apuntes, por presentarnos a Fermín Domínguez, a María Mantilla, a Carmen, a Doña Leonor, a Manuel Mercado y a tantas personas que pudieron disfrutar de su presencia y aprender de él, en la misma medida en que lo nutrieron.

Al periodista que hizo de esta profesión un oficio, un servicio público, le agradecemos su pluma firme y sensual que demuestra la fuerza de las palabras en tanto son “proposición, estudio, examen y consejo”
Al hijo que sintió en su madre “el sostén de la vida” y que dijo “toda madre debiera llamarse Maravilla” los cubanos y cubanas recordamos en el aniversario 158 de su natalicio, convencidos de que su obra nos inspira y su ejemplo indica el camino.
La suerte está echada: Unidos a la Patria. “Nadie como ella para hacer crecer a sus hijos”.

AMO A MI PAÍS

Amo a mi país y a su gente.
Cualquiera diría que es natural si en él nací y su gente soy yo misma.
Pero sucede que mi gente es de las que se crece en las dificultades y, al primer llamado, al primer sufrimiento, tiende su mano, sin pedir nada a cambio.
Así ha sido siempre, desde que se unieron negros y blancos en la manigua mambisa al grito de !Viva Cuba Libre!

Diferencias aparte, mi gente siempre antepone la necesidad y sentimientos colectivos a lo personal.

En estos días en que el mundo sufre y mira espantado cuánto dolor puede resistir un país víctima primero de la furia de la Naturaleza y de siglos de explotación y ahora del cólera, mi pueblo vuelve a mostrar su esencia.

Entre los primeros en llegar y prestar auxilio, aunque ya estábamos dándole luz a la vida desde hace once años, de forma permanente, con Brigadas Médicas de alta calificación profesional y, aún mayores, valores humanos.
Amo a mi país y a su gente.

Las imágenes hablan por sí solas del amor, la dedicación y la responsabilidad con que se trabaja en Haití para robarle vidas primero a los escombros y después al cólera. En condiciones mínimas se establecieron quirófanos para atender a lesionados y enfermos.

Se escucha el lamento de una nación necesitada de sueños realizables con la ayuda de los demás.

Crece mi gente y con él su pueblo, es decir, mi pueblo.
En nombre de la Humanidad, cubanos y cubanas se han puesto de pie y comparten conocimientos, esfuerzos, necesidades, dolor y también esperanza.
Esa que sólo es posible "con todos y para el bien de todos".
Amo a mi país y a su gente, su gente que soy yo misma.

JUVENTUD CUBANA: NI PERDIDA, NI DESENTENDIDA

"La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar", escribió Martí en el periódico La Nación, de Buenos Aires, Argentina, en agosto de 1889.
Sabía muy bien el Maestro que en manos jóvenes definitivamente se alzaría el triunfo, sabía que el vigor , la impaciencia y el deseo de ser útiles eran razones más que suficientes para involucrarlos en la lucha y en la proclamación de una República "con todos y para el bien de todos".

Con el paso de los años la juventud cubana ha crecido hasta su máximo esplendor, sin que ello signifique que todo está logrado y no hay nada que hacer o aportar. Pero, lo cierto es, que ha sido abanderada de las principales luchas de nuestro pueblo.
Ayer, en la manigua mambisa. Después en los reclamos estudiantiles, en las exigencias obreras, en el Asalto a los Cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo. En el exilio, en el Granma, en la Sierra, en el llano... en el triunfo de enero del 59.

Después en la alfabetización-, en las nacionalizaciones, en la Lucha contra Bandidos, en Girón, enfrentando y derrotando al Ejército mejor armado del planeta.
La juventud cubana estuvo de protagonista en los días de la Crisis de Octubre y en toda la labor organizativa de una sociedad, heredera de las más nobles ideas, a pesar de los prejuicios y vicios acumulados.

La juventud cubana -protagonista indiscutible de la resistencia y la victoria de su pueblo- ha estado siempre al frente de cada batalla y en cada triunfo.
Caracterizada por su honradez, honestidad, lealtad, solidaridad, patriotismo, dignidad y responsabilidad con su pueblo, entre muchos valores, la juventud cubana asiste al reto de recibir el legado de la historia y fortalecer esa gran obra de todos que es la Revolución.

Las nuevas generaciones de cubanos están al alcance de las manos, creando y amando; están en los campos, en las fábricas, prestando servicio a la población, en las aulas, en el deporte, la cultura, en la defensa, en los centros de salud dándole luz a la vida, en los polos científicos y tendiendo las manos en cualquier lugar del mundo que las necesiten.

De la juventud cubana se puede hablar de su pasado glorioso, de su presente de lucha y resistencia y de futuro de victoria. Quien no lo reconozca es porque le enceguece tanta luz.

Gracias a María Regla

Este es el último poema que escribió Victor Jara estando en estadio Chile y ademas están las palabras de quien estuvo con él durante todo ese maldito momento de torturas, a los que fueron sometidos muchos compañeros. Es emotivo y demuestra mas la brutalidad de los milicos.


“Somos cinco mil aquí,en esta pequeña parte de la ciudad.Somos cinco mil.¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país? Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas.¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor,presión moral, terror, locura!Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas.Un muerto, uno golpeado como jamás creí se podría golpear a un ser humano.Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,uno saltando al vacío,otro golpeándose la cabeza contra el muro,pero todos con la mirada fija en la muerte.¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.La sangre para ellos son medallas.La matanza es acto de heroísmo.¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa,que lentamente querrá más la muerte.Pero de pronto me golpea la conciencia y veo esta marea sin latido y veo el pulso de las máquinas y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.¿Y México, Cuba y el mundo?¡Que griten esta ignominia!Somos diez mil manos menos que no producen.¿Cuántos somos en toda la patria?La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas .Así golpeará nuestro puño nuevamente.Canto, qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto.Espanto como el que vivo,como el que muero, espanto de verme entre tantos y tantos momentos de infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto.Lo que nunca vi,lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento...”Victor Jara
Porque a pesar de lo fuerte, vale la pena ser leido, en onor a nuestro Querido Victor.
Yorka.
por Boris Navia (Chile)
“¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, gritó el ficialapuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesoes y estudiantes de la UTE ingresábams con las manos en la nuca y a punta de bayoneta al Estadio Chile la tarde del miércoles 12 de septiembre d 1973.El día antes, Víctor debía cantar en el acto que se relizaría en l UTE, donde el Presidente Allende anunciaría el llamado a plbiscito al pueblode Chile.
¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, repitió iracundo eloficial. El casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola al cinto y balanceando su cuerpo tensado y prepotentesobre sus botas negras.
“¡A ese huevón!… ¡a ése!”. El milico lo empuja, sacándolo de la fila.
“¡No me lo traten como señorita, carajo!”. Ante la orden, el soldado levanta el fusil y le da un feroz culatazo en la espalda de Víctor, que caede bruces casi a los pies del oficial.
“¡Ch’e tu madre! Vos soy el Víctor Jara, huevón. El cantor marxista, el cantor de pura mierda!”
Y su bota se descarga furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con las manos; ese rostro que cada vez que lo levanta esboza una sonrisa, que nunca loabandonó hasta su muerte.
“Yo te enseñaré, hijo de puta, a cantar canciones chilenas, no comunistas!”El golpe de la bota sobre un cuerpo indefenso no se olvida jamás… El oficial sigue implacable su castigo, enceguecido de odio, lo increpa y patea. Labota maldita se incrusta en la carne del cantor.
Nosotros, apuntados por los fusiles contemplamos con horror la tortura de nuestro querido trovador y pese a la orden de avanzar nos quedamos transidos frente al horror.
Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. Este se desespera. Y de improviso desenfunda la pistola y pensamos con pavor que disparará sobreVíctor. Pero, ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez.Grita e increpa. Es histeria fascista. Y, entonces, la sangre de Víctor comienza a empaparle su pelo, a cubrirle su frente, sus ojos… Y la expresión de su rostro ensangrentado se nos quedó grabada para siempre en nuestras retinas…
El oficial se cansa del castigo y se detiene, mira a su alrededor y advierte los cientos de ojos testigos que lo observan con asombro y con ira.Se descompone y grita.
“¿Qué pasa, huevones! ¡Que avancen estas mierdas! Y a este huevón -se dirige a un soldado- me lo pones en ese pasillo y al menor movimiento lo matas, ¡lo matas, entendiste, carajo!”.
El Estadio Chile se iba llenando rápidamente con prisioneros políticos.Primero 2.000, luego serían más de 5.000 Trabajadores heridos, ensangrentados, descalzos, con su ropa hecha jirones, bestialmente golpeados y humillados. El golpe fascista tuvo allí, como en odas partes, una bestialidad jamás vista.
Las voces de los oficiales azuzando a los soldados a golpear, a patear, a humillar esta “escoria humana”, a la “cloaca marxista”, como lo espetan.
Hasta hoy día la gente nos pregunta si los miles de prisioneros del Estadio presenciaron estas torturas a Víctor y la respuesta es que sólo unos pocos, sus compañeros de la UTE y los más cercanos, ya que el destino y la vida de cada uno estaba en juego y, además, el Estadio Chile era un multiescenario del horror, de la bestialidad más despiadada. Allíarriba un oficial le cortaba la oreja con un corvo a un estudiante peruano, acusándolo por su piel morena de ser cubano. Un niño de 14 años enloquecía y el soldado le descargaba su arma. De pronto un soldadotropieza en las graderías con el pie de un obrero viejo y “El Príncipe”, que así se hacía llamar el oficial a cargo, desde lo alto de los reflectores que nos enceguecían le ordena que lo golpee y el soldado toma el fusil porsu cañón y quiebra su culata en la cabeza del trabajador que se desangra hasta morir.Víctor, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento con prohibición de moverse. Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva CanciónChilena, con su “Plegaria de un Labrador”.
Allí es obligado a permanecer la noche del miércoles 12 y parte del jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua.Tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por elPríncipe ante las delegaciones de oficiales de otras ramas castrenses, y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.
La tarde del jueves se produce un revuelo en el Estadio. Llegan buses de la Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de los busesmuchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.
Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida. Que pase a ser uno más entre los miles. Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas lecortamos un poco su pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribim os con su nombre completo: Víctor Lidio Jara Martínez.
Pensábamos, con angustia, que si llegábamos con Víctor al Nacional, y escapábamos de la bestialidad fascista del Chile, podríamos, tal vez, salvar su vida.Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero más tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctortoma el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierrade Lonquén, así comíamos los huevos”.
Y duerme con nosotros la noche del jueves, entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos qué haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante revolucionario, ahora en dictadura, y su rostro se ensombrece previendo quizás la muerte.
Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas, y del Presidente Allende, muerto en La Moneda; de su amado pueblo, de su partido y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda aquella noche de septiembre.
El viernes 14 estamos listos para partir al Nacional.Los fascistas parecen olvidarse de Víctor. Nos hacen formar para subir a unos buses, manos en alto y saltando. En el último minuto, una balacera nos>vuelve a las graderías. Y llegamos al fatídico sábado 15 de septiembre de 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias de que saldrán en libertad algunos compañeros. Frenéticos, empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles solamente que estábamos vivos. Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo mi libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan su compañera.
Y escribe, escribe, con el apremio del p resentimiento. De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta una de las casetas detransmisión y por ello lo seguimos viendo.
El oficial llamado el Príncipe tenía visitas, oficiales de Marina. Y desde lejos vemos cómo uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La tranquilidad que emana de losojos de Víctor descompone a sus cancerberos. Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido,ensangrentado. Luego, no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vezsobre todo aquel pueblo mancillado.
Aquella tarde, nos trasladan al Estadio Nacional y al salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Cincuenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ell os, junto a Litré Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, elcuerpo inerte perforado a balazos de nuestro querido Víctor Jara.La brutalidad fascista había concluido su criminal faena. Era la tarde el sábado 15 de septiembre.
Al día siguiente su cuerpo sería arrojado cerca del Cementerio Metropolitano.
Aquella noche, entre golpes y culatazos, ingresamos al Estadio Nacional. Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu canto, amado Víctor, Víctor del Pueblo.Esa misma noche y al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que él mismo tituló “Estadio Chile”.Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondió las dos hojas del poema; antes yo hice dos copias de él, y junto al ex senador Ernesto Araneda, tambiénpreso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que salían en libertad.
Sin embargo, el joven es revisado en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor y bajo tortura obtienen el origen del poema, llegan a mí y me llevan al velódromo, transformado en recinto de interrogatorios.Me entregan a la FACH y, tan pronto me arrojan a la pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los versos. “¡Ese zapato cabrón!”, grita. Su brutalidad se me viene encima.Golpea el zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y comienzan las torturas destinadas a saber si existían más copias del poema.
¿Por qué a los fascistas les interesaba tanto el poema? Porque a cinco días del golpe en Chile, el mundo entero, estremecido, alzaba la voz levantando las figuras de Salvador Allende y Víctor Jara y, en consecuencia,sus versos de denuncia había que sepultarlos.
Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la tortura. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones, era el tiempo necesario para que elpoema de Víctor atravesara las barreras del fascismo.
Y, con orgullo, debo decir que los torturadores no lograron lo que querían.
Una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad

miércoles, 26 de enero de 2011

Juventudes latinoamericanas, la memoria intacta

Raúl San Miguel

Fotos: Rommell Cabrera

Por estos días he tenido la suerte de compartir con amigos latinoamericanos y sobre todo el privilegio de comprobar que se mantiene la memoria histórica de las luchas revolucionarias. Me refiero a Julio Marcos Talavera, Estela Teitelbaum y Nora Salas. Todos, entre miles como lo hacen sus hijos, para mantener vivo el pensamiento del Comandante Ernesto Che Guevara, como un ejemplo para la lucha que abrirá las grandes alamedas a las que se refirió el Presidente Salvador Allende, en su último discurso al pueblo, poco antes que las hordas fascistas _alentadas y apoyadas por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y el gobierno en Washington_ masacraran a Chile.

Pienso en los puntos de vista expresados por algunos de los 276 integrantes de la XVIII Brigada Suramericana de Solidaridad con Cuba que se encuentra en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella, del municipio de Caimito. Me refiero a os argentinos Patricia Silva y Pablo Quatrini, quienes participan por primera vez.



Patricia labora en la Oficina Nacional de Energía Atómica, como jefa de control de la calidad de radiofármacos que se producen en su país. Cuenta que hace años quería conocer a Cuba, pero desde adentro, y la oportunidad llegó de algo tan hermoso como la solidaridad.

“Mi hermana Alicia comenzó a trabajar en el programa cubano de alfabetización Yo si puedo en la zona sur de la provincia de Buenos Aires. Ella se acercó a la gente de la embajada de Cuba que dirigía el proyecto educativo para conocer cómo podía viajar a Cuba no de turista, sino para conocer la realidad cotidiana y la historia de la Revolución”.

Fue de esa manera que Patricia supo de las brigadas de solidaridad, contactó con la Casa de la Amistad en su país y ya se encuentra entre nosotros, cumpliendo un sueño maravilloso que tendrá nuevos momentos.



Pablo Quatrini hizo un alto en sus estudios de comunicación para viajar a nuestro país. Era ese un deseo de años que por las peripecias de la vida no pudo cumplir, hasta que una amiga de su facultad, que había sido brigadista, le contó sus experiencias y qué debía hacer para viajar.

Pablo y los argentinos que nos visitan se prepararon durante seis meses antes de venir, por lo cual conocen qué es el bloqueo, están al tanto de la situación de nuestros cinco compatriotas presos injustamente en cárceles de Estados Unidos y del programa Yo si puedo. “Ahora estoy en condiciones de comparar lo que aprendí de Cuba con la práctica, y ello me hace sentir grandes expectativas”, afirmó.

Patricia y Pablo llevan apenas una semana en Cuba y su deseo es volver. Esa también es la idea de Rob Parnell, quien nos visitó recientemente como parte de la brigada australiana y neozelandesa Cruz del Sur.

Rob vive en Canberra, capital de Australia, pero siempre ha estado interesado en Cuba, en el lugar que ocupa en el mundo y en su historia. Su esposa conoció un brigadista y eso le bastó a la pareja para gestionar su viaje.

Ya en Cuba, Rob quedó impresionado por la resistencia y el coraje de nuestro pueblo. “Ustedes, nos dijo, podían hacer el símil de la fábula de David y Goliat. Ustedes, afirmó, son un David luchando contra un Goliat gigante”.

Rob ya no está en Cuba, a Patricia y a Pablo le faltan muchas experiencias por vivir. Los tres cumplieron el sueño de venir. Y los tres están dispuestos a regresar.

Pienso en los jóvenes que marchan por las calles de Latinoamérica con la memoria intacta del Che, en los que “luchan y los que lloran”, recordando al inolvidable periodista y guerrillero Jorge Ricardo Masettti. En los que se graduaron de médicos en la Escuela Latinoamericana de Medicina, en Cuba, y marchan por los senderos de nuestras naciones de América. Marchan en las calles en protesta contra las oligarquías y serán los continuadores de las revoluciones sociales que borren el horror en el que han sido sepultados durante siglos de explotación y barbarie.

Ya es tiempo de que se abran las grandes y “de marchar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”.

Víctor Jara: la voz de la Revolución en la guitarra

Raúl San Miguel

Foto: Tomada de la Internet

Era muy joven cuando dejé de escuchar su voz. Corría el mes de septiembre del año 1973. Las noticias del golpe de estado en Chile estremecían. Los reportes de los asesinados en el estadio nacional y en las calles advertían la magnitud del gorilazo. Víctor Jara, el cantor de la Revolución, enfrentaba a los criminales uniformados.
Han pasado casi cuatro décadas y el gobierno chileno, a través del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, volverá a pedir el procesamiento de cuatro oficiales retirados que declararon como inculpados por el asesinato del cantautor Víctor Jara.



Desde el pasado mes de diciembre se había realizado la solicitud, pero la Justicia se negó a acoger esa primera petición. No obstante, la directora del Programa, Rossy Lama, explicó que la institución presentará una nueva solicitud una vez que finalicen las diligencias que se están realizando sobre Edwin Dimter, Hugo Sánchez, Raúl Jofré y Rolando Melo, este último un ex fiscal militar. Lama reveló que en las últimas semanas los cuatro declararon como inculpados en esta causa, hecho que hasta ahora no se conocía.
Así continúa el reporte publicado en Cubadebate:
El autor de Te recuerdo Amanda fue detenido el 11 de septiembre de 1973, día del golpe de Estado de Augusto Pinochet, y encerrado en el Estadio Chile, utilizado como centro de reclusión, donde sufrió violentas torturas y fue acribillado con 44 balazos. La jefa del Programa hizo estas aclaraciones después de que el periódico digital El Mostrador asegurara hoy que ese organismo decidió no apelar para lograr la detención, con miras a un eventual procesamiento, de los cuatro militares retirados.
El pasado 22 de diciembre, el abogado Cristián Cruz, que entonces aún trabajaba en el Programa y que fue despedido a fines de ese mes, solicitó al juez Juan Fuentes Belmar, encargado del caso, el arresto de los cuatro oficiales retirados del Ejército chileno. A su juicio, había antecedentes para que se les arrestara, se les tomara declaración y se les procesara, pero el juez negó la petición y el letrado, en nombre del Programa de Derechos Humanos, apeló esa determinación.
Sólo hay un procesado
Sin embargo, el lunes el Programa retiró la apelación, que se iba a ver por la tarde en la Corte de Apelaciones de Santiago. Rossy Lama explicó que procesalmente la solicitud del abogado Cristián Cruz estaba mal presentada, porque, según dijo, no corresponde pedir el arresto de personas que ya han declarado y que el juez no ha resuelto procesar. Y aseguró que el Programa volverá a pedir el procesamiento de los militares cuando finalicen las pericias pendientes.
Hasta el momento sólo está procesado por este caso José Paredes, un ex recluta que fue detenido en junio de 2009 tras confesar que había disparado a Jara por orden de un oficial, aunque posteriormente se retractó. Paredes fue puesto en libertad provisional semanas después.
En diciembre de 2009, la Policía de Investigaciones (PDI) entregó un informe en el que se precisa que las balas que causaron la muerte a Víctor Jara son de un calibre distinto al que utilizaba el fusil que tenía asignado el ex recluta.




Siempre tendré su voz en la memoria, los acordes espaciados de su guitarra, y la letra de la canción que tarareaba mientras iba a la escuela y soñaba con caminar por las grandes alamedas que dijo el Presidente Salvador Allende, en su invitación a los revolucionarios del mundo a mantener la lucha por la justicia social y contra los designios imperiales y las oligarquías de turno que mancillaron durante siglos a nuestros pueblos de América Latina.




















Canción de Víctor Jara

TE RECUERDO AMANDA

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él
con él, con él, con él
son cinco minutos
la vida es eterna
en cinco minutos
suena la sirena
de vuelta al trabajo
y tú caminando
lo iluminas todo
los cinco minutos
te hacen florecer.

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él
con él, con él, con él
que partió a la sierra
que nunca hizo daño
que partió a la sierra
y en cinco minutos
quedó destrozado
suena la sirena
de vuelta al trabajo
muchos no volvieron
tampoco Manuel.

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel

domingo, 23 de enero de 2011

Regalo de hojalata



Pues llego a mis cincuenta y toda mi vida comienza a marcar un nuevo punto de partida. No miro hacia atrás y escribo como si las palabras adquiriesen un nuevo sentido. Un significado distinto y también las canciones tienen imágenes desconocidas. Llego al medio siglo de existencia y me sorprende que apenas reconozca la ciudad donde me encuentro como si fuera ajena y distinta.
En mi correo comienza una llovizna intermitente de mensajes electrónicos y extraño la caligrafía imprecisa o precisa de quienes las escriben, porque las palabras tienen alma y gritan, susurran o permanecen en silencio cuando se las escribe con las manos en cada impulso del corazón que mueve esas letras.
Fue entonces que quise escribir una carta, con mi letra pequeña, ilegible, inquieta, y también las tecleo (como todos en el ordenador). Es más fácil, quizá. Subo a la terraza en busca de un poco de sol para deshelar mi alma y me sorprende la desnudez de mi alma. Y me sorprende que no pueda ver el mar de la forma en que lo veía antes, algo cayó en mis ojos y los nubla. Me sorprende escuchar, no mi voz, sino otras voces, escuchar poemas que fueron escritos por otros, para otros y me conmueve que me ocurra eso a los cincuenta.
Pudiera ser que antes no escuché de la misma forma en que me escucho, quizá antes ni siquiera sabía que me podía decirme estas cosas. Estoy sorprendido como si naciera, consciente de haber nacido. Como si todo cambiara de repente en una vida que se desprende de otra, mientras escucho a Sabines. ¿Quién era ese Sabines, por qué lo escuchó decirme esas cosas que hacen mover estaciones de hielo y sol en mi alma? Soy un ser humano, un diminuto e insignificante átomo en el universo de estos cincuenta años.
¿Estoy triste? No lo sé, no podría estarlo y pienso que he perdido la noción del tiempo y ni siquiera tengo muchos retratos. Pensaba que los tenía y juro que los había guardado. Pero me sorprende que fueran imágenes vividas o soñadas antes de caminar por una pequeña playa en busca de piedras y caracolas, como si no estuviese a punto de cumplir estos años.
Estoy seguro que estas palabras solo tienen un motivo: son escritas para recibirlas en mi propio correo y mirarlas como si lo hiciese frente a un espejo. ¿Quién las provoca? ¿Quién me despertó de este letargo y mostró el mundo como era? ¿Por qué no soy feliz si juré luchar para serlo? No porque crea que la felicidad es una suerte, ni porque se la gana haciendo el bien, sino porque he vivido estos años intensamente dentro de mí, pero ahora salgo afuera. Por primera vez, fuera de mi propia coraza, desnudo, ajeno, distinto y siento frío.
Advierto que si las hago públicas es porque deseo que estas palabras sean como esos pájaros que vuelan bajo el cielo y pasan de largo, todos sabemos que son aves, pero no por qué vuelan, ni a dónde vuelan, ni son nuestras. Escribo mientras contemplo mi propia vida corriendo afuera, bajo la lluvia de una primavera, entre las mariposas y las abejas. Imágenes que también fueron mías como las nubes que dibujaban mis sueños, mientras yacía tendido, panza arriba sobre la hierba.
Ahora recuerdo el día que escribí mis primeras letras. Parecía el ejercicio más difícil del mundo. No podía hacerlas y las letras gritaban para salir completas y mis manos no podían hacerlas. Era muy pequeño y prefería dibujarlas porque no podía entenderlas. No sabía que me servirían para contar historias que pudieron nacer para no ser olvidadas ni muertas. De modo que me hago mi propia celebración. Así, cuando un hombre o una mujer celebran su onomástico cincuenta, es posible que piensen en su infancia. Es normal, dirían algunos, también. Es normal diría yo si me conociera, mejor dicho si me hubiera conocido antes de saber que ella existiera; pero tal vez, de todas formas las hubiese escrito, aunque supiera que no existía un motivo lógico para escribirlas. Tan solo para hacerlas. Pero resulta que las escribo y las hago públicas como los niños publican su alegría protegidos por la inocencia.
Ahora si me dijeran, o mejor si me preguntaran ¿en quién piensas mientras las escribes? Quizá la respuesta no sería correcta. Pero pienso en el niño de El Tambor de hojalata, en El Pequeño Príncipe, en Raúl, mi hijo querido y su hermana, mi hermosa Laura. También pienso en un chico que ahora me crece en el alma, esa alma que comienzo a conocer a los cincuenta y le han crecido alas. Pienso en el pequeño Bruno, al que regalé también un libro relleno de palabras. Para que pueda contarlas un día, sin perder la esperanza de hacerse un retrato con sus propias manos, sin que la tristeza le estremezca el alma.
Así que las escribo para todos los que puedan calzarlas, en sus pies o en sus manos, llevarlas como pantalones o faldas, es posible como abrigos, nunca las usen de espada, las palabras con filo, también hieren y matan. Es mejor usarlas para el amor y para dibujarlas en las cartas con la letra imprecisa, aunque tengan erratas. Las palabras son imperfectas y sienten vergüenza cuando no se las trata, como lo que son aves de vuelo negras, azules o rojas, de cualquier color sobre una superficie blanca. También sirven para decir lo que se siente cuando la mentira nos mata.
Las escribí porque son necesarias. Y me doy cuenta, al final de estas líneas, que la verdad no falta. Y es cierto porque les ofrecí a mis amigos lealtad y esperanza, porque ofrecí mi vida como si me perteneciera tanta. Ahora me doy cuenta, que la vida, mi existencia, tiene sentido cuando ha pasado medio siglo y me entristece saber que no estuve nunca tan cerca, como ahora, de probar que pude salir afuera, lejos de mi coraza y de mí para entregarme, por vez primera, sin decir tantas palabras.











































Raúl San Miguel